viernes 26 de junio de 2009

En busca de un final lírico (163)




A los menos de diez lectores que, un suponer, orgullosa y distraídamente visitan este lugar, les deseo un saludable y frutal (nunca frugal) verano. Chao.






Como fue tan imperceptible, no sufrí el día en que me di cuenta de que ya no tenía manos.


Durante mucho tiempo había tenido una manía solitaria: acariciarme las muñecas.


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Cada vez que tocaba a su novia esperaba que saltase la siguiente pantalla.

jueves 25 de junio de 2009

En busca de un final lírico (162)

miércoles 24 de junio de 2009

En busca de un final lírico (161)



Y aquí.

viernes 19 de junio de 2009

En busca de un final lírico (160)

Las ruinas cantarinas de Arizona

martes 16 de junio de 2009

En busca de un final lírico (159)

Cementerios (serie)
© Ana Zych
Para afirmarse, la vida ha demostrado un raro ingenio; para negarse, igualmente. ¡La cantidad de medios que ha podido inventar para deshacerse de sí misma! La muerte es con mucho su mayor hallazgo, su logro prodigioso.

Ese maldito yo, E. M. CIORAN [1911-1995]

sábado 13 de junio de 2009

Visiones






El Pez pintó una vez un cuadro que parecía a primera vista abstracto. Estaba colgado en una pared de un pasillo de un piso situado en los suburbios novísimos de Madrid. Reflejaba, o eso recuerdo porque hablo de memoria, el velocísimo paisaje que un melancólico pasajero anónimo iría viendo desde la ventana de un tren (¿el Ave?). Una mezcla horizontal y tenuemente ensuciada de grises, verdes, marrones. Un grisáceo paisaje verdiveloz. Una solitaria ráfaga transversal de olvido continuo. El viajado viajero mira a través del cristal cómo sucede el olvido, cómo se agrisa su mirada, cómo se acelera el aire de su sueño.

Las fotos las ha hecho Ana Bratz, en los interminables viajes a los lugares más cercanos.

viernes 12 de junio de 2009

En busca de un final lírico (158)

"No llamo ciencia a los estudios solitarios de un hombre aislado. Sólo cuando un grupo de hombres, más o menos en intercomunicación, se ayudan y estimulan unos a otros al comprender un conjunto particular de estudios como ningún extraño podría comprenderlos, [sólo entonces] llamo a su vida ciencia".

C. S. Peirce, "The Nature of Science", 1905

jueves 11 de junio de 2009

En busca de un final lírico (157)

domingo 7 de junio de 2009

-Yo -dijo- era un niño hiperactivo sin diagnosticar. Me pasaba la vida intentando hacer algo malo, romper algo.
Sigue.

martes 2 de junio de 2009

En busca de un final lírico (156)

Oh!
Ohh!

Ohhhhhhhhhhhh!

sábado 30 de mayo de 2009

En busca de un final lírico (155)

«Por mucho que sepamos –me explicó en cierta ocasión–, siempre será más lo que ignoramos que lo que conocemos. Por eso, con frecuencia, en la leyenda hay más verdad que en la historia. Y en la poesía, más que en la ciencia –añadió con una sonrisa irónica y cómplice–, salvo que esa ciencia, claro está, sea una de las formas de la poesía, como ocurre con la física teórica, que cuanta más luz proyecta sobre el origen del universo más misterio añade».

Palabras de Claudio Rodríguez, recogidas por Luis García Jambrina.
Éste llega a afirmar que la poesía
de Claudio Rodríguez es, en buena medida, el resultado de un «exceso de
infancia»

«Yo no creo que la infancia se pierda –solía decir Claudio Rodríguez–. Y no estoy hablando de la nostalgia del paraíso perdido, de la inocencia perdida, que tantos poetas han cantado. La infancia es, para mí, algo perenne y duradero, vital y vitalicio».

«La creación –llegó a decir, en una ocasión– comienza con la mirada. Mirar es ya de por sí una operación creadora o configuradora».

«A mi me encanta mirar –me dijo en una ocasión–, disfruto mucho viendo a la gente trabajar, viendo cómo se hacen las cosas. ¿Te has fijado en que hoy en día ya sólo nos relacionamos con el objeto “acabado”, que ya no lo vemos hacer? Un campesino de Zamora me dijo un día que la paciencia se aprende y ejercita mirando crecer las plantas. Yo puedo tirarme horas y horas contemplando cualquier actividad o la quietud de las cosas cotidianas, no sólo la naturaleza».

Según parece, Claudio Rodríguez no llegó a conocer con exactitud la verdadera gravedad de dolencia, y, sin embargo, parece que intuía, de alguna manera, la proximidad de la muerte. De ahí ese aire de despedida que se respiraba en las últimas conversaciones con sus amigos, y de ahí también su obsesión por terminar el nuevo libro que se traía entre manos. «La verdad es que necesito tiempo» –comentaba con frecuencia. Cuando pienso en Claudio en tales circunstancias, se me vienen a la cabeza las palabras que Miguel de Cervantes escribió, cuatro días antes de morir, en la dedicatoria y en el prólogo de su Persiles y Sigismunda, publicado ya póstumamente. Son esas mismas palabras que, según he oído, Rafael Sánchez Ferlosio no puede leer, y ahora comprendo por qué, sin lágrimas en los ojos. Dicen así: «Ayer me dieron la Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir [...]. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos [...]. Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín, y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diese el cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea». Y luego exclama al final del prólogo: «¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!»

Fuente.

En busca de un final lírico (154)

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
...

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

...

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.


viernes 29 de mayo de 2009

En busca de un final lírico (153)

"La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados […] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto. Entonces, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?"

Paul Valéry, que dijo aquello de que la sintaxis es una facultad del alma.

miércoles 27 de mayo de 2009

inner-space

Tú me despediste en una esquina alejada de tu casa.

Pero yo no estaba solo.

Compartía mi soledad con un hígado que estaba a punto de reventar porque se sentía arañado.

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De pronto empezó a hincharse mi hígado, a pesar de que en esa época yo aún no había ni empezado a pensar en que quizá el viento nos lleve al infinito.

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De pronto empezó a hincharse mi hígado, a pesar de que en esa época yo creo que ya me había robustecido en el hábito de las despedidas. Ya me lo dijo un amigo (solicitó que mantuviera su anonimato):

- Hay que hacerse como el despistado en los momentos álgidos.