viernes, 26 de noviembre de 2004

Una joya del microcuento: CÍRCULOS, de Pablo Bautista.

A veces llega el día de los círculos adhesivos de fieltro para las patas de los muebles. Entro en casa y me los encuentro sobre el aparador del hall, junto a un incómodo silencio. En el salón todos los muebles están patas arriba, las sillas, las mesas, los sillones, todo. Mi habitación también está dada la vuelta. Ese día nos toca comer en la cocina y pese a estar los tres reunidos, no nos dirigimos la palabra. Es como si las conversaciones se hubieran quedado en el salón.

Por la tarde mi padre despega los círculos viejos, lija en silencio la superficie para quitar los restos del adhesivo y coloca los nuevos. Da la vuelta otra vez a los muebles y los deja en el centro de la habitación. Después se pone el abrigo y no regresa hasta la noche.

Mi madre entonces se dedica a probar distintas combinaciones. Yo me quedo observando desde afuera. Nunca me pregunta si me gusta la nueva distribución hasta que ha terminado. Ni siquiera con mi habitación. No sé qué año le pregunté por qué nunca daban la vuelta a su habitación, por qué tenían que ser sólo la mía y el salón. Me dijo que su dormitorio no tenía más posibilidades.

1 comentario:

El pez dijo...

qué barbaridad...