domingo, 19 de diciembre de 2004

POSTES ELÉCTRICOS QUE CUENTAN TRENES, de Juan Carlos Márquez

:: 04 May02 :: Recibo Academia Duncan 4.05 :: -100,00 *2.437,35 :: -16.639 Ptas *405.541
Natación, informática, piano... y ahora ballet. Lucía debía tomar lecciones de ballet. Enma se empeñó. ?Es muy bueno para la sicomotricidad, ¿verdad que quieres ir, cariño?Les faltó tiempo para comprar el tutú y las zapatillas. El miércoles tuve que ir a recogerla. Los acordes del Claro de Luna de Debussy sonaban por la megafonía. Es difícil sentirse incómodo cuando suena el Claro de Luna. Por eso lo ponen en las salas de espera de aeropuertos, hoteles y ambulatorios. La clase aún no había terminado y la profesora me hizo señas desde el otro lado de la cristalera para que entrara. Lucía estaba tendida boca arriba sobre el entarimado de madera junto a las demás niñas, lejos de las muletas. Mecía sonriente las manos al compás de la música. Me miró y cerré los ojos para que no me viera llorar.

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Los baños de sol y los paseos por la orilla de la playa son saludables para Lucía, pero prefiero la montaña. Quizá el próximo verano... si Enma consiente que la niña se quede unos días con mamá. Tal vez pudiéramos retomar aquel viaje en tren por las Barrancas del Cobre. Chihuahua - Creel - Batopilas - la cascada de Basaseachi... He leído que desde abajo se oye retumbar el torrente que choca contra el suelo y que una nube de agua pulverizada flota entre las rocas. Cualquier viaje en tren sería de mi agrado. Con los trenes me ocurre lo mismo que con el Claro de Luna. Hacen que me sienta como en casa. Me gusta dejar la mente en blanco y contar los postes del tendido eléctrico que pasan fugaces ante la ventanilla. Es algo que todos hemos hecho en alguna ocasión. En este instante cientos de viajeros, acaso miles, estarán contando postes. Hombres con un maletín negro sobre las rodillas, ancianas de pelo lacio y cano y perlas al cuello, niños que mascan chicle con la nariz aplastada contra el cristal: 1, 2, 3... 6... 15... 26... Uno puede empezar el recuento en Madrid, París o Moscú y dejarlo cuando le venga en gana, en Villalba, Lyon o Siberia, sin que se deriven consecuencias.

:: 20 May02 :: Crédito Hipotecario BCA 20.05 :: -603,81 *633,54 :: -100.466 Ptas *105.412
No necesitábamos una casa tan grande. Un apartamento de dos o tres habitaciones en el centro hubiera sido más que suficiente, pero Enma quería ventanales y un jardín para que Lucía correteara a sus anchas. Y todo el mundo sabe que es un disparate contrariar a una mujer embarazada. El jardín nos mantuvo ocupados muchas horas los fines de semana. Plantamos un saco de césped, dos hileras de eucaliptos y un rosal chino cuyas raíces se expandieron más allá de la verja. Se puso todo precioso, aunque no resultó práctico. Las muletas de Lucía se hincaban en la tierra los días de lluvia. Aquí llueve a menudo. A veces no escampa durante días. Era un vía crucis para la niña. No tuve más remedio que arrancar la vegetación. Luego eché encima varias capas de cemento. Nuestra casa parece un meteorito enorme de cemento llovido del cielo.

:: 28 May02 :: Compra Mar Tropical 28.05 ::-403,61 *229,93 :: -67.155 Ptas *38.257
Hace un par de años mamá regaló a Lucía un cachorro de pastor alemán por su cumpleaños, Bubi. Era un cachorro entrañable y juguetón, un tanto torpe, aunque supongo que eso es algo común a todos los cachorros. Se pasaba la vida enredado en las piernas delicadas de Lucía o bien dormitando en su regazo mientras ella le rascaba con paciencia y dulzura la barriga. Un par de veces al día lo sacaba a pasear por la explanada de cemento, sujeto por la correa. Nunca le daba pereza, por mucho que lloviera, y no permitía que Enma ni yo les acompañáramos. ?Puedo sola ?rezongaba repiqueteando con las muletas en las baldosas de mármol del pasillo. Bubi fue el mejor terapeuta que ha tenido la niña. Pero creció. Se hizo demasiado grande. Una mañana Lucía regresó del paseo con las rodillas y los codos magullados. Acabamos devolviendo el perro a mamá. Le hemos comprado el acuario de peces tropicales para que se sienta responsable de nuevo. Los hay anaranjados centelleantes, a listas negras y amarillas como tigres, ambarinos, plateados de gruesas barbas, unos escarlatas muy simpáticos que se hinchan como globos... Lucía les echa de comer, cambia el agua, mete líquenes y conchas, mantiene inmaculado el acuario. No es lo mismo que con Bubi. Los peces no se dejan acariciar, son resbaladizos, aunque uno puede pasarse las horas muertas contemplándolos mientras Lucia ensaya al piano. Nadan de un lado para otro con la boca abierta sin dirigirse a ningún sitio, con un aire elegante y despistado. A veces chocan de bruces unos contra otros y se vuelven trompicales. Dicen que los peces son muy frágiles, que mueren con demasiada facilidad. A nosotros aún no se nos ha muerto ninguno. Yo creo que es porque los miramos a menudo. Creo que los peces sólo se mantienen vivos si los miramos, que, por absurdo que pueda parecer, se alimentan de nuestro tiempo.

:: 31 May02 :: Compra Joyería Amatista 31.05 :: -225,00 *4,93 :: -37.437 Ptas *820
Esto debe de ser mi regalo. Un reloj muy caro, con la pulsera dorada y los números grandes y romanos. Aún faltan meses para nuestro aniversario, pero Enma es muy previsora. Lucía se quedará en casa de mamá y saldremos a cenar a ese restaurante ruso de nombre impronunciable donde un pianista tuerto ameniza la velada y una muchacha hace equilibrios sobre una barra de acero. Tomaremos vino tinto y champán, ostras y ese soufflé tan raro de verduras. Luego nos besaremos livianamente en los labios y pediré al pianista que toque el Claro de Luna. Bailaremos acaramelados en la pista, girando y girando sobre nosotros mismos, mientras otras parejas de baile pasan veloces ante nuestros ojos como postes eléctricos. Entonces, cuando cese la música, miraré de reojo mi reloj nuevo o Enma echará un vistazo al suyo. Cualquiera de los dos sacará el móvil del bolsillo y llamará a mi madre para preguntarle por Lucía. Y nos sentaremos a la mesa, junto a las copas vacías de champán, en silencio, mirándonos como peces, mientras un camarero amable nos pide un taxi.

1 comentario:

Juan Carlos Márquez dijo...

Hola soy el autor. Creo que a tu nicho le iría mejor este:
http://www.margencero.com/certamen_relatos/acotaciones.htm

Mi blog personal es:
http://juancarlosmarquez.blogspot.com/

Recibe un saludo cordial