martes, 28 de diciembre de 2004

MUERTE EN EL OLVIDO, de Ángel González

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita.

viernes, 24 de diciembre de 2004

COMO EL LENTO CRECER DE LA CUTÍCULA. Francisco Umbral (1969)

Texto iniciático, casi perfecto, elevado de metáforas, con la prosa ligera, alegre, triste, brillante, profunda, inaugural, digo, el mejor Umbral está aquí, nació aquí.

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Ahí están todavía las tijerinas –siempre las hemos llamado en casa “las tijerinas”-, pues, naturalmente que están ahí, dentro del armario del cuarto de baño, y en cualquier momento puedo utilizarlas –tan melladas ya las pobres, tan usadas, tan vividas- para cortarme un pelillo que se le ha escapado a la máquina de cortar eléctrica –cabezas flotantes, cuchillas no sé qué y mucho cuento, pero a la hora de la verdad, siempre queda el rabo de la barba por desollar-, como cuando mamá las utilizaba para hacerse las uñas o para hacérmelas a mí. Y ya ha llovido.
Soy un niño de la guerra. Somos los llamados niños de la guerra. Pero los niños de la guerra nos afeitamos ya la recia barba de cabezas de familia con maquinilla eléctrica americana o alemana –las españolas, de risa, trepidan como tanques, y no es por derrotismo-, de modo que las cosas han cambiado y no es ya como cuando mamá, allá en la provincia, las cosas, la vida, al salir de misa, los domingos, se quedaba en la ventana, en el balcón, en el mirador, haciéndose las uñas con aquella manera suya de hacer las cosas, despacito y buena letra, “que el hacer bien las cosas importa más que hacerlas”, leería yo luego en Antonio Machado (poesías completas, con un retrato hecho por un hermano del poeta; libro que papá debió regalarle a mamá cuando estaban en la época de regalarse libros, que luego ya la gente no ha vuelto a regalarse nada, como no sean regalos prácticos, de esos que dicen ahora, una camisa de lava y pon o unas medias indesmallables).
Un cuento es un cuento. Pero lo de las tijerinas es de verdad, era de verdad. Mamá tenía sus cosas. Después de misa de doce, mientras escuchábamos las campanadas que llamaban a los de misa de una, estábamos en el balcón como en el mismísimo cielo, porque nosotros ya habíamos sido santificados por el cumplimiento dominical y las otras pobres gentes, en cambio, acudían presurosas a la iglesia, como con miedo de llegar tarde para salvarse. Porque ya se sabe que nadie quiere ir ni siquiera al purgatorio, sino derechamente al cielo, que es donde suenan las campanas de la parroquia, donde sonaban en los domingos azules –pero qué azul el de aquellas mañanas, como de cielo ya visto desde dentro- de mi infancia, de mi adolescencia, no sé.
Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que hacerlas. Ella tenía unas manos ovales –ojivales, hubiera dicho el poeta, pero yo no soy poeta, aunque conozco algunos- y blancas, no monjiles, no, sino casi enérgicas, para hacerse las uñas con las tijerinas, con las tijeritas, o para escribir cartas con la pluma estilográfica de antes de la guerra, que todavía seguía haciendo buena letra después de la guerra –una de las pocas cosas que sobrevivieron y no perdieron el pulso con los tiros-, de modo que todavía hoy, al cabo de los años, puedo revolver algunos papeles y encontrar su hermosa letra muerta, redonda, clara, un poco temblorosa ya hacia el final, en anotaciones, cuentas y documentos familiares, de esos que parecen más importantes, casi pergaminos, casi títulos nobiliarios, cuando el tiempo les pone inútil y pretenciosamente amarillos.
De vez en cuando, de tarde en tarde, cuando yo me dejaba, ella aprisionaba mis manos oscuras, peleadoras, rasguñadas, guerreras, heridas, y me hacía las uñas, después de un buen lavado. Y allí estaban mis dedos de jugar a las canicas, de disparar el tirador, mis manos gateadoras, mis pequeñas garras sucias y recién limpias, entre sus manos blancas, yaciendo, como un murciélago extrañamente acunado por dos palomas. Me cortaba las uñas con las tijerinas. Me las recortaba en forma semicircular, haciendo desaparecer las pequeñas almenas de picachos y mordeduras que las convertían en garras. Pero lo más delicado, lo más de ella, su obra de arte, era el irme recortando el lento crecer de la cutícula. Como el lento crecer de la cutícula; así crece el tiempo, así crece la vida, así pasan las cosas, sin que se note de un día para otro. Pero el lento crecer de la cutícula va ahogando, ocultando la hermosa media luna que había debajo, la hermosa media luna del nacimiento de la uña. Ahora, a los niños de la guerra nos hacen las uñas con manicura de la Gran Vía, o de la peluquería del barrio, una manicura de esas que llevan la bata pequeña, lo cual las hace un poco hospicianas, que hospicianas provocativas, llenitas, no sé. Uno se siente más hombre que entonces porque se afeita con maquinilla eléctrica de cabezas flotantes la obstinada barba de cada día, y porque puede o no puede pagar a la manicura de la peluquería, que tiene sus chismes y sus palanganitas, y sus estiletes, y sus toallitas y sus tijeras, y sus limas, siempre dispuestos para cuando llega el cliente.
- ¿Ha visto usted la que han estrenado en el Capitol?
- No, guapa; tengo poco tiempo para ir al cine últimamente.
- Ustedes, los hombres, ya se sabe, el fútbol, y de ahí no hay quien les saque.
- ¿Y dices que es bonita la del Capitol?
- Ay, a mí me ha chiflado. Claro que es por Richard Burton. Yo no me pierdo una de Richard Burton. O Barton, o como se diga. Porque mi novio, que tiene el peritaje, dice que se dice Barton. ¿Usted cree que se dice Burton o Barton?
- Pues verás ...
- También, qué suerte, la Liz Taylor esa. Y que es más bien bajita. Claro que a guapa no hay otra. Ni la Loren, tan exagerada. Por eso se los lleva ella.
No sé ya si se refiere a la Loren o a la otra, pero le digo que ella tiene un aire a la artista.
- Pues tú tienes un aire a esa mujer ...
- ¿Yo? Quite usted para allá. Los hombres, siempre tan piropeadores. No hay cliente que no me salga con una cosa así. Claro que las que tenemos novio formal ...
Y se queda tan calladita, no sé si sintiéndose por dentro Elizabeth Taylor o Sofía Loren. Y pienso que no estaría mal que me hiciera las uñas Elizabeth Taylor, o Sofía Loren. La una , con sus manos menuditas, un poco gordezuelas, anilladas, manos de Cleopatra apócrifa; la otra, con sus manos grandes, morenas, teñidas aún por la sal y el viento de Nápoles. Me decido mentalmente a adoptar como manicura a Sofía Loren, mientras las manos obreras, cuidadas, un poco chatas, de la chica de la peluquería, van recortando y recortando el lento crecer de la cutícula, como cuando las manos de mi madre y mis manos de niño callejero o niño enfermo, mis manos ya fuertes, ya nerviosas, o liliares y febriles, casi manos de niña –“vas a tener manos de mujer, si no fuera por los pelos”-, varoniles más tarde, con las uñas un poco grandes y la cutícula lenta, pero obstinada, que en tardes de soledad, en mañanas de olvido, en domingos sin madre, me recorto yo mismo, lentamente, nerviosamente, primero la mano izquierda utilizando la derecha, y luego viceversa. Creo que me manejo bien con ambas manos aunque siempre queda mejor la izquierda, claro, como que es la mejor atendida y la que menos trabaja, la que ha holgado en el bolsillo de la chaqueta, o del abrigo mientras la otra mano, la derecha abría puertas, hacía girar picaportes, escribía cartas, apuntaba números, estrechaba otras manos, acariciaba un pelo de mujer con amor o sin amor, pero siempre con devoción. ¡Ay!
Los niños de la guerra se hicieron hombres, nos hicimos hombres, y me pregunto ahora para qué, por qué tanto esfuerzo, tantos días, tanta vida, tanto amor, tanto tabaco, tantos billetes de autobús, tantos cafés ni fríos ni calientes. Un hogar como miles, como millones de hogares, y en la pequeña repisa del pequeño armario del pequeño cuarto de baño, las tijerinas de mamá, útiles todavía, inútiles siempre, con esa permanencia de los objetos, con sus dos aros un poco ovoidales para meter los dedos y sus filos ya mellados, suavizados, y una de las puntas más corta que la otra, ni siquiera rota, solamente gastada. La vida es un obstinado y lento crecer de la cutícula. ¿Nos pillará el día de la muerte con la cutícula recortada o con la cutícula crecida?
Lo que importaba, me digo, nos decimos, es que mamá tomase las tijeras, tomase mis manos y se dedicara a reparar estragos de toda la semana, huellas de canteras, rastros de guijarros, manchas de brea y de tinta. A recomponer aquellas manos, a dotarme otra vez de manos, cuando la no tan lenta ni darviniana evolución de las especies me las había ido convirtiendo en garras en sólo una semana de escuela o de novillos, a la orilla del río o en los últimos barrios –chabolas y lagartos- de la ciudad. Pero eso no puede volver. Mamá está muerta y todavía la crecerían un poco las límpidas uñas bajo la tierra, en las manos ovales (ojivales, vaya) con que ella escribía y escribía con su hermosa letra de muerta-viva. (Porque a los que ya están muertos, siempre les recordamos ya como muertos-vivos, como vivos-muertos, igual que durante el sueño, cuando soñamos con ellos; y para qué decir que yo sueño mucho con mamá, casi todas las noches, y, en sueños, siempre está viva y muerta a la vez, qué cosas).
- Pues le aconsejo que no deje de ver la del Capitol. Claro que a usted Richard Burton...
Richard Burton. Preferiría que me hiciese las uñas Sofía Loren. Es una traición a mamá (los muertos son unos eternos traicionados), pero de verdad que me gustaría. En el cine me he fijado en sus manos. Tan largas, tan morenas, casi varoniles; pero no, nada de varoniles, sólo que grandes y un poco huesudas en los nudillos, como si llevase el esqueleto anillado por dentro. En sus primeras películas, las del neorrealismo –los niños de la guerra, los niños de la guerra-, movía mucho las manos, las enseñaba mucho, las alzaba como crestas, a la manera napolitana. Ahora debe ser otra cosa. Más suave, más señora, pero las mismas manos delgadas y grandes de mujer etrusca. Qué perdidas, qué tontas, qué de oficinistas mis manos en las suyas. Perdona, mamá... Esta manicura tampoco lo hace mal.
Pasa la vida, crecen los años, el tiempo le trabaja a uno por dentro, como el mar trabaja dentro de los ahogados. Todos somos náufragos en las aguas del tiempo, ese tiempo que einstenianamente no existe –cuánto hemos aprendido los niños de la guerra-, y que sólo es movimiento, puede reducirse enteramente a movimiento, a crecimiento, como el lento crecer de la cutícula. Por eso hace falta una mujer –aunque sólo sea la manicura de la Gran Vía, como tantas otras manicuras de la Gran Vía- que nos recorte la cutícula y deje aparecer otra vez la hermosa media luna de la esperanza. Hace falta una mujer, que puedes ser tú, a quien no había citado hasta ahora, que puede ser incluso Sofía Loren. Que pudiera ser mamá, mejor que nadie. Pero por qué ponerse así. Sé que sólo tengo que ir al baño, tomar las pequeñas tijeras de entonces y ponerme yo mismo a la tarea.

jueves, 23 de diciembre de 2004

JULIO CERÓN NÚMERO CUATRO

A QUIEN ESCRIBE PARA MÁS DE DIEZ LECTORES LE PUEDE LA CODICIA

El estilo se resiente, sí.
Porque nadie es inocente de su estilo.
Dicho de otro modo, a quien le crece el número de lectores sin parar la ruina le ronda. ¡Emboscadas de la ambición, celadas de una espiritual concupiscencia, peligros del más querer!
¿Tiene ya mil? Señal de que está acabado. Ahora bien, suelo escribir que estoy acabado en vida, presumo incluso. Pero nadie, casi, me lee ya. Luego hay una contradicción, luego hay un misterio.

Aparato documental:
Hace unos días comentaba yo en este mismo montacargas entre dos pisos la carta de un lector a propósito de no recuerdo qué. Recibo hoy una de mi otro lector (en noviembre eran todavía cuatro, pero los señores Zurdo y Zanay dejaron de leerme las pasadas Navidades, desconozco las causas; algunos críticos han escrito, sin embargo, que "Elena Molero le leyó hasta el final") para decirme: "Mire y no se ande por las ramas, sea usted más autobiográfico".

miércoles, 22 de diciembre de 2004

TRUPA

"Trupa era un gran preguntador, jamás olvidaba nada de lo ya contestado y así era capaz de volver sobre ello cuando menos lo esperaba el interrogado y cuando éste sí se había olvidado, olvidamos lo que decimos mucho más que lo que escuchamos, lo que escribimos mucho más que lo que leemos, lo que enviamos mucho más que lo que nos alcanza, por eso no contamos apenas con las ofensas que infligimos y sí en cambio con las que sufrimos, y por eso casi todo el mundo le tiene alguna guardada a alguien."

Tu rostro mañana, 1. Fiebre y lanza. (Javier Marías)

martes, 21 de diciembre de 2004

lunes, 20 de diciembre de 2004

EL MIRMECORLEÓN

El zoológico adquirió hace poco un mirmecorleón. Las personas suelen aglomerarse ante la jaula, observándolo detenidamente: con la parte delantera de león y la trasera de hormiga, más que terrible es cómico. El público se divierte cuando el ser fantástico quiere realizar a un tiempo las tareas naturales de sus padres: la trasera desea trabajar sin descanso mientras que la delantera insiste en atragantarse de carne cruda. En su intento por reaccionar individualmente, la bestia se desespera, ruge, se agita, sufre convulsiones, pero la división nunca llega y triunfa del todo, para nada más ser mirmecorleón.


Avilés Fabila, René: Autor.
Bestiario de seres prodigiosos.
Ediciones Eneida,2001.

domingo, 19 de diciembre de 2004

POSTES ELÉCTRICOS QUE CUENTAN TRENES, de Juan Carlos Márquez

:: 04 May02 :: Recibo Academia Duncan 4.05 :: -100,00 *2.437,35 :: -16.639 Ptas *405.541
Natación, informática, piano... y ahora ballet. Lucía debía tomar lecciones de ballet. Enma se empeñó. ?Es muy bueno para la sicomotricidad, ¿verdad que quieres ir, cariño?Les faltó tiempo para comprar el tutú y las zapatillas. El miércoles tuve que ir a recogerla. Los acordes del Claro de Luna de Debussy sonaban por la megafonía. Es difícil sentirse incómodo cuando suena el Claro de Luna. Por eso lo ponen en las salas de espera de aeropuertos, hoteles y ambulatorios. La clase aún no había terminado y la profesora me hizo señas desde el otro lado de la cristalera para que entrara. Lucía estaba tendida boca arriba sobre el entarimado de madera junto a las demás niñas, lejos de las muletas. Mecía sonriente las manos al compás de la música. Me miró y cerré los ojos para que no me viera llorar.

:: 08 May02 :: Compra Viajes Solá 8.05 :: -1.200,00 *1237,35:: -199.663 Ptas *205.878
Los baños de sol y los paseos por la orilla de la playa son saludables para Lucía, pero prefiero la montaña. Quizá el próximo verano... si Enma consiente que la niña se quede unos días con mamá. Tal vez pudiéramos retomar aquel viaje en tren por las Barrancas del Cobre. Chihuahua - Creel - Batopilas - la cascada de Basaseachi... He leído que desde abajo se oye retumbar el torrente que choca contra el suelo y que una nube de agua pulverizada flota entre las rocas. Cualquier viaje en tren sería de mi agrado. Con los trenes me ocurre lo mismo que con el Claro de Luna. Hacen que me sienta como en casa. Me gusta dejar la mente en blanco y contar los postes del tendido eléctrico que pasan fugaces ante la ventanilla. Es algo que todos hemos hecho en alguna ocasión. En este instante cientos de viajeros, acaso miles, estarán contando postes. Hombres con un maletín negro sobre las rodillas, ancianas de pelo lacio y cano y perlas al cuello, niños que mascan chicle con la nariz aplastada contra el cristal: 1, 2, 3... 6... 15... 26... Uno puede empezar el recuento en Madrid, París o Moscú y dejarlo cuando le venga en gana, en Villalba, Lyon o Siberia, sin que se deriven consecuencias.

:: 20 May02 :: Crédito Hipotecario BCA 20.05 :: -603,81 *633,54 :: -100.466 Ptas *105.412
No necesitábamos una casa tan grande. Un apartamento de dos o tres habitaciones en el centro hubiera sido más que suficiente, pero Enma quería ventanales y un jardín para que Lucía correteara a sus anchas. Y todo el mundo sabe que es un disparate contrariar a una mujer embarazada. El jardín nos mantuvo ocupados muchas horas los fines de semana. Plantamos un saco de césped, dos hileras de eucaliptos y un rosal chino cuyas raíces se expandieron más allá de la verja. Se puso todo precioso, aunque no resultó práctico. Las muletas de Lucía se hincaban en la tierra los días de lluvia. Aquí llueve a menudo. A veces no escampa durante días. Era un vía crucis para la niña. No tuve más remedio que arrancar la vegetación. Luego eché encima varias capas de cemento. Nuestra casa parece un meteorito enorme de cemento llovido del cielo.

:: 28 May02 :: Compra Mar Tropical 28.05 ::-403,61 *229,93 :: -67.155 Ptas *38.257
Hace un par de años mamá regaló a Lucía un cachorro de pastor alemán por su cumpleaños, Bubi. Era un cachorro entrañable y juguetón, un tanto torpe, aunque supongo que eso es algo común a todos los cachorros. Se pasaba la vida enredado en las piernas delicadas de Lucía o bien dormitando en su regazo mientras ella le rascaba con paciencia y dulzura la barriga. Un par de veces al día lo sacaba a pasear por la explanada de cemento, sujeto por la correa. Nunca le daba pereza, por mucho que lloviera, y no permitía que Enma ni yo les acompañáramos. ?Puedo sola ?rezongaba repiqueteando con las muletas en las baldosas de mármol del pasillo. Bubi fue el mejor terapeuta que ha tenido la niña. Pero creció. Se hizo demasiado grande. Una mañana Lucía regresó del paseo con las rodillas y los codos magullados. Acabamos devolviendo el perro a mamá. Le hemos comprado el acuario de peces tropicales para que se sienta responsable de nuevo. Los hay anaranjados centelleantes, a listas negras y amarillas como tigres, ambarinos, plateados de gruesas barbas, unos escarlatas muy simpáticos que se hinchan como globos... Lucía les echa de comer, cambia el agua, mete líquenes y conchas, mantiene inmaculado el acuario. No es lo mismo que con Bubi. Los peces no se dejan acariciar, son resbaladizos, aunque uno puede pasarse las horas muertas contemplándolos mientras Lucia ensaya al piano. Nadan de un lado para otro con la boca abierta sin dirigirse a ningún sitio, con un aire elegante y despistado. A veces chocan de bruces unos contra otros y se vuelven trompicales. Dicen que los peces son muy frágiles, que mueren con demasiada facilidad. A nosotros aún no se nos ha muerto ninguno. Yo creo que es porque los miramos a menudo. Creo que los peces sólo se mantienen vivos si los miramos, que, por absurdo que pueda parecer, se alimentan de nuestro tiempo.

:: 31 May02 :: Compra Joyería Amatista 31.05 :: -225,00 *4,93 :: -37.437 Ptas *820
Esto debe de ser mi regalo. Un reloj muy caro, con la pulsera dorada y los números grandes y romanos. Aún faltan meses para nuestro aniversario, pero Enma es muy previsora. Lucía se quedará en casa de mamá y saldremos a cenar a ese restaurante ruso de nombre impronunciable donde un pianista tuerto ameniza la velada y una muchacha hace equilibrios sobre una barra de acero. Tomaremos vino tinto y champán, ostras y ese soufflé tan raro de verduras. Luego nos besaremos livianamente en los labios y pediré al pianista que toque el Claro de Luna. Bailaremos acaramelados en la pista, girando y girando sobre nosotros mismos, mientras otras parejas de baile pasan veloces ante nuestros ojos como postes eléctricos. Entonces, cuando cese la música, miraré de reojo mi reloj nuevo o Enma echará un vistazo al suyo. Cualquiera de los dos sacará el móvil del bolsillo y llamará a mi madre para preguntarle por Lucía. Y nos sentaremos a la mesa, junto a las copas vacías de champán, en silencio, mirándonos como peces, mientras un camarero amable nos pide un taxi.

sábado, 18 de diciembre de 2004

La loca de Amherst

Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose- hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente-

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor-
comenzó a batir -a batir- hasta que pensé
que mi mente se volvía muda-

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí-

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces-

Emily Dickinson

viernes, 17 de diciembre de 2004

Diario íntimo, de Unamuno.

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Aprende á vivir en Dios y no temerás la muerte, porque Dios es inmortal.
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¿Qué han sido durante años las más de mis conversaciones? Murmuraciones. Me he pasado los días en juzgar á los demás y en acusar de fatuidad á casi todo el mundo. Yo era el centro del universo, y es claro, de aquí ese terror á la muerte. Llegué á persuadirme de que muerto yo se acababa el mundo.Muchas veces he obsevado ese triste carácter de todas las conversaciones mundanas; el de que sean más que diálogos, monólogos entreverados. Los que conversan permanecen extraños entre sí, siguiendo cada cual su línea de pensamiento. No se escucha con atención benévola, impaciente por decir lo propio, que se cree siempre más importante que lo ajeno. Casi nunca se llega á la confusión de afectos, á la unión de intención, á la comunión de espíritu en lo que se conversa. Merece seria meditación eso de que sean tan frecuentes las interrupciones en las conversaciones mundanas; es un síntoma de una enfermedad dolorosísima...

jueves, 16 de diciembre de 2004

JULIO CERÓN NÚMERO TRES

EL MUSEO DEBE SER GRATUITO PARA LOS ESTUDIANTES Y LOS EXTRANJEROS.

Los viejos también, las señoras de edad.
Para los extranjeros porque ya era bochorno coincidir con ellos en la entrada y que les obligaran a pagar, huéspedes atentos, gente sonriente que se molesta en venir a ver nuestras riquezas de arte, etcétera.
Para los estudiantes porque de los dieciocho a los veinticinco años es la edad sacrificada de ensilar lecturas, imágenes y viajes con objeto de nunca más luego.
Para los escolares, no. Es una mala acción llevarles en autobús de clase al colegio, asquearles de pintura para los restos, moda reciente, fomentada por la entrada gratuita, que viene a sumarse a la ancestral perversidad de enseñarles librescamente los libros y las obras, y en vano escribió contra la escuela frases definitivas Montaigne si, siglos antes que él, uno de los nuestros, Séneca, había proclamado ya, en vano, que "non discimus vitae, se scholae": el móvil y ambición de la escuela es preparar a los de tercero para que puedan pasar a cuarto, a los de cuarto para quinto.

miércoles, 15 de diciembre de 2004

Van Gogh


Paisaje marino en Scheveningen

martes, 14 de diciembre de 2004

FEROCIDAD

"Si Rimbaud sobrevive a las fluctuaciones de la moda, se lo debe a la gratuidad de su crueldad, a su cirugía demoníaca, a la generosidad de su hiel. Lo que le permite a una obra durar, lo que le impide envejecer es su ferocidad".

Emil Cioran

lunes, 13 de diciembre de 2004

ITZULI de Manuel Talens

La conoció una mañana en la playa de Orio, treinta años atrás. Él entonces acampaba en cualquier sitio y aún creía en el porvenir. Era temprano, el sol apenas salía por el horizonte. Un perro caracoleaba en la arena y ella, con los pies descalzos, recogía conchas de mar. Le sonrió.
–Egun on.
–Lo siento –dijo él algo turbado–, no entiendo el vasco.
–Te acabo de dar los buenos días.
Anduvo un rato junto a la joven entre las mansas olas que venían a morir a sus pies.
–¿A qué te dedicas? –le preguntó ella.
–A todo y a nada, pero en estos momentos estoy traduciendo un libro de poemas de Jim Morrison.
–¿El cantante de los Doors?
–Sí.
–Itzuli –dijo ella.
–¿Qué?
–En euskera itzuli significa traducir y también volver.
–Las palabras son viajeras –comentó él con timidez–, pero siempre regresan.
Ella asintió.
–Las personas también.
Hablaron poco más. La muchacha le regaló una concha nacarada y le dio un beso en la mejilla al decirle adiós. Había ya bastante luz y él pudo ver que sus ojos eran verdes, con un toque de ámbar.
Nunca supo su nombre.
Él teclea ante el ordenador. Su cuarto está en penumbra. Es muy temprano, el sol apenas sale por el horizonte y unos tenues rayos se cuelan a través de la ventana. Está traduciendo una novela que trata de un regreso y de la fuerza irresistible del deseo. Sobre la mesa, junto al paquete de cigarrillos, hay una concha de mar que ha conservado desde los años de su juventud. Se siente inquieto, algo va a suceder. «Itzuli», piensa, y nota en sus venas un fogonazo de adrenalina. Se levanta de la silla y, poseído por una extraña convicción, corre hacia la puerta de la casa y la abre con el pulso enloquecido.

sábado, 11 de diciembre de 2004

COMO OCURRE CON EL ALMA...


"Como ocurre con el alma de los difuntos en ciertas leyendas populares, cada hora de nuestra vida, tan pronto muerta, se encarna y se oculta en un objeto material. Allí permanece cautiva, eternamente cautiva, a no ser que nos topemos con el objeto. A través de él la reconocemos, la llamamos y queda liberada. El objeto en que se oculta -o la sensación ya que todo objeto con respecto a nosotros es sensación- podemos muy bien no tropezárnoslo nunca. De ahí que haya horas de nuestra vida que jamás resucitarán..."
Marcel Proust.

viernes, 10 de diciembre de 2004

La Mukata

La Mukata es el nombre de un complejo de edificios, antigua prisión del imperio colonial británico, con el que es conocida la sede de la Autoridad Nacional Palestina - ANP-. Abarca unas cuatro cuadras a la redonda sobre una colina en el este de Ramallah y tiene una estructura central de cinco pisos de alto con decenas de oficinas.
Se trata de un complejo de edificios, ahora casi totalmente destruidos por la brutalidad israelí, que ocupan una superficie total de unos 3 000 metros cuadrados.

La Mukata —que en árabe significa El Distrito— fue construida durante el mandato británico en Palestina (1923-48) para servir como cuartel general de su alto mando militar, como tribunal y, también, como cárcel.

A partir de 1948, cuando el reino hachemita de Ammán extendió su soberanía hasta Cisjordania tras la independencia de Israel, fue utilizada como base militar jordana.

Después de la Guerra de los Seis Días, de 1967, Israel ocupó Cisjordania y entregó el control de ese recinto a sus fuerzas para que lo utilizaran como base militar.

Con la instauración de la Autoridad Palestina en Cisjordania, en 1994, Israel entregó La Mukata a la ANP, que presidía Arafat.

Durante los dos primeros años, el líder palestino instaló su cuartel general en el edificio original, mas posteriormente trasladó sus oficinas y su residencia a un ala más moderna, construida en 1996.

En el 2001, en una actitud guerrerista, prepotente y contraria a la paz entre los dos pueblos, el Gobierno de Ariel Sharon ordenó a los tanques israelíes rodear el complejo y atacarlo a cañonazos.

Finalmente entraron allí el 29 de marzo del 2002, e impusieron un sitio de cinco semanas que obligó a Arafat a permanecer recluido en sus oficinas, sin agua ni electricidad.

Luego, con excavadoras y blindados, el Gobierno de Sharon ordenó arrasar los edificios del complejo y en el 2002 destruyeron lo que quedaba y solo respetaron el sector residencial y las oficinas de Yasser Arafat, a quien no se atrevían a asesinar abiertamente por su prestigio mundial.

Fue enterrado allí Yasser Arafat el día 22 de Noviembre del 2004.

La Mukata: detalle.


jueves, 9 de diciembre de 2004

Fotos aéreas

http://www.jacobel.net/pages/D100/aerials/index.htm

LA NATURALEZA

"La Naturaleza (Arte con el cual Dios ha hecho y gobierna el mundo) es imitada por el Arte del hombre en muchas cosas y, entre otras, en la producción de un animal artificial. Pues viendo que la vida no es sino movimiento de miembros, cuyo origen se encuentra en alguna parte principal de ellos ¿por qué no podríamos decir que todos los autómatas (artefactos movidos por sí mismos mediante muelles y ruedas, como un reloj) tienen una vida artificial? Pues ¿qué es el corazón sino un muelle? ¿Y qué son los nervios sino otras tantas cuerdas? ¿Y qué son las articulaciones sino otras tantas ruedas, dando movimiento al cuerpo en su conjunto tal como el artífice proyectó?"
(Thomas Hobbes, Leviatán)

miércoles, 8 de diciembre de 2004

SIN TÍTULO


EL PEZ DEL FONDO

José Ángel Valente

Como el oscuro pez del fondo
gira en el limo húmedo y sin forma,
desciende tú
a lo que nunca duerme sumergido
como el oscuro pez del fondo.
Ven
al hálito.
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Bahamut
La fama de Bahamut llegó a los desiertos de Arabia, donde los hombres alteraron y magnificaron su imagen. De hipopótamo o elefante lo hicieron pez que se mantiene sobre un agua sin fondo y sobre el pez imaginaron un toro y sobre el toro una montaña hecha de rubí y sobre la montaña un ángel y sobre el ángel seis infiernos y sobre los infiernos la tierra y sobre la tierra siete cielos. Leemos en una tradición recogida por Lane:
«Dios creó la tierra, pero la tierra no tenía sostén y así bajo la tierra creó un ángel. Pero el ángel no tenía sostén y así bajo los pies del ángel creó un peñasco hecho de rubí. Pero el peñasco no tenía sostén y así bajo el peñasco creó un toro con 4 mil ojos, orejas, narices, bocas, lenguas y pies. Pero el toro no tenía sostén y así bajo el toro creó un pez llamado Bahamut, y bajo el pez puso agua, y bajo el agua puso oscuridad, y la ciencia humana no ve más allá de ese punto»
Otros declaran que la tierra tiene su fundamento en el agua; el agua, en el peñasco; el peñasco, en la cerviz del toro; el toro, en un lecho de arena; la arena, en Bahamut; Bahamut, en un viento sofocante; el viento sofocante, en una neblina. La base de la neblina se ignora.
Tan inmenso y tan resplandeciente es Bahamut que los ojos humanos no pueden sufrir su visión. Todos los mares de la tierra, puestos en una de sus fosas nasales, serían como un grano de mostaza en mitad del desierto. En la noche 496 del libro de Las Mil y Una Noches, se refiere que a Isa (Jesús) le fue concedido ver a Bahamut y que, lograda esa merced, rodó por el suelo y tardó tres días en recobrar el conocimiento. Se añade que bajo el desaforado pez hay un mar, y bajo el mar un abismo de aire, y bajo el aire, fuego, y bajo el fuego, una serpiente que se llama Falak, en cuya boca están los infiernos.
La ficción del peñasco sobre el toro y del toro sobre Bahamut y de Bahamut sobre cualquier otra cosa parece ilustrar la prueba cosmológica de que hay Dios, en la que se argumenta que toda causa requiere una causa anterior y se proclama la necesidad de afirmar una causa primera, para no proceder en infinito.

Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, El Libro de los Seres Imaginarios, 1967

martes, 7 de diciembre de 2004

JULIO CERÓN NÚMERO DOS

DELICADEZA DEL QUE SIENTE VENIR LA MUERTE PARA CON SUS DEUDOS
Evítales los gastos y trámites funerarios: reencárnate cuando veas que ya sólo te quedan unos días de vida, incinérate tú mismo con gasolina en el patio si eres de los que aborrecen su propia calavera y huesos húmeros.

Uno de los nichos: detalle

Sala de nichos


sala de nichos
Hospital de San Roque, de Córdoba (La Argentina): sala de nichos que permitía el aislamiento de los enfermos.

sábado, 4 de diciembre de 2004

LA TRADICIÓN

JUAN RULFO, años 50, "Pedro Páramo".
El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo.
Recorrió las calles solitarias de Comala, espantando con sus pasos a los perros que husmeaban en las basuras. Llegó hasta el río y allí se entretuvo mirando en los remansos el reflejo de las estrellas que se estaban callendo del cielo. Duró varias horas luchando con sus pensamientos, tirándolos al agua negra del río.
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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, años 60, "Cien años de soledad".
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de aguas pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.

viernes, 3 de diciembre de 2004

Pere

LLEVAN UNA ROSA EN EL PECHO LOS ENAMORADOS

Llevan una rosa en el pecho los enamorados y suelen besarse
entre un rumor de girasoles y hélices.

Hay pétalos de rosa abandonados por el viento en los pasillos
de las clínicas.

Los escolares hunden sus plumillas entre uña y carne y oprimen
suavemente hasta que la sangre empieza a brotar.
Algunos aparecen muertos bajo los últimos pupitres.

Estaré enamorado hasta la muerte y temblarán mis manos al
coger tus manos y temblará mi voz cuando te acerques
y te miraré a los ojos como si llorara.

Los camareros conocen a estos clientes que piden una ficha
en la madrugada y hacen llamadas inútiles, cuelgan
luego, piden una ginebra, procuran sonreír, están pensando
en su vida. A estas horas la noche es un pájaro azul.

Empieza a hacer frío y las muchachas rubias se miran temblando
en los escaparates. Un chorrear de estrellas silencioso se
extingue.

Luces en un cristal espejeante copian el esplendor lóbrego de
la primavera, sus sombrías llamaradas azules, sus flores de
azufre y de cal viva, el grito de los ánades llamando desde
el país de los muertos.

"La muerte en Beverly Hills" 1967

jueves, 2 de diciembre de 2004

Lino Lago


http://www.enfocarte.com/3.22/pintura.html

Lino Lago, más



LA MANO, de Ramón Gómez de la Serna

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado.
Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía con el balcón abierto, por higiene, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese entrado el asesino.
La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el cuarto.
Llena de terror, acudió la policía y el juez. Era su deber. Trabajo les costó cazar la mano, pero la cazaron y todos le agarraron un dedo, porque era vigorosa corno si en ella radicase junta toda la fuerza de un hombre fuerte.
¿Qué hacer con ella? ¿Qué luz iba a arrojar sobre el suceso? ¿Cómo sentenciarla? ¿De quién era aquella mano?
Después de una larga pausa, al juez se le ocurrió darle la pluma para que declarase por escrito. La mano entonces escribió: «Soy la mano de Ramiro Ruiz, asesinado vilmente por el doctor en el hospital y destrozado con ensañamiento en la sala de disección. He hecho justicia».

miércoles, 1 de diciembre de 2004

La tabla de nueve, Andrea Escandil

Nueve por uno, nueve,
¡vaya!, ahora llueve.
Nueve por dos, dieciocho,
¡venga!, me como un bizcocho.
Nueve por tres, veintisiete.
Te voy a dar un cachete.
Nueve por cuatro, treinta y seis,
hoy me compro un jersey.
Nueve por cinco, cuarenta y cinco.
Voy a pegar un gran brinco.
Nueve por seis, cincuenta y cuatro.
Ayer, en el río, vi un pato.
Nueve por siete, sesenta y tres.
Voy y me pongo al revés.
Nueve por ocho, setenta y dos.
Pongo la tele sin voz.
Nueve por nueve, ochenta y una.
Me siento a mirar la luna.
Nueve por diez, noventa.
¡Mira, una gran tormenta!