viernes, 4 de febrero de 2005

JULIO CERÓN NÚMERO OCHO

Y LO MÁS DESESPERADO ES QUE NO HAY MODO DE DEFENDERSE, DESPRENDERSE, DESHACERSE DE ELLOS
El enemigo irrita, el amigo cansa, el familiar defrauda, los hijos son luego adultos, y los colegas de entrada, el trato social come y estraga, la verdad engañosa y la solidaridad interesada, la verdad es interesada y la solidaridad engaña, un miedo común nos reúne pero toda convivencia se deslíe siempre degenerada, la vanidad aburre tanto como la humildad, y la soberbia ¿quién que la mantanga a la larga?, el misántropo se busca excepciones y el odiador coartadas de súbito amor, su lucidez acaba por no soportar el lúcido, vicio y virtud por igual desluce el hábito, no hay admirar que dure ni aborrecer que aguante, los humanistas pavonean su humanismo, los buenos lo son de remate y los malos inconstantes, perseverar en el desprecio parece fácil. No lo es. La indulgencia nos corroe, la indulgencia nos socava. La rutina es insaciable. La vida vive del cuento. La muerte ronda. Todo repite y machaca. La nada es esquiva, la nada se escapa.
Atúrdete, Ovidio, y tú, Santiago, hazte a la nada. España nos cierra, España nos carga. El amador, coartadas.

1 comentario:

El pez dijo...

¡mira que me gusta a mi también!