miércoles, 16 de febrero de 2005

ME DUELE PRESENTIR, de Elías Nandino*

De manera distinta
cada cual debe morir su propia muerte
y afrontar el naufragio
en la perenne inmensidad del polvo.

Nadie ha vuelto del seno de la muerte,
por esto
su misterio se conserva intacto,
amenazante.

Sin saber si es amiga o enemiga,
ángel que nos transporte al otro lado
para ganar la ubicuidad eterna,
o fuerza que nos retorne a la materia:
todos vivimos la medrosa espera
resignados a la sorpresa de su encuentro
y al suplicio mortal que nos imponga.

(Vivo pensando en el trágico momento
que me transforme en ausencia sin regreso,
nombre sin rostro huyendo hacia el olvido,
absoluto silencio que se ahogue
en la ciega pupila del vacío,
o sombra que se incolore en la distancia.)

(Me duele presentir y también creer
que después de la muerte,
nadie podrá ir más allá del polvo,
del polvo donde debe consumar su fin eterno.)


*Poeta mexicano nacido en Cocula, Jalisco, en 1900. Además de su labor como médico, Nandino apoyó a muchos jóvenes poetas desde las revistas que fundó y dirigió. Editó la colección de cuadernos México Nuevo, dirigió Estaciones y de 1960 a 1964 fue director de Cuadernos de Bellas Artes. En 1979 recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Poesía de Aguascalientes. Cada uno de sus poemas contiene un fragmento de tiempo. Poeta soñador, que une la vida y la muerte, el amor y el odio, con un puente indestructible de palabras, sueños y realidades. Algunas de sus obras son Naufragio de la duda, 1950; Triángulo de silencios, 1953, Nocturna summa, 1955, Eternidad del polvo, 1970; Nocturna palabra; 1976. Murió en Guadalajara, México, en 1993.

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