sábado, 19 de marzo de 2005

JULIO CERÓN NÚMERO TRECE

GUTTA CAVAT CEREBRUM NON VI SED SAEPE CADENDO

Es mentira, pero los ateos y los protestantes se lo creen a pies juntillas, que la Inquisición torturara con una gota de agua que caía y caía sobre el cráneo de la maniatada víctima.
Imaginemos ahora este mismo suplicio multiplicado mil millones de veces, es la ducha. Resumo los estudios sobre el particular:
Quayle, del Media Lab (MIT), ha calculado que una persona que se ducha recibe al año sobre su cerebro treinta mil litros de agua a plomo, un cuarto del caudal de las cataratas de Niágara por segundo a lo largo de su vida. Y el profesor Kreuzberg, de la Universidad de Pisa, habla de fontanelización del "docciante machio" para designar ese mismo fenómeno (sabido es que los niños recién nacidos nacemos con la fontanela sin cerrar). Según Kreuzberg, la ducha surte un efecto de reblandecimiento de la bóveda del cráneo, lo "refontaneliza", cala en la capa superior del cerebro, el pericelio, al cual acaba desintegrando. Ahora bien, así como tienen su sede en el lóbulo derecho bajo los centros nerviosos de la memoria y en la glándula de Picquet el desencadenador de la concupiscencia, respectivamente, así también residen en el pericelio la facultad de compasión y la ternura, el hacerse cargo. Que la ducha destruye. Alborotados duchadores, el cerebro es el bien más valioso que tenemos, no lo lastiméis, no lo sometáis a semejante bombardeo diario, bañaos.

NOTA: Es continuación del número diez.

No hay comentarios: