sábado, 16 de abril de 2005

LA GILDA

LA "GILDA", la cabra, tiene la frente cóncava, la cola corta y la barba joven y alegre, como postiza. La Gilda tiene algo de niña disfrazada de cabra. Cabra o cabritilla, aunque esto último suena a guante. El pelo de la Gilda es muy fino, como si la cabra viniese de Cachemira, de Angola, de Anatolia. Pero sólo viene de las carboneras de la Hueva, donde su abrigo blanco de cabra se le pone negro. La Gilda es salvaje, montaraz y así como un poco afganistana, aunque se ponga tierna con Jerónimo, que la quiere, la mima y gusta de esconder sus manos largas y seguras entre el finísimo pelo de la Gilda. La Gilda, cuando mira a Jerónimo, tiene en los ojos una cosa entre nubia y palestina, entre abisinia y alpestre. A lo mejor, resulta que la Gilda no es más que una vulgar cabra hispánica, como las que vienen en los grabados, como las que venían en el libro de historia natural de Jerónimo, cuando chico. A lo mejor la Gilda hasta es de Gredos, lo cual quedaría un poco pobre y cerril contra las imaginaciones de Jerónimo sobre la cabra. Porque Jerónimo a veces tiene imaginaciones. Pero sólo con las cabras y con las chicas muy jóvenes. La Gilda es un poco cabra montesa, un poco gitana de Sierra Morena. La Gilda tiene cuerpo grande, lomo ancho, cabeza pequeña y ubres grandes. La Gilda, a días, tiene un día un poco como granaíno. Padece pocas enfermedades, salvo la roña, que se la lava Jerónimo con agua, jabón y estropajo de alambre, arriba de la renfe, y el bicho parece que le gusta le raspen. La Gilda también tiene, según, días tibetanos, que van bien con su pelo largo y fino, y días blancos blanquísimos de antílope lírico, montañoso y roqueño. La Gilda no tiene cuernos, o sólo tiene unos cuernecitos tiernos de inmenso caracol femenino, cabra o capella de magnitud rara, que viene cuando quiere de la constelación del Cochero, espectral como el sol, a cuarenta y cinco años luz de su amo, o sea Jerónimo, luminosa como el sol por los agostos, cuando la Gilda sólo pasta luz y ramonea tiempo caído y tierno, algo de manantial y algo de griego enseña la Gilda, huida de dios sabe qué cabrada.

Madrid 650, Francisco Umbral, Editorial Planeta, 1995.

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