viernes, 8 de abril de 2005

LA PEQUEÑA DURMIENTE, de Carlos Marzal

No es que el mundo esté bien: es que no existe.
No hay nada alrededor:
sólo tu sueño.
Nada tiene más ley que tu abandono,
tu suave abjuración,
la dulce apostasía que te ausenta.

No hemos fundado el mundo: nunca cambia.
Pero este cuadro es nuevo
–padre e hija–,
porque sólo el amor es diferente,
sin por ello dejar de ser lo mismo.

El anchuroso mundo, que no importa,
gravita en torno a ti: lo has imantado,
y vive irreprochable hacia tu brújula.
Lo innúmero se rinde a tu unidad sencilla.

Durmiente flor desnuda en mis palabras,
adormidera de los desencantos,
prístina amapola pálida.

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