viernes, 27 de mayo de 2005

DE CUÁL SEA LA PROTECCIÓN MEJOR CUANDO ALGUIEN SE PONE A HABLARNOS EN EL ASCENSOR

Un lector que dice ser mayor que yo, lo cual pongo educadamente en duda, me escribe en atenta carta (entresaco): "Así que a mi edad sigo así. Vivo desde pequeño en el mismo piso alto de una casa con ascensor. Desde que tengo uso de la palabra y obligación social de contestación, la misma zozobra al coincidir (los siete pisos de subida, a lo mejor) con otra persona. La tensión consiguiente, el no ocurrírsete nada que decir. Angustia, y no exagero, en suma. ¿Tiene usted alguna fórmula, profiláctico, algo de lo que sea y que me libere por fin? Porque también le digo que, si a punto de entrar en el portal veo que otro se me ha adelantado, soy capaz de pasar de largo y dar media vuelta a la manzana, el tiempo que calculo que ese individuo habrá cogido ya el ascensor. Pero la situación insalvable es cuando estoy esperando a que baje. Solo. Y llega entonces otro para lo mismo. ¡Estás pillado!"
Tengo, en efecto, dos "recetas", que me han dado siempre buen resultado. La primera, brutal, es que, antes de que empiece el otro a comentarme algo, se lo comento yo (por ejemplo, "Hace fresquito") con el lenguaje manual de los sordomudos, lo cual le turba y paraliza. La segunda es de fuego lento: el ascensor ha acabado de bajar y el otro se dispone a abrir la cancela, para subir conmigo. Le miro el espacio de un segundo mientras me palpo los bolsillos, le digo:
- Espéreme, por favor, se me han olvidado las llaves de mi piso.
Y echo a correr escaleras arriba.

Julio CERÓN.

1 comentario:

El pez dijo...

Este tío es la bomba. Yo en el ascensor hago una genuflexión y me abrazo a las rodillas ajenas suplicando clemencia.