viernes, 17 de junio de 2005

EL COÑO DE LAS PUTAS

Tan pronto como mis obligaciones laborales me lo permiten, corro al barrio de las putas, a enfangarme en el olor a vino barato y semen marchito de los burdeles. Las putas del barrio de las putas no gastan remilgos ni píldoras anticonceptivas, y son las únicas que se dejan querer sin la manopla impuesta desde el Ministerio de Asuntos Sociales. Las putas del barrio de las putas, y no esas señoritas que se anuncian en el periódico, ostentan la representación genuina de un oficio que las enaltece, de tan limosnero y menesteroso. Son mujeronas amplias, deslavazadas, de greñas alborotadas y senos que a duras penas son sujetados por unos sostenes que parecen alforjas. Pero la mejor parte de sus anatomías es el coño, ese coño de labios gigantescos, curtido por las hazañas mercenarias de una vida entera, ese coño virginizado por tantos hombres que lo bendicen con el incienso apresurado de la prisa, ese coño fiambre, cárdeno casi, que me reconcilia con el barro del que procedo y me hace sentir algo más humano. El coño de estas putas es un coño trabajado hasta el insomnio, desflecado como una rosa mustia, con unos labios que se abren al estilo de las solapas de un caserón dieciochesco. El coño de estas putas tiene un lustre especial, un prestigio de guardarropía o tienda de disfraces donde se almacenan uniformes de tiempos perdidos (por el coño de estas putas deambula Proust, que no se atreve a hincarle el diente por un prejuicio sodomita). Yo, cuando visito a mis queridas putas, les ruego que me enseñen su coño baqueteado, arrugado y hermoso, y les pido que se abran las solapas de los labios, esas pieles lacias que las adornan y las incendian con un esplendor cardenalicio, a juego con el empapelado de las paredes, y tan mugriento o más. Al acabar la sesión las beso a todas en la frente, que es el lugar donde los israelitas ungían a sus reyes y donde los curas manchan de ceniza a sus feligreses.
Y así, santificadas, las abandono, porque me reclaman las obligaciones laborales.
Tomado del libro "Coños", de Juan Manuel de Prada Blanco. Editorial Valdemar. Mediados los años 90.
NOTITA: Este libro es alegre (y cachondo), fresco, imaginativo, ramoniano y umbraliano, escrito por un adolescente (el autor nació en 1970) borracho de literatura. Más de cincuenta prosas sobre el tema. Luego ... Pero esa es otra historia diferente, quizás.

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