sábado, 4 de junio de 2005

FOSA

Esto que se nos viene apisonando, apisonando, apisonando, a lo largo de los años, en el alma, algunos quieren todavía ilusionarse pensando que es una carga explosiva, una reserva de energía,(¿para quién?); pero yo sé que no es más que un apelmazamiento de negro barro inerte, que aquí se ha de quedar para siempre sepultado. Pura losa de muerte, no fermento de vida que prometa resurrección o salvación, pero tampoco polvorín que amenace venganza.
Donde me veo no es en las tinieblas, sino en la opacidad: las tinieblas serán oscuras y espantables, pero están vacías, tienen distancias infinitas, por las que uno puede precipitar o vagar eternamente. La opacidad empieza a medio centímetro de la superficie de mi cuerpo y es de pared maciza y tan infinitamente gruesa como honda la tiniebla, pero de cal y canto.

Rafael Sánchez Ferlosio, en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.

1 comentario:

El pez dijo...

Tan infinitamente gruesa como honda la tiniebla.

Y yo que lo conocí en el instituto con Alfanhuí
:-O