martes, 14 de junio de 2005

TAL ESCRIBES, ASÍ MORIRÁS (I), de Julio CERÓN. (15 de diciembre de 1988, una Tercera de ABC)

Quieren algunos que este texto se titulaba al principio “La destrucción del estilo”. Otros pretenden que se llame “El estilo, la obsesión por el mismo y el afán correspondiente, pretexto son para encubrir la circunstancia de que al autor no se le ocurre nada, nada nunca, nunca nada, no tiene cosa en absoluto que comunicarnos”.
Su subtítulo, de todas maneras, es:
“La destrucción del estilo”.
Su texto, el que pongo a continuación:
Tal escribes, así morirás.
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Pero Bitzoc, su intención ha sido pedirme, como efectivamente me ha pedido, diez folios a máquina, en máquina mejor pudiésemos (“podríamos” es más comprometido, “pudiéramos” igual de correcto que “podríamos”, bastante más que “pudiésemos”, a menos que sea todo lo contrario, y tampoco debe importarnos mucho esto o aquello) decir. Se adentra, pues, enfrascará a partir de aquí este autor en borra y paja, relleno. Hasta cumplir los diez folios del contraído compromiso. Lo primero que le viene a las mientes es denunciar la impostura del mísero arbitrio mecánico, necio y ocioso, que fue aquello de la escritura automática, del siniestro Bretón, cuya nombradía, laboriosamente edificada por –en persona- él, durará -gracias a Dios- lo que la flor del heno. ¡Como si no fuese automática toda escritura! ¿Qué salió por lo demás de ella? Nada (nunca mejor dicho) que algo realmente valga.

La única preceptiva es la que con delicadeza apenas perceptible, burla burlando, nos legó (“legara” quieren igualmente algunos, con dudosa legitimidad) Lope de Vega en un soneto.

Las máquinas electrónicas, si se las pone en la doble tesitura de “Retén” y “No imprimas”, la ventaja tuya es que vas viendo sucederse, ordinalmente, las líneas; en el caso que nos ocupa –usted, más tardío, leyendo; escribiendo, precoz, yo- vamos ya por la trigésima quinta (y justo al poner quinta era ya la sexta), que es decir: un folio ha caído.

“La preocupación por la estética es la primera señal de impotencia” es frase de Dostoyusqui que dos veces nos colocara, colocó, Cela allá por cuando creaba: en “Pisando la dudosa luz del día” y en un texto suyo más. Ahora bien, ¿qué es el estilo sino estética laboriosamente aplicada?

2 comentarios:

Zuppo Zittore dijo...

La inversión de la estética es lo que nos ocupa hoy, comer por el culo y cagar por la boca.

En el arte vale, pero en la política... appesta.

Anónimo dijo...

Sapos, eso es. Las ranas -ancas, palabra que no está mal, en Peñaranda las ponen rebozadas- son muy celebradas. Pero los políticos comen sapos, y los estetas se lo tragan todo.