lunes, 18 de julio de 2005

GENIO Y FIGURA, de Luciano G. Egido

Su primer no lo pronunció a los dos años, con una seguridad y una terquedad suicidas. Desde entonces el no se le hizo habitual en la boca, con una inverosímil fidelidad a sí mismo que no se concedió un solo fallo. Les dijo no a los padres, a la familia, a los amigos, a la escuela, al pueblo, a la religión, al trabajo, al amor, a la patria, a la guerra, a la memoria, al porvenir, por supuesto a los hijos, a la esperanza, a la resignación y al dolor. Un día se encontró a la muerte y también se le enfrentó con un no contundente; pero no le sirvió de nada, con gran sorpresa por su parte.

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