sábado, 23 de julio de 2005

HISTORIA DE UNOS PIES (UNA HISTORIA MORAL)













Una bruma de caricias húmedas y extrañas le devolvieron - me llamo Mohamed- a la consciencia. Se sentía como un árbol centenario arrancado de cuajo, con sus raíces embarradas/ensangrentadas, de la mismísima felicidad del vivir/dormir. Estaba soñando, borrosamente, entre telaráñicas brumas, que viajaba a la velocidad del vuelo del halcón peregrino, con la dicha añadida de la lenta nieve descendiendo, impasible, como que parecía que tuviese todo el eterno tiempo por delante.
- Mohamed, es la hora, cariño. levanta.
Y sintió la inmensa pereza que produce el estrés.
- Que se hace tarde, levanta, cariño, ánimo. Mientras te duchas te voy preparando el desayuno.

El agua caliente anulando como un deicida toda la realidad, salvo la de su presencia totalizadora sobre mi cuerpo abandonado, ese es el último recuerdo, el penúltimo, mejor dicho, que me queda.

El último no es un recuerdo propiamente dicho. Es la nítida imagen fija, estampada como un espejo frío en mi memoria, de una mujer acariciando con sus morenas y secas y calientes manos los secos y morenos y aún calientes pies de su marido recién...

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