jueves, 28 de julio de 2005

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y AUTORÍA O LA VERDAD (INCOMPLETA) DE ATLETA SEXUAL

Cierro hoy el chiringuito revelando en parte mi verdad (en parte, porque esta revelación será incompleta). Ante todo quiero darle las gracias a Arcadi, mi gran amigo Arcadi, por haberme permitido este juego. Muy fecundo en todos los sentidos.
Yo soy eso que se conoce como "autor consagrado", aunque no me gusta para nada esa denominación. Publico libros apreciados por crítica y público (con las pertinentes excepciones, of course). Mis artículos salen con regularidad en la prensa. He sido entrevistado más de una vez en televisión. Doy conferencias, voy a congresos... En fin: vivo de la literatura.
Pero una duda me atenazaba: ¿en qué medida mi "consagración" coartaba mi libertad expresiva? Decidí hacer el experimento de abrir un blog (que luego cerré) y de colgar mis textos en otros sitios, como éste de Arcadi. Se trataba de comprobar en qué medida el anonimato me hacía funcionar creativamente. El resultado ha sido aterrador: en tanto autor tengo ya unas cortapisas y autocensuras de las que no puedo librarme; unas cortapisas y autocensuras que desaparecen cuando escribo y cuelgo textos anónimos; o mejor dicho, con el nombre de un "personaje" que no soy yo: Atleta Sexual.
Pensé, naturalmente, en Derrida, en Foucault y en todos esos autores que avisaron en los sesenta de la constitución del "sujeto" en tanto cepo y cárcel. Pero ya Nietzsche lo había dicho en su tiempo: a todo ese entramado metafísico que dispone de un sujeto con libre y albedrío y responsabilidad le llamaba "la metafísica del verdugo". Dicho sujeto, con firma, cara y domicilio, con número en el DNI y en Hacienda, con cuerpo concreto que puede ser lastimado, torturado o descuartizado, no es más que un pobre esclavo que poco puede hacer en este mundo atroz.
En el caso Echevarría lo hemos visto: nadie dijo nada, ¿pero cómo iban a decirlo si se estaban jugando el pan? Curiosamente ha venido a asistirme este *caso* durante esta temporada en que he estado practicando este experimento. Sólo en internet, sólo en el reino (¿por cuánto tiempo?) del anonimato han tenido rienda suelta, curso libre, las palabras. Las palabras, el discurso o el lenguaje (como lo queramos llamar) emanando libremente, sin las cortapisas del sujeto. Internet, en realidad, es la manifestación de aquel sueño de los futuristas: las palabras en libertad. Y están en libertad precisamente porque ningún sujeto se responsabiliza o tiene que responsabilizarse de ellas.
Me he acordado también de una de las más frecuentes prédicas de García Calvo: la de que "individuo" es idéntico a "masa". Un "individuo" no es más que una partícula de la "masa", con todo el esquema de la "masa" ya incrustado dentro de sí. Y García Calvo contrapone a ello, optimistamente, a mi juicio, lo que llama "la voz del pueblo". Yo lo llamo sin más la voz de la libertad. La libertad de la palabra y del pensamiento, dándose libre y salvajemente gracias a que nadie tiene que "responsabilizarse" de ellas, ni pagar por ellas, ni luego justificarse con ellas, ni sufrir sus consecuencias...
Esa es la lección, que está bien saberla. Aunque yo sigo publicando mis libros con mi firma, y mis artículos, y dando conferencias y saliendo en televisión. Al menos sé que es un teatro. Que lo hago para ganarme la vida. Porque la libertad está en otra parte: aquí, de donde ya me voy.
NOTA: Despedida del famoso "Atleta sexual", que nos hizo disfrutar a muchos con sus libérrimas, o simplemente libres, prosas.

2 comentarios:

Julio Cerone dijo...

Hay gente que dice que si es Juan José Millás, o Javier Cercas, o el propio Arcadi Espada. O Miguel Ángel Aguilar... o Eduardo Mendoza, o...

El pez dijo...

Todo un prodigio de hombre... soy un fan, lo reconozco.

Faltó en el mail el texto de la mujer que presentaba el telediario y su cinta de canciones a lo María Ostiz. Apoteósico.