jueves, 15 de septiembre de 2005

14 de septiembre de 2005

Hace tiempo que no visito a José Antonio Millán. Entro sin llamar, curioseo. Me llaman la atención las preguntas: "¿Experimenta una sensación de vacío cuando acaba la lectura del Quijote? ¿No le basta con lo que escribió Cervantes?". Pincho. Leo. Pincho. Miro por encima. Vuelvo y sigo leyendo. Pincho. Me enredo y enredo y enredo. Regreso y pincho. Releo.
"Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita."
Y todo ello amenizado con esta musiquilla.

2 comentarios:

El pez dijo...

Pero qué bien caer en ese nicho vertical.
Pero qué bien se te dan las tipografías crecientes...

Catriela Soleri dijo...

Siempre habrá unas manos piadosas.

Gracias Nicho por visitar mi quietud.