viernes, 21 de octubre de 2005

13 de julio de 1978

La nación catalana
EL PAÍS - Opinión - 13-07-1978
Con pavorosa e insistente regularidad cae sobre la meseta, al menos una vez por semana, el bombardeo pluvioso, rígido, deslumbrador y convincente de algún estudioso o aficionado catalán que nos demuestra cualquier valiosa peculiaridad de su nación. Este periódico es, quizá, el carretón más propicio y generoso en desasnar a los castellanos viejos, tan ignorantes de la historia de las razones periféricas, incluso de sus propios e intransferibles negocios, como para que precisen clases intensivas del mismo monocorde asunto.La cantaleta de moda es la demostración, desde todos los ángulos del saber, de la ciencia, de la propaganda, de que Cataluña es una nación. Al parecer, en la Constitución, sus representantes, que lo consiguen todo aún más de lo que piden, como si fueran absoluta mayoría, únicamente han logrado ensartar el término nacionalidad, pero ya nos van explicando que el espúreo vocablo es tan sólo una máscara del núcleo vital que nos endilgan: nación.
El último panegírico pangelingua que me ofrecen en las páginas nobles de este diario viene firmado por don Maurici Serrahima, que tiene el encargo de senador, según creo, aunque el tal no deba de hacerle muy feliz. Efectivamente, en una ocasión, hace años, declaró que sólo moriría tranquilo en el puesto de aduanero de Ariza, entendiendo que la nación catalana llegase hasta esa ciudad castellano-aragonesa que él se encargaría allí de expedir mercancía para la calamitosa colonia castellana de impedir que cruzase hacia allá un solo grito en este idioma menesteroso y ridículo en el cual él y yo nos expresamos.
A mí, personalmente, y sé que a la mayoría de los de mi tribu, no nos inquieta o confunde que Cataluña sea nación. Estamos convencidos de ello, y tan sólo nos fatiga oirlo y leerlo tantas veces como párvulos a quienes se repite hasta el agobio las respuestas del padre Astete. Lo que yo no sé es por qué razón se nos dice tantas veces lo mismo y qué se busca con ello. Serrahima echa mano como argumento último de un famoso folleto que le regaló un amigo y que se imprimió en el siglo XVIII. El argumento es contundente y descalabrante. Por lo demás, cualquiera puede demostrar que un día fue concubina del déspota de El Cairo, a poco que sepa llevar las aguas de la historia a su molino.
Agrio y cansado también escribía Unamuno a Cambó que los de la meseta deberíamos comprar a los catalanes por lo que valen y revenderlos por lo que dicen que valen. Con esta historia de la nación estoy seguro de que nos quieren vender algo. Porque es evidente, para empezar, que también Castilla es una nación, y desde luego León, y Asturias, aunque los señores constituyentes lo ignoren. ¿No tiene Castilla su historia propia, su cultura propia, su lengua propia? ¿No son esos también hechos diferenciales? Incluso en la Constitución se menciona la lengua castellana y algunos deben de saber que en esa lengua se han expresado Cervantes, fray Luis, Machado y García Márquez… Me siento ridículo en el brete de tener que demostrar que Castilla es una nación, no una región (es decir, y en términos mercantiles, una colonia), así que no voy a ha hacerlo.
En consecuencia, cuando tan tos próceres catalanes -y. desde luego, vascos- me están insistiendo en el asunto, sus motivos tendrán. Tal vez sea un paso más hacia la definitiva independencia. Primero quieren llegar a Ariza, luego catalanizar (o vardulizar) a todos los emigrantes, después supongo tirar las lindes. Como los vascos quieren establecerse en Navarra, Rioja y Santander, enriquecerse a base de esos misteriosos e injustos conciertos económicos que tanto han empobrecido a Castilla, reinstaurar viejos fueros con la expresa prohibición de que nosotros no resucitemos los nuestros, ni siquiera los más democráticos (nos bastaría el de la ciudad de Sepúlveda: «Aquí nadie es más que nadie.»), lograr la autonomía fiscal para cobrar del Estado y no pagar a quienes lo representan (lo cual implica ya una real independencia), llevar de la meseta todas las materias primas posibles alimentos, minerales, electricidad y luego establecer los fielatos. Sólo que tal vez no han advertido un sentimiento que ronda vigoroso por las parameras y los cerros de esta colonia despreciada.
A muchos castellanos no les importaría una higa que consiguieran de verdad su plena y absoluta independencia. Más aún, tengo algún conocimiento que pide no ya la concesión de tal independencia respecto de Castilla, sino una expulsión de los antiguos reinos antes de que, al independizarse ellos mismos, se hayan quedado con la mayoría de nuestras riquezas. Pues que tantos y tan gloriosos reinos no pueden vivir en armonía, que cada cual se las arregle como pueda y ¡viva doña Juana la Beltraneja! Porque la armonía que nos están pautando los políticos consensuales más bien parece un pentagrama de dinamita en el trasero de los oprimidos de siempre.
Teniendo en cuenta este sentimiento (y por si alguien no, lo expreso con bastante claridad) lograríamos al fin una armonía supranacional y ahorraríamos los de la meseta los últimos capítulos del general expolio a que nos vemos sometidos. Ahorraríamos también que todas las semanas se asomara a nuestra ventana el pregonero para cantarnos con la ayuda de los amplificadores madrileños debidamente ciegos que ellos son nación y nosotros región, que son listos, grandes, ricos y de izquierda, y nosotros pequeños, pobres, fascistas y bobos. Y ellos ganarían su independencia, pero nosotros ganaríamos, la nuestra. Y también nuestra paz.

11 comentarios:

El pez dijo...

pues al final va a ser que tantos años después seguimos igual.

entonces mejor hacer oidos sordos y apagar la tele, ponerle un poco de tippex al estatuto y a correr.

Nicho dijo...

Deberían quitar esas palabras de la Constitución: nación, nacionalidades y regiones. Hasta que no lo hagan, seguiremos igual.

Estupor dijo...

Creo que los catalanistas, por encima de nacionalistas, son folcloristas, miopes y egoistas. Decir que Cataluña no es española, es como insinuar que Madrid tampoco lo es. Cofundir identidades locales con espirítus nacionales es muy peligroso, y creer que lo español es idéntico a lo castellano, un error que pagaremos caro antes o después. Lo catalán o lo vascuence solo caben dentro de lo hispánico. Considerar el castellano como lengua extranjera en Cataluña, es una falta de rigor histórico, y de respeto a gran parte de su población. Pero curiosamente, nadie piensa en Catilla, ni en Extremadura, ni en Murcia, ni en Aragón, lugares abandonados por la preocupaciones de nuestros políticos, parece.

Añado un texto que escribí el año pasado, nada más regresar de Barcelona:
Estuve la semana pasada en Barcelona. Hacía 6 años que no iba. He
>descubierto que es una ciudad fascinante...tanto como Madrid. Son casi
>idénticas...dos gotas de agua. Barcelona es la cara y Madrid la cruz
de una
>misma moneda.
> En lo que Barcelona es gótica y modernista, Madrid es clásica y
barroca.
>En lo que Barcelona es moderna, Madrid es postmoderna.
> Barcelona es burguesa, Madrid aristocrática.
> Barcelona es submarina, Madrid aerea.
> El mapa de Barcelona tiene forma de anfibio, el de Madrid de roedor.
>Barcelona es un gran útero, Barcelona es una mujer ejecutivo...Madrid
es un
>falo erecto, aunque sus modales sean femeninos, Madrid es un travesti
que
>por la noche cambia de sexo...Barcelona piensa elegantemente el
>día...porque Barcelona es una puta de lujo, y Madrid una puta barata e
>insaciable piensa que no hay horarios.
>

Nicho dijo...

Estupor, se te da de miedo eso de las analogías, las diferencias, las comparaciones, las semejanzas.
Simplemente por ampliar un "poco" el tema, en la Constitución de la República no aparece por ningún sitio eso de "NACIÓN". Pego:
CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

España, en uso de su soberanía, y representada por las Cortes Constituyentes, decreta y sanciona esta Constitución.


TÍTULO PRELIMINAR

Disposiciones generales

Artículo 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.

Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.

La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.



Artículo 2. Todos los españoles son iguales ante la ley.


Artículo 3. El Estado español no tiene religión oficial.


Artículo 4. El castellano es el idioma oficial de la República.

Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones.

Salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.


Artículo 5. La capitalidad de la República se fija en Madrid.


Artículo 6. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.


Artículo 7. El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional, incorporándolas a su derecho positivo.

Anónimo dijo...

Artículo 6. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.

Anónimo dijo...

Artículo 2. Todos los españoles son iguales ante la ley.

Anónimo dijo...

Artículo 3. El Estado español no tiene religión oficial.

Anónimo dijo...

Artículo 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.

Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

OLÉ, QUÉ MARAVILLA

El pez dijo...

está fenomenal, y la bandera no digamos, ya podríamos salir a la calle con ella sin que te llamaran facha.

Rain dijo...

Siempre me ha atraído Barcelona y por ende la Historia , su Historia, y más cuando hace un tiempo ...

en fin...amo Barcelona.

Y siempre es fascinante indagar sobre los trasfondos históricos d elos conflictos en España, donde el problema VASCO, lo de Cataluña, el castellano, y otras realidades osn claves.

Salutes Nicho.

Rain dijo...

son claves