martes, 22 de noviembre de 2005

El alegre funerario

Introdujo sus numerosos trajes, algunos carísimos, otros simplemente cómodos, u oficiosos, en su bolsa correspondiente. Cerró cada cremallera con resolución y vigor, como si fuera el forense de esos cadáveres. Les rezó un responso inconsciente de olvido. Los colgó donde la ropa vieja, en un rincón oscuro. En cada traje muerto iba cada uno de sus odiados disfraces.
Postpost: ("Cuando la fatalidad aparece disfrazada nos da la ilusión de libertad", de Jean Cocteau)

3 comentarios:

El pez dijo...

poco más o menos así fue... espero no reabrir el caso y llamar a los de CSI para que analicen las muestras. Yo no guardo nada sucio (a modo lewinsky)

El pez dijo...

... bueno, y no había tantos trajes caros, uno de kenzo y poco más.

Rain dijo...

y por mi parte uno de Armani, bellísimo...

alegre funerario: qué bárbaro.