jueves, 29 de diciembre de 2005

PARÁBOLA PARA LLORAR

Érase una vez un país por cuyas carreteras se circulaba sin distinción de carril. Un buen día, Pérez propuso en un artículo que, para disminuir los accidentes mortales de circulación, se hiciera como en todos los demás países: asignar un carril a los vehículos que van y otro a los que vienen.
La mayoría se rió y mofó. (Llegaron a escribir que "los de este país somos muy machos, y el ir cada uno por su carril, protegido de los coches que vienen de frente por una línea de separación, es cosa de cobardes y afeminados").
Pero lo más impresionante fue la reacción de gente cultivada, de especialistas incluso de la circulación. Los cuales: "Eso de implantar carriles es una tontería. Para bajar la mortalidad en carretera, lo que procede es limitar la velocidad, sancionar la alcoholemia". En vano redargüía el pobre Pérez: "Completamente de acuerdo. Pero antes está el presupuesto obvio, el principio intrínseco: un carril para los que van y otro para los que vienen. Con esta diferencia esencial la limitación de la velocidad o el cinturón de seguridad implican una obligación que se impone, mientras que lo de circular cada uno por su carril es cuestión de puro instinto".
Julio Cerón

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