martes, 29 de marzo de 2005

Los Pájaros

The ballad of easy rider

Que otros pongan los textos, que nosotros ponemos la música.

CERÓN

Julio Cerón Ayuso (1928)

El subalterno no está hecho para ser consultado, sino para ser evitado

Lujo Cierco se cisca en los lectores

“La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo” (Julio Cerón)

lunes, 28 de marzo de 2005

domingo, 27 de marzo de 2005


Belgravia 1951 (BILL BRANDT)

miércoles, 23 de marzo de 2005

SEMANA SANTA, de Oliverio Girondo


A Miguel Ángel del Pino, que, con una exquisita amabilidad sevillana, inicióme en los complicados ritos de la más bella fiesta popular.

Vísperas

Desde el amanecer, se cambia la ropa sucia de los altares y de los santos, que huele a rancia bendición, mientras los plumeros inciensan una nube de polvo tan espesa, que las arañas apenas hallan tiempo de levantar sus redes de equilibrista, para ir a ajustarlas en los barrotes de la cama del sacristán.

Con todas las características del criminal nato lombrosiano, los apóstoles se evaden de sus nichos, ante las vírgenes atónitas, que rompen a llorar... porque no viene el peluquero a ondularles las crenchas.

Enjutos, enflaquecidos de insomnio y de impaciencia, los nazarenos pruébanse el capirote cada cinco minutos, o llegan, acompañados de un amigo, a presentarle la virgen, como si fuera su querida.

Ya no queda por alquilar ni una cornisa desde la que se vea pasar la procesión.

Minuto tras minuto va cayendo sobre la ciudad una manga de ingleses con una psicología y una elegancia de langosta.

A vista de ojo, los hoteleros engordan ante la perspectiva de doblar la tarifa.

Llega un cuerpo del ejército de Marruecos, expresamente para sacar los candelabros y la custodia del tesoro.

Frente a todos los espejos de la ciudad, las mujeres ensayan su mirada “Smith Wesson”; pues, como las vírgenes, sólo salen de casa esta semana, y si no cazan nada, seguirán siéndolo...



Domingo de Ramos (mañana)

¡Campanas!
¡Repiqueteo de campanas!
¡Campanas con café con leche!
¡Campanas que nos imponen una cadencia al
abrocharnos los botines!
¡Campanas que acompasan el paso de la gente que pasa en las aceras!
¡Campanas!
¡Repiqueteo de campanas!

En la catedral, el rito se complica tanto, que los sacerdotes necesitan apuntador.

Trece siglos de ensayos permiten armonizar las florecencias de las rejas con el contrapaso de los monaguillos y la caligrafía del misal.

Una luz de “Museo Grevin” dramatiza la mirada vidriosa de los cristos, ahonda la voz de los prelados que cantan, se interrogan y se contestan, como esos sapos con vientre de prelado, una boca predestinada a engullir hostias y las manos enfermas de reumatismo, por pasarse las noches —de cuclillas en el pantano— cantando a las estrellas.

Si al repartir las palmas no interviniera una fuerza sobrenatural, los feligreses aplaudirían los rasos con que la procesión sale a la calle, donde el obispo —con sus ochenta kilos de bordados— bate el “record” de dar media vuelta a la manzana y entra nuevamente en escena, para que continúe la función...



(tarde)

¡Agua!
¡Agüita fresca!
¿Quién quiere agua?

En un flujo y reflujo de espaldas y de brazos, los acorazados de los cacahueteros fondean entre la multitud, que espera la salida de los “pasos” haciendo “pan francés”.

Espantada por los flagelos de papel, la codicia de los pilletes revolotea y zumba en torno a las canastas de pasteles, mientras los nazarenos sacian la sed, que sentirán, en tabernas que expenden borracheras garantizadas por toda la semana.

Sin asomar las narices a la calle, los santos realizan el milagro de que los balcones no se caigan.

¡Agua!
¡Agüita fresca!
¿Quién quiere agua?
pregonan los aguateros al servirnos una reverencia de minué.

De repente, las puertas de la iglesia se abren como las de una esclusa, y, entre una doble fila de nazarenos que canaliza la multitud, una virgen avanza hasta las candilejas de su paso, constelada de joyas, como una cupletista.

Los espectadores, contorsionados por la emoción, arráncanse la chaquetilla y el sombrero, se acalambran en posturas de capeador, braman piropos que los nazarenos intentan callar como el apagador que les oculta la cabeza.

Cuando el Señor aparece en la puerta, las nubes se envuelven con un crespón, bajan hasta la altura de los techos y, al verlo cogido como un torero, todas, unánimemente, comienzan a llorar.

¡Agua!
¡Agüita fresca!
¿Quién quiere agua?



Miércoles Santo

Las tribunas y las sillas colocadas enfrente del Ayuntamiento progresivamente se van ennegreciendo, como un pegamoscas de cocina.

Antes que la caballería comience a desfilar, los guardias civiles despejan la calzada, por temor a que los cachetes de algún trompa estallen como una bomba de anarquista.

Los caballos —la boca enjabonada cual si se fueran a afeitar— tienen las ancas tan lustrosas, que las mujeres aprovechan para arreglarse la mantilla y averiguar, sin darse vuelta, quién unta una mirada en sus caderas.

Con la solemnidad de un ejército de pingüinos, los nazarenos escoltan a los santos, que, en temblores de debutante, representan “misterios” sobre el tablado de las andas, bajo cuyos telones se divisan los pies de los “gallegos”, tal como si cambiaran una decoración.

Pasa:
El Sagrado Prendimiento de Nuestro Señor, y Nuestra Señora del Dulce Nombre.
El Santísimo Cristo de las Siete Palabras, y María Santísima de los Remedios.
El Santísimo Cristo de las Aguas, y Nuestra Señora del Mayor Dolor.
La Santísima Cena Sacramental, y Nuestra Señora del Subterráneo.
El Santísimo Cristo del Buen Fin, y Nuestra Señora de la Palma.
Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, y Nuestra Señora de las Lágrimas.
El Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor, y La Quinta Angustia de María Santísima.

Y entre paso y paso:
¡Manzanilla! ¡Almendras garrapiñadas! ¡Jerez!

Estrangulados por la asfixia, los “gallegos” caen de rodillas cada cincuenta metros, y se resisten a continuar regando los adoquines de sudor, si antes no se les llena el tanque de aguardiente.

Cuando los nazarenos se detienen a mirarnos con sus ojos vacíos, irremisiblemente, algún balcón gargariza una “saeta” sobre la multitud, encrespada en un ¡ole!, que estalla y se apaga sobre las cabezas, como si reventara en una playa.

Los penitentes cargados de una cruz desinflan el pecho de las mamas en un suspiro de neumático, apenas menos potente al que exhala la multitud al escaparse ese globito que siempre se le escapa a la multitud.

Todas las cofradías llevan un estandarte, donde se lee:

S. P. Q. R.



Jueves Santo

Es el día en que reciben todas las vírgenes de la ciudad.

Con la mantilla negra y los ojos que matan, las hembras repiquetean sus tacones sobre las lápidas de las aceras, se consternan al comprobar que no se derrumba ni una casa, que no resucita ningún Lázaro, y, cual si salieran de un toril, irrumpen en los atrios, donde los hombres les banderillean un par de miraduras, a riesgo de dejarse coger el corazón.

De pie en medio de la nave —dorada como un salón—, las vírgenes expiden su duelo en un sólido llanto de rubí, que embriaga la elocuencia de prospecto medicinal con que los hermanos ponderan sus encantos, cuando no optan por alzarles las faldas y persuadir a los espectadores de que no hay en el globo unas pantorrillas semejantes.

Después de la vigésima estación, si un fémur no nos ha perforado un intestino, contemplamos veintiocho “pasos” más, y acribillados de “saetas”, como un San Sebastián, los pies desmenuzados como albóndigas, apenas tenemos fuerza para llegar hasta la puerta del hotel y desplomarnos entre los brazos de la levita del portero.

El “menú” nos hace volver en sí. Leemos, nos refregamos los ojos y volvemos a leer:

“Sopa de Nazarenos.”
“Lenguado a la Pío X.”

—¡Camarero! Un bife con papas.
—¿Con Papas, señor?...
—¡No, hombre!, con huevos fritos.



Madrugada y tarde del Viernes Santo

Mientras se espera la salida del Cristo del Gran Poder, se reflexiona: en la superioridad del marabú, en la influencia de Goya sobre las sombras de los balcones, en la finura chinesca con que los árboles se esfuman en el azul nocturno.

Dos campanadas apagan luego los focos de la plaza; así, las espaldas se amalgaman hasta formar un solo cuerpo que sostiene de catorce a diez y nueve mil cabezas.

Con un ritmo siniestro de Edgar Poe —¡cirios rojos ensangrientan sus manos!—, los nazarenos perforan un silencio donde tan sólo se percibe el tic-tac de las pestañas, silencio desgarrado por “saetas” que escalofrían la noche y se vierten sobre la multitud como un líquido helado.

Seguido de cuatrocientas prostitutas arrepentidas del pecado menos original, el Cristo del Gran Poder camina sobre un oleaje de cabezas, que lo alza hasta el nivel de los balcones, en cuyos barrotes las mujeres aferran las ganas de tirarse a lamerle los pies.

En el resto de la ciudad el resplandor de los “pasos” ilumina las caras con una técnica de Rembrandt. Las sombras adquieren más importancia que los cuerpos, llevan una vida más aventurera y más trágica. La cofradía del “Silencio”, sobre todo, proyecta en las paredes blancas un “film” dislocado y absurdo, donde las sombras trepan a los tejados, violan los cuartos de las hembras, se sepultan en los patios dormidos.

Entre “saetas” conservadas en aguardiente pasa la “Macarena”, con su escolta romana, en cuyas corazas de latón se trasuntan los espectadores, alineados a lo largo de las aceras.

¡Es la hora de los churros y del anís!

Una luz sin fuerza para llegar al suelo ribetea con tiza las molduras y las aristas de las casas, que tienen facha de haber dormido mal, y obliga a salir de entre sus sábanas a las nubes desnudas, que se envuelven en gasas amarillentas y verdosas y se ciñen, por último, una túnica blanca.

Cuando suenan las seis, las cigüeñas ensayan un vuelo matinal, y tornan al campanario de la iglesia, a reanudar sus mansas divagaciones de burócrata jubilado.

Caras y actitudes de chimpancé, los presidiarios esperan, trepados en las rejas, que las vírgenes pasen por la cárcel antes de irse a dormir, para sollozar una “saeta” de arrepentimiento y de perdón, mientras en bordejeos de fragata las cofradías que no han fondeado aún en las iglesias, encallan en todas las tabernas, abandonan sus vírgenes por la manzanilla y el jerez.

Ya en la cama, los nazarenos que nos transitan las circunvoluciones redoblan sus tambores en nuestra sien, y los churros, anidados en nuestro estómago, se enroscan y se anudan como serpientes.

Alguien nos destornilla luego la cabeza, nos desabrocha las costillas, intenta escamotearnos un riñón, al mismo tiempo que un insensato repique de campanas nos va sumergiendo en un sopor.

Después... ¿Han pasado semanas? ¿Han pasado minutos?... Una campanilla se desploma, como una sonda, en nuestro oído, nos iza a la superficie del colchón.
¡Apenas tenemos tiempo de alcanzar el entierro!...

¿Cuatrocientos setenta y ocho mil setecientos noventa y nueve “pasos” más?

¡Cristos ensangrentados como caballos de picador! ¡Cirios que nunca terminan de llorar! ¡Concejales que han alquilado un frac que enternece a las Magdalenas! ¡Cristos estirados en una lona de bombero que acaban de arrojarse de un balcón! ¡La Verónica y el Gobernador... con su escolta de arcángeles!

¡Y las centurias romanas... de Marruecos, y las Sibilas, y los Santos Varones! ¡Todos los instrumentos de la Pasión!... ¡Y el instrumento máximo, ¡la Muerte!, entronizada sobre el mundo..., que es un punto final!

¿Morir? ¡Señor! ¡Señor! ¡Libradnos, Señor!
¿Dormir? ¡Dormir! ¡Concedédnoslo, Señor!


Sevilla, mayo, 1923.

martes, 22 de marzo de 2005

Zdzisław Beksiński

Zdzisław Beksiński

Zdzisław Beksiński

EL RINCÓN DEL HAIKU

¡Qué pena!
A mí vienes siguiéndome,
pequeña mariposa.

Kobayashi Issa
(Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo)

lunes, 21 de marzo de 2005

sábado, 19 de marzo de 2005

Don Pedro Tenorio (1377-1399)

JULIO CERÓN NÚMERO TRECE

GUTTA CAVAT CEREBRUM NON VI SED SAEPE CADENDO

Es mentira, pero los ateos y los protestantes se lo creen a pies juntillas, que la Inquisición torturara con una gota de agua que caía y caía sobre el cráneo de la maniatada víctima.
Imaginemos ahora este mismo suplicio multiplicado mil millones de veces, es la ducha. Resumo los estudios sobre el particular:
Quayle, del Media Lab (MIT), ha calculado que una persona que se ducha recibe al año sobre su cerebro treinta mil litros de agua a plomo, un cuarto del caudal de las cataratas de Niágara por segundo a lo largo de su vida. Y el profesor Kreuzberg, de la Universidad de Pisa, habla de fontanelización del "docciante machio" para designar ese mismo fenómeno (sabido es que los niños recién nacidos nacemos con la fontanela sin cerrar). Según Kreuzberg, la ducha surte un efecto de reblandecimiento de la bóveda del cráneo, lo "refontaneliza", cala en la capa superior del cerebro, el pericelio, al cual acaba desintegrando. Ahora bien, así como tienen su sede en el lóbulo derecho bajo los centros nerviosos de la memoria y en la glándula de Picquet el desencadenador de la concupiscencia, respectivamente, así también residen en el pericelio la facultad de compasión y la ternura, el hacerse cargo. Que la ducha destruye. Alborotados duchadores, el cerebro es el bien más valioso que tenemos, no lo lastiméis, no lo sometáis a semejante bombardeo diario, bañaos.

NOTA: Es continuación del número diez.

viernes, 18 de marzo de 2005

CANIBALISMO ESTÉTICO, de Francisco Umbral

Sólo robando de otro se aprende a escribir y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra.
Toda gran obra es un botín múltiple. Al artista le está permitido llevarse el oro de los palacios, siempre que no lo empeñe al día siguiente en Veguillas, sino que haga, de un tenedor, una miniatura a lo Cellini.

jueves, 17 de marzo de 2005

miércoles, 16 de marzo de 2005

ORACIÓN PARA QUE NO MUERA UN PÁJARO

Señor, ¿por qué un pájaro de cerca puede ser un monstruo?
Lo tengo en mis manos, y tiemblo de miedo.
Es como si fuese mi propio corazón.

Tiemblo, porque puedo matar
esta flor caliente y viva,
hacer que por su boca salgan
todas las mañanitas límpidas.

¿Por qué un pájaro es cosa siempre nueva para nosotros?
Señor, ¿por qué en nuestras manos palpita el crimen?

Esta composición pertenece a Barco sin luces, del poeta Luis Pimentel

martes, 15 de marzo de 2005

CARACTERÍSTICAS DE LA ESPAÑA QUE SE PIERDE, de Camilo J. Cela

La de la caspa del cura, el tabaco de cuarterón, el concurso de pedos, el arte de partir nueces con el culo, el virgo de la Vicenteta, la pulga de la Chelito, la cabra despeñada desde el campanario, el choto despedazado por la excavadora, el agarejo, el Judas ardiendo, el Pero Palo, el tiro de sal mismo en las posaderas del cazador furtivo, la cencerrada a la viuda vuelta a casar, el aldabón untado de mierda, el despioje al sol, el arte de cazar liendres con lendrera, la guindilla rabiosa, el ajo regoldador y agresivo, el amor de la gallina clueca, el sartenazo al mozo del pajar, el marculillo, la lavativa de agua jabonosa y mostaza, la "petarda", el montesino conejo de las Lolas y las coplas de Gregorio Mayoral, verdugo de Burgos, en arreglo de Don Damián, el canónigo penitenciario de la catedral de Coria al que la población llamaba Rascallú el de los Fieles Difuntos.

lunes, 14 de marzo de 2005

MARUJITA DIAZ. Vivencias tan lindas.

El mundo nuestro, tú lo sabes, es muy inquietante, porque estamos rodeados de mucha gente.

JULIO CERÓN NÚMERO DOCE

INOCENTADA

Somos libres.

jueves, 10 de marzo de 2005


Este muchacho parece que ha aprendido a volar

UN DESTINO

Mientras escribo me siento justificado; pienso: estoy cumpliendo con mi destino de escritor, más allá de lo que mi escritura pueda valer. Y si me dijeran que todo lo que yo escribo será olvidado, no creo que recibiría esa noticia con alegría, con satisfacción, pero seguiría escribiendo, ¿para quién?, para nadie, para mi mismo.

JORGE LUIS BORGES

miércoles, 9 de marzo de 2005

REPENTIZACIÓN

De pronto Juanito el Berna salió corriendo al Ayuntamiento.

VUELO

Sostiene Víctor García de la Concha que el poeta de Zamora (Claudio Rodríguez) le llamó unos días antes de su muerte y le anunció, parafraseando a San Juan de la Cruz: "Que me voy de vuelo".

martes, 8 de marzo de 2005

JULIO CERÓN NÚMERO ONCE

A LA PRÓXIMA SECRETARIA QUE TE ESPETE EL INSULTANTE "NO ESTÁ, PERO DÉJEME SU NÚMERO Y LE LLAMAREMOS", SUÉLTELE UN ESPLÉNDIDO "NO PUEDO, ESTOY EN EL HOSPITAL Y TELEFONEO A ESCONDIDAS DE LA ENFERMERA"

Es el arma absoluta. Les/las va a desesperar. (Como cuando aquella contraofensiva que acabó con el "está reunido", antecesor del "déjeme su número": una secretaria por ti alquilada telefoneando inmediatamente a las esposas "quiero que sepa que su marido está reunido").

viernes, 4 de marzo de 2005

La olla de los abuelos

Manifiesto futurista

1. Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.
2. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.
3. La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de corrida, el salto mortal, el cachetazo y el puñetazo.
4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.
5. Queremos ensalzar al hombre que lleva el volante, cuya lanza ideal atraviesa la tierra, lanzada también ella a la carrera, sobre el circuito de su órbita.
6. Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad, para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.
7. No existe belleza alguna si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra maestra. La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre.
8. ¡Nos encontramos sobre el promontorio más elevado de los siglos!... ¿Porqué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.
9. Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.
10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria.
11. Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos, cuya hélice flamea al viento como una bandera y parece aplaudir sobre una masa entusiasta. Es desde Italia que lanzamos al mundo este nuestro manifiesto de violencia arrolladora e incendiaria con el cual fundamos hoy el FUTURISMO porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios. Ya por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de ropavejeros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren por completo de cementerios.

jueves, 3 de marzo de 2005

¿Hay alguna relación entre el aire y el espíritu?

¿Qué relación hay entre las pasiones y el riñón?

Nota: hay que pinchar en el título.

Muy relacionado con LA ESFERA, he recordado este poema de BAUTISTA NICOLÁS:

Órbitas

Universo escaso de materia,
lleno de preguntas en la frontera
de la nada.

Espacios inertes entre átomos
como planetas que orbitan perdidos
en la nada.

Imagino el cielo con estrellas
apagadas, los astros no me pesan
casi nada.

¿Qué somos, pompas, pellejos, vacíos,
espejos sin reflejo, caminos
a la nada?

Tan sólo
senderos que observan,
perdidos, cansados,
la vida que pasa,
y buscan
de nuevo tus ojos,
perdidos, cansados,
y no hallan respuestas
a nada de nada.

miércoles, 2 de marzo de 2005

JULIO CERÓN NÚMERO DIEZ

LA DUCHA ES ORTOPEDIA Y MONTAÑAS NEVADAS, FRENESÍ

La "doccia", nos cuenta Montaigne, la inventó un médico de Vicenza para un paciente suyo que tenía hemorroides y no podía estarse ni sentado ni tumbado en su bañera de lapislázuli y lienzo de recamadas gacelas.
La ducha tiene bastante de juventudes de partido único. Siempre listos, marciales, frenéticos, ¡adelante, adelante! y aquello que tienen en común, y compulsivo, de cantar tipo "montañas nevadas". Y a cada vez que se ducha una mujer, llora Botticelli lágrimas de agua verdadera y sal en el retrato que le pintó el inesquivable cargante de la cena, digo esto por la Venus. Y los niños que se duchan ven el doble de televisión que los niños que se bañan, los cuales, mientras, se están serenos y tranquilos en su cuarto, tumbados en la cama, imaginando aventuras.
Mañana tocaré lo más grave, la irreversible secuela que es la lenta demolición de la capa superior del cerebro por obra de la ducha diaria, diaria, diaria, diaria.