martes, 31 de mayo de 2005

RECOMENDACIÓN

“Un barco en una dársena, rodeado de muelles y de los muros de los almacenes, tiene el aspecto de un preso meditando sobre la libertad con la tristeza propia de un espíritu libre en reclusión. Cables de cadena y sólidas estachas lo mantienen atado a postes de piedra al borde de una orilla pavimentada, y un amarrador, con una chaqueta con botones de latón, se pasea como un carcelero curtido y rubicundo, lanzando celosas, vigilantes miradas a las amarras que engrillan el barco inmóvil, pasivo y silencioso y firme, como perdido en la honda nostalgia de sus días de libertad y peligro en la mar”.

DOS HAIKUS DE EL PEZ

Estas piezas memorables no pueden quedar ocultas en los comentarios.

Amanecía
Sobre tus lindos ojos
Y tus mejillas.

Entre mis piernas,
sábanas enroscadas
como tus piernas.

SOLEDAD, de Pedro de Miguel

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.
No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.
FIN

lunes, 30 de mayo de 2005

domingo, 29 de mayo de 2005

Big Rock Candy Mountain


Solid country gold

CÍRCULO VICIOSO

Toma un círculo, acarícialo,
y se convertirá en un círculo
vicioso.

Ionesco. La cantante calva.

Tomado del blog de Arcadi Espada

sábado, 28 de mayo de 2005

VUELO SIN ORILLAS, de Oliverio Girondo

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestables riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
—de sideral constancia—
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
—ni unas manos celestes—
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

NOTA: esto es una poesía, lo demás es literatura.

viernes, 27 de mayo de 2005

MÓNICA BELLUCCI

DE CUÁL SEA LA PROTECCIÓN MEJOR CUANDO ALGUIEN SE PONE A HABLARNOS EN EL ASCENSOR

Un lector que dice ser mayor que yo, lo cual pongo educadamente en duda, me escribe en atenta carta (entresaco): "Así que a mi edad sigo así. Vivo desde pequeño en el mismo piso alto de una casa con ascensor. Desde que tengo uso de la palabra y obligación social de contestación, la misma zozobra al coincidir (los siete pisos de subida, a lo mejor) con otra persona. La tensión consiguiente, el no ocurrírsete nada que decir. Angustia, y no exagero, en suma. ¿Tiene usted alguna fórmula, profiláctico, algo de lo que sea y que me libere por fin? Porque también le digo que, si a punto de entrar en el portal veo que otro se me ha adelantado, soy capaz de pasar de largo y dar media vuelta a la manzana, el tiempo que calculo que ese individuo habrá cogido ya el ascensor. Pero la situación insalvable es cuando estoy esperando a que baje. Solo. Y llega entonces otro para lo mismo. ¡Estás pillado!"
Tengo, en efecto, dos "recetas", que me han dado siempre buen resultado. La primera, brutal, es que, antes de que empiece el otro a comentarme algo, se lo comento yo (por ejemplo, "Hace fresquito") con el lenguaje manual de los sordomudos, lo cual le turba y paraliza. La segunda es de fuego lento: el ascensor ha acabado de bajar y el otro se dispone a abrir la cancela, para subir conmigo. Le miro el espacio de un segundo mientras me palpo los bolsillos, le digo:
- Espéreme, por favor, se me han olvidado las llaves de mi piso.
Y echo a correr escaleras arriba.

Julio CERÓN.

jueves, 26 de mayo de 2005

FUNK YOU

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AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA

Los versos que usted leerá a continuación (no me diga que no va a leerlos, que se va a resistir a la curiosidad, porque no me lo creo) pertenecen al poemario LA REGIÓN ENCENDIDA, de MANUEL GAHETE JURADO, poeta cordobés nacido en Fuente Obejuna en 1957. El libro ganó el X Premio Nacional de Poesía "San Juan de la Cruz-Colonia Fontivereña Abulense", en 1999.

Un hombre está mirando a una mujer que toca
con sus manos la lumbre.
Ella ríe y no cesa de beber en la sal que deja el beso
con un río de plata por la sangre.
Y me mira y percibe la oscuridad que arrastro desde antiguo
con el vacío de Dios en la mirada.
Hemos reconocido en este eterno celo de mirar y mirarnos
que ni la vida puede abatir con sus garfios amor tan poderoso.

Añado otro poema, que este poeta me gusta mucho:

Vitral

Te derramaste azul sobre mis ojos
como el azúcar ebrio del granizo
besa las azucenas. Y era invierno.

Te quise añil bajo mi vientre oscuro:
en el fragor, mis miembros, tu avaricia,
el estertor de alas sobre el cuerpo.

No existe nieve, mar, cristal, rocío
capaz de guarecerme de esa llama.
Cercado estoy, mujer, en tu universo.

Y un poco más:

Dime tú el alba,
la región encendida,
cómo hallar la manera que mis labios pronuncien sólo un beso en tu boca.

NOTA FINAL:
Viva el Liverpool, que ha vencido limpiamente a la soberbia.

miércoles, 25 de mayo de 2005

HEY JOE

UN ANÓNIMO (es auténtico, no es mi subconsciente)

Estás sonada tía.
A ver si follas un poco más.

POLLA, CIPOTE, NABO, SALCHICHA DEL AMOR, RABO, VERGA.
POLLA, CIPOTE, NABO, SALCHICHA DEL AMOR, RABO, VERGA.
POLLA, CIPOTE, NABO, SALCHICHA DEL AMOR, RABO, VERGA.
POLLA, CIPOTE, NABO, SALCHICHA DEL AMOR, RABO, VERGA.
POLLA, CIPOTE, NABO, SALCHICHA DEL AMOR, RABO, VERGA.

Aclaración: bueno, está firmado por un/una tal KOKA, encontrado en un foro poético, donde van almacenando poesías varias. Les robaré algunas, seguro.

EL ESCRITOR TOTAL

Bernard Pivot. Son las 21 horas, 47 minutos. Habitualmente, ¿qué hace usted a esta hora?

Vladímir Nabokov. A esta hora, señor mío, estoy bajo el edredón, con tres almohadas bajo la cabeza, con el gorro de dormir, en mi modesto dormitorio, que también me sirve como gabinete de trabajo. Una lámpara de cabecera muy fuerte, el faro de mis insomnios, todavía arde sobre la mesita de noche, pero pronto será apagada. Tengo en la boca una pastilla de grosella, y entre las manos una revista de Nueva York o de Londres. Lo dejo a un lado, apago, vuelvo a encender renegando en voz baja, para meterme un pañuelo en el bolsillo del camisón. Y empieza el debate interior: ¿tomar o no tomar un somnífero? ¡Qué deliciosa es la decisión positiva!

B. P. Pero ¿cuál es su horario en un día normal?

V. N. Pongamos una jornada de mediados de invierno, en verano hay más variedad. Me levanto entre las seis y las siete, y escribo a lápiz (...), de pie ante mi atril, hasta las nueve. Después de un desayuno frugal, mi mujer y yo leemos el correo (...). Después me afeito, tomo un baño, me visto. Nos paseamos durante una hora por los floridos muelles de Montreux. Y después del almuerzo y de una breve siesta, viene mi segundo periodo de trabajo, hasta la cena. Éste es el programa típico.

B. P. Cuando era un poco más joven, ¿ya tenía esos horarios o en aquella época tenía usted pasiones, repentes, impulsos que perturbaban su días y sus noches?

V. N. ¡Y cómo! A los veintiséis, treinta años, la energía, el capricho, la inspiración, todo eso me llevaba a escribir hasta las cuatro de la madrugada. Rara vez me levantaba antes de las doce, y escribía todo el día tumbado en un diván. El bolígrafo y la posición horizontal, ahora, han dado paso al lápiz y la austera vertical. Se acabaron los repentes. ¡Pero cómo adoraba el despertar de los pájaros, el canto sonoro de los mirlos que parecían aplaudir las últimas frases del capítulo que había compuesto!

LOLITA

V. N. Pues bien, no, Lolita no es ninguna niña perversa. Es una pobre niña, a la que corrompen, y cuyos sentidos nunca llegan a despertarse bajo las caricias del inmundo señor Humbert. [...] Y es bastante interesante plantearse, como dicen los periodistas, el problema de la estúpida degradación que el personaje de la nínfula, que yo inventé en 1955, ha sufrido en el ánimo del gran público. No sólo la perversidad de esa pobre criatura ha sido grotescamente exagerada, sino también su aspecto físico, su edad, todo ha sido modificado por las ilustraciones de las publicaciones extranjeras.
En realidad, Lolita, repito, es una niña de doce años, mientras que el señor Humbert es un hombre maduro, y es el abismo entre su edad y la de la niña lo que produce el vacío, ese vértigo, la seducción, la atracción de un peligro mortal. En segundo lugar, es la imaginación del triste sátiro la que convierte en criatura mágica a esa pequeña colegiala americana, tan trivial y normal en su tipo como lo es el cura frustrado Humbert en el suyo. Fuera de la mirada maniaca de Humbert, no hay nínfula. La nínfula Lolita sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert. Éste es un aspecto esencial de un libro singular que fue falseado por una popularidad artificiosa.

AJEDREZ, PSICOANÁLISIS Y POLÍTICA

V. N. Lo que siempre me ha atraído del ajedrez es precisamente el truco con trampa, la combinación oculta, por eso abandoné los campeonatos para dedicarme a la composición de problemas de ajedrez. No dudo de que existe un íntimo vínculo entre ciertos espejismos de mi prosa y el tejido, brillante y oscuro a un tiempo, de los problemas de ajedrez [...]. Me gusta sobre todo componer los problemas llamados "suicidas", en que las blancas obligan a las negras a ganar. Sí, Fischer es un ser extraño, pero no hay nada anormal en el hecho de que un jugador de ajedrez no sea anormal. Lo normal es que sea así, como el caso del gran Rubinstein, de principios de siglo. Del manicomio donde solía vivir, una ambulancia lo llevaba cada día al café donde se celebraba el torneo, y luego lo devolvía a su casilla negra, después del juego. No le gustaba ver a su adversario, pero una silla vacía al otro lado del tablero todavía le irritaba más. Entonces pusieron allí un espejo, y él veía su reflejo, o acaso al verdadero Rubinstein. [...]

B. P. Usted parece no apreciar mucho a Freud, según me ha parecido comprender.

V. N. Eso no es del todo exacto. Yo aprecio mucho a Freud como autor cómico. Sí, sí, cómico. Las explicaciones que da sobre las emociones de sus pacientes y sus sueños son de un chistoso increíble. Eso sí, hay que leerlo en la lengua original. No comprendo cómo alguien puede tomarlo en serio. No hablemos más de él, se lo pido por favor.

B. P. Los escritores políticos tampoco parecen figurar entre sus autores de cabecera.

V. N. Suelen preguntarme quién me gusta y quién no me gusta, entre los novelistas comprometidos o sin comprometer de nuestro siglo maravilloso. Bien, ante todo no aprecio al escritor que no ve las maravillas de este siglo, las pequeñas cosas, la informalidad del atuendo masculino, el cuarto de baño, el cuarto de baño que sustituye al inmundo lavabo. Las grandes cosas, como la libertad sublime del pensamiento en nuestro doble Occidente, y la luna. ¡La luna! Recuerdo con qué escalofríos de delicia, de envidia y de angustia miraba en la pantalla de televisión los primeros pasos flotantes del hombre en el talco de nuestro satélite, y cómo despreciaba a aquellos que sostenían que no valía la pena gastar tantos dólares para pisar el polvo de un mundo muerto.

Traducción de Lluís Maria Todó
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita".

martes, 24 de mayo de 2005

lunes, 23 de mayo de 2005

ATARDECER, de Oliverio Girondo

ÍBAMOS entre cardos,
por la huella.

La vaca me seguía.

No quise detenerme,
darme vuelta.

La tarde, resignada,
se moría.

Íbamos entre cardos,
por la huella.

Su sombra se mezclaba
con la mía.

Yo miraba los campos,
también ella.

La vaca, resignada,
se moría.

sábado, 21 de mayo de 2005

NOTICIAS DE LEOPOLDO MARÍA PANERO

“Seré un monstruo, pero no estoy loco”
“Escribir, delirar y soñar es la única defensa”, afirma Leopoldo María Panero.
Lo ha escrito él mismo: "Sólo soy a ratos". Y, es cierto, hay al menos dos Paneros dentro de Leopoldo María Panero: el que se siente solo y el que dice sentirse acompañado "por los gremlims", el que sabe de memoria muchos de sus poemas y los teléfonos de sus editores y el que contesta con un lacónico "no sé", el que no busca más que ser "una persona normal" y el que se considera la reencarnación de Charles Baudelaire, el que pide voluntariamente su ingreso en un sanatorio y el que clama por salir de él.
El día en que tuvo lugar esta conversación, uno de los tantos Paneros posibles acudió a la recepción del hospital psiquiátrico de Las Palmas escuchando en un walkman a Los Chichos -"me gusta la marcha, la pachanga. También Alban Berg y Stockhausen"- y con una bolsa de tela al hombro de la que a lo largo de las horas fue sacando unas gafas de concha, varias cintas y un puñado de libros, entre ellos, un ejemplar del Locus Solus, de Raymond Roussel, otro de las poesías de Emily Dickinson, traducidas por Silvina Ocampo, y el original ajado de Prueba de vida, la particular autobiografía "de la muerte" en la que lleva meses trabajando. Una vez en la sala de visitas del sanatorio, Panero se derrumbó en un sillón y sacó uno de los tres paquetes de cigarrillos que llevaba en el bolsillo de la camisa. Salvo a la hora de la comida, nunca dejaría de fumar. Lo hace compulsivamente, sin solución de continuidad, mientras bebe litros de café y coca-cola. "Hay mucha gente rara en este sanatorio", afirmó nada más llegar. "Esto parece una mezcla entre el Folies Bergère y el infierno de Dante. Estoy deseando marcharme. Aquí no hacen más que torturarme".
P. ¿Lee poesía española? ¿A sus contemporáneos?
R. A Gimferrer y a Félix de Azúa. Pero, sobre todo, el barroco: Góngora, Quevedo no tanto. Juan de Jáuregui, los Argensola, el conde de Villamediana. ¿Del siglo XX? Una gota de Cernuda y una gota de Lorca. De Lorca me gustan sobre todo los Sonetos del amor oscuro, y nada Poeta en Nueva York. De los posteriores me gustan Gil de Biedma y Claudio Rodríguez. No me gusta nada Valente. Murió ¿verdad? Lo que me gusta de verdad es la poesía norteamericana moderna (Cummings, Allan Tate, Marianne Moore...), pero no la poesía beat (Ferlingetti, y todos esos). No me gusta la poesía conversacional. Hay dos líneas en la poesía norteamericana: una que viene de Whitman (coloquial y prosaica) y otra que viene de Poe (esteticista y perfecta). Ésta es la que me interesa a mí.
P. ¿Sigue pensando que la poesía demuestra que la locura existe?
R. Yo seré un monstruo, pero no estoy loco.
P. ¿Por qué dice eso? R. Porque me veo monstruoso. Aplasto los cigarrillos en el suelo, como si fueran niños.
P. ¿Existe, pues, la locura?
R. La locura existe, no así su curación. Al contrario de lo que se piensa, lo malo es el consciente, no el inconsciente. Como decía Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo vuelve monstruoso.
P. Es muy crítico con la psiquiatría.
R. La psiquiatría es una estafa. La psiquiatría delira. Eso lo demostró perfectamente Foucault en su historia de la locura, que es un estudio metodológico de la psiquiatría como delirio. Los manicomios, las cárceles y los cuarteles son lugares de privación de la vida. Los manicomios son el Estado de no-derecho, por eso para mí salir de aquí cada día es como el descendimiento de la cruz. Por la noche vuelven a clavarme.
P. Pero podría marcharse si quisiera.
R. He pedido el alta mil veces. Yo no quiero estar aquí. Nadie se ahorca con sombrero, como decía Gérard de Nerval. Aquí odian el pensamiento, como en toda España. Por eso delirar y soñar es una defensa. Y por eso para "curarte" se empeñan en quitarte las fantasías.
P. ¿Por qué cita constantemente?
R. Para ser escuchado y creído. Y no desoído sistemáticamente, como siempre.
P. ¿Nunca ha escrito un diario?
R. De niño. De pequeño yo era autista, como Einstein, y pensaba que el mundo había sido hecho para mi mal. A los cuatro años, como no sabía escribir, le dictaba poemas a mi madre: "Y mi corazón temblaba / pero era un sueño / y fueron muriendo muchos soldados de la guardia del Rey / pero mi corazón seguía temblando". Eran poemas perfectos, como de Wallace Stevens. A Dámaso Alonso le gustaron mucho. Mis padres estaban aterrorizados.
P. ¿Habla en la autobiografía de su militancia antifranquista?
R. Me metí en el PCE en sexto de bachillerato. Llevaba a casa la cartera llena de libros de estética marxista.
P. ¿Sigue la política? ¿Lee la prensa?
R. Los periódicos en España han tenido que elegir entre la locura y la verdad, y tanto los que han elegido una cosa como la otra han elegido bien, porque las dos se parecen mucho. ¿Qué es la verdad? Ésa es la pregunta de Pilatos en la Biblia, que es el libro sagrado de los españoles que no lo han leído. El único malestar en la cultura y la única revolución posible es la de la locura, que debiera ser un cambio y no un trastorno en la percepción.
P. ¿Usted tiene miedo de envejecer?
R. No me da miedo, pero no me gusta nada. Un joven piensa como un dios, un viejo, como un miserable. Aunque la juventud, lo dice Villon citando el Eclesiastés, no es más que abuso e ignorancia.
P. ¿Cree que se aprende algo con la edad?
R. Como decía Hegel, la única conciencia posible de la vida es la conciencia del mal de la vida.
Recluido en el psiquiátrico de Las Palmas, el poetamadrileño, que acaba de publicar su Poesía completay dos nuevos libros, habla de literatura, política, psiquiatría y de la autobiografía en la que trabaja.
Texto: JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

viernes, 20 de mayo de 2005

RELATADURAS

He recibido otra vez la visita de JUAN CARLOS MÁRQUEZ. Muchas gracias. Puesto que le considero un gran cuentista, a pesar de su juventud, he puesto un enlace permanente en Aires nuevos. Que ustedes lo disfruten.

INDIVIDUO QUE ESCRIBE LA HISTORIA DE SU VIDA NO ES DIGNO DE HABERLA VIVIDO

Muerto que no pide que entierren con él sus memorias, si acaso las ha escrito (lo cual sería ya de por sí mala señal), muerto que se merece que le claven una estaca de fresno en el corazón después de muerto. Yo me libré de milagro. Lo cuento:
Un día, hace muchos años, también a mí me dio por ahí. Empecé a escribir mi autobiografía. Pero nada más haber puesto "Nació ..." en la blanca holandesa sentí un dolor intenso. Llamaron de casa al 15 (porque aquí es el quince), vino la ambulancia, me llevaron al hospital del Montauban, la ciudad más cercana. El médico de guardia me comentó luego:
- Su frágil constitución le ha salvado. La angina de pecho que ha tenido resultó ser contacircuitos del infarto. Ayer enterramos al hermano mayor de mi mujer. Era fuerte como un toro. Luego fue más lejos que usted: consiguió escribir hasta dos frases, fue lo que le remató. Cuñado de un cardiólogo, sabía perfectamente que toda escritura autobiográfica es isquémica y espesante, a pesar de lo cual cometió la misma imprudencia fatal. A la edad de ustedes, escribir memorias es peor que fumar un recién nacido. Bien ¿qué le ha dejado a su viuda, que mantengo yo ahora? Le ha dejado "Nací el 14 de agosto de 1928. Mi primer recuerdo es de 1932, una voz que salía de la radio y decía ...".
Se levantó entonces el doctor y abrió ...
Iba a haber seguido contando, pero siento de pronto un dolor intenso. Puede ser fatiga, puede ser cansancio, puede ser lo que usted está pensando.

Julio CERÓN

jueves, 19 de mayo de 2005

DIVERSIÓN ASEGURADA

QUÉ ES UN WEBLOG
Es un diario personal que tendrán algunos miembros de Nuevas Generaciones que se comprometen a escribir periódicamente artículos de opinión sobre los principales temas de actualidad.

FIJACIONES (Fotos, a very beauty fotos)


Atardecer

miércoles, 18 de mayo de 2005

FUZZMAIL

Habría sido la solución para la crítica literaria:

http://www.fuzzmail.org/

¡Traduttore, tradittore!

Un haiku de Borges

La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido

martes, 17 de mayo de 2005

SOPHIE MARCEAU

Profecía

mis manos huelen a humo del pasado

ESPANTOSO Y GENIAL, de Mario Vargas LLosa

EL PAÍS - Opinión - 15-05-2005
El historiador Benito Bermejo, residente en Viena, debe ser muy quisquilloso, uno de esos espíritus rectilíneos e implacables en la búsqueda de la verdad. Sólo a alguien así se le hubiera ocurrido ponerse a averiguar si en los archivos de los campos de exterminio nazi de Mauthausen y de Flossenburg aparecía el nombre de Enric Marco, el más visible y publicitado del puñadito de deportados españoles que sobrevivió al horror pardo, víctimas del cual perecieron, en aquellos y otros campos de aniquilamiento hitlerianos, siete mil de sus compatriotas.
Enric Marco, nacido en 192l, conocido como "el deportado número 6.448", era presidente de la asociación Amical Mauthausen, que cuenta con 650 socios en España, cargo para el que había sido re-elegido el 1 de mayo, y se encontraba ya en Austria, rumbo a Mauthausen, para participar en las ceremonias conmemorativas de los 60 años del fin del nazismo, a las que iba a asistir Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, cuando el historiador concluyó su rastreo y elaboró su informe. Marco tenía, en su bolsillo, el discurso que había preparado para leerlo en aquella ocasión. Desconcertada, estupefacta con las conclusiones de Bermejo, la Amical de deportados españoles pidió a su presidente que, mientras se aclaraban las cosas, regresara a España. Su discurso lo leyó en Mauthausen otro deportado, Eusebi Pérez.
En Barcelona, conminado por los miembros de la Amical Mauthausen a presentar pruebas que desmintieran a Bermejo, Enric Marco confesó que aquél había descubierto la verdad: era un impostor, nunca había estado en un campo de concentración nazi, desde hacía 30 años engañaba a todo el mundo. ¡Y de qué manera! En 1978 había publicado una autobiografía, Los cerdos del comandante, que enriqueció en 2002 en un volumen colectivo titulado Memoria del infierno, en la que narraba con atroz dramatismo las infinitas crueldades, humillaciones y vejaciones de toda índole que padecían los deportados antes de ser exterminados por sus verdugos nazis en los campos de concentración. Como miembro de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos de Cataluña, de la que fue vicepresidente veinte años, el incansable Enric Marco daba unas 120 charlas y conferencias cada año en los colegios, educando a los jóvenes sobre los crímenes y atropellos cometidos por el totalitarismo nazi. Sus empeños fueron reconocidos y premiados por las instituciones democráticas de múltiples maneras. La Generalitat de Cataluña, por ejemplo, le otorgó en 2001 la Cruz de Saint Jordi por toda una vida entregada a la lucha antifranquista y sindicalista. Y el 28 de enero de este año, Enric Marco fue recibido por el Congreso Nacional de España, donde su desgarrador testimonio causó una profunda impresión en todos los parlamentarios, con evocaciones como ésta: "Cuando llegábamos a los campos de concentración en esos trenes infectos, para ganado, nos desnudaban, nos mordían sus perros, nos deslumbraban sus focos. Nosotros éramos personas normales, como ustedes. Nos gritaban en alemán links, recht -izquierda, derecha-. No entendíamos, y no entender una orden podía costar la vida". Las cámaras de la televisión mostraron que a algunos congresistas españoles, como Carme Chacón, la joven vicepresidenta de la Cámara Baja, las palabras del sobreviviente del infierno les llenaban los ojos de lágrimas.
¿Cómo pudo engañar a tanta gente por tanto tiempo? ¿Cómo pudo llegar a los 84 años de edad que ahora tiene sin que ni su propia esposa y sus hijas llegaran a sospechar que toda su biografía pública era un embauco monumental? Da vértigo imaginar el esfuerzo de memoria y las invenciones constantes que tuvo que hacer a diario, para no caer en contradicciones que lo delataran ni despertar recelos. Debió de vaciarse de sí mismo y reencarnarse en el fantasma que se fabricó. Lo más extraordinario es que engañara a quienes estaban mejor equipados que nadie para desenmascararlo: las españolas y españoles que sí habían vivido el horror concentracionario y escapado poco menos que de milagro a la muerte. Los engañó tan bien que lo convirtieron en su portavoz y dirigente, a lo largo de muchos años. Para perpetrar una farsa de este calibre no basta carecer de escrúpulos; es preciso ser un genio, un fabulador excepcional, un eximio histrión.
Desde que la noticia salió a la luz, hace pocos días, leo en los diarios, escucho en las radios y veo en la televisión todo lo relativo a Enric Marco con la fascinación que me han merecido las novelas más queridas. Las explicaciones que ofrece sobre su proceder tienen un inconfundible saborcillo borgiano y él mismo parece un tránsfuga de la Historia universal de la infamia. Según su amañada biografía, él fue uno de los republicanos españoles que salió al exilio, al término de la guerra civil, a Francia, donde, como muchos compatriotas suyos, se incorporó a la resistencia al comenzar la segunda Guerra Mundial para luchar contra los nazis. Entonces, cayó en manos de la Gestapo, que, luego de torturarlo, lo envió al campo de Flossenburg, de donde lo liberaron las tropas aliadas en 1945. En esta fecha, entró clandestinamente a España, enviado por la CNT, a luchar contra la dictadura franquista. En 1978, el ficcionista llegó, aunque ustedes no lo crean, a ser elegido secretario general de esa central sindical.
Aunque su verdadera historia probablemente no se conocerá nunca, lo que Enric Marco reconoce ahora es que en 1941 salió de España, como voluntario, para ir a trabajar en las industrias de la Alemania nazi. Y que allí, por violar la censura, fue capturado por la Gestapo, que, en vez de enviarlo a los campos, lo retuvo y torturó en sus calabozos, de los que salió en 1943. ¿Por qué se fabricó la falsa identidad de deportado? "Por una buena causa": para poder ser más convincente y efectivo en sus campañas contra el totalitarismo, para que sus esfuerzos encaminados a alertar las conciencias contra los crímenes del nazismo y sobre los suplicios y el coraje de los deportados fueran más persuasivos y dejaran una huella más imperecedera en la memoria de las gentes. Aunque reconoce que mintió, no se arrepiente. "Todo lo que cuento lo he vivido, pero en otro sitio; sólo cambié el lugar, para dar a conocer mejor el dolor de las víctimas". "Nadie tiene derecho a decir que el dolor en una cárcel de la Gestapo no es igual que el dolor en un campo de concentración". "Cambié el escenario, pero yo también soy un superviviente. ¿Cómo se atreve alguien a decirme que yo no era de los suyos sólo porqueno estuve en un campo de concentración?".
Los auténticos deportados no parecen nada convencidos por estas razones y, como es natural, hablan con amargura y tristeza del engaño de que han sido víctimas. La Generalitat se ha apresurado a quitarle a Enric Marco la Cruz de Sant Jordi y distintas asociaciones amenazan con llevarlo ante los tribunales por la larga impostura que encarnó. Todo lo cual, ética y cívicamente, parece de justicia.
Sin embargo, a la par que mi repugnancia moral y política por el personaje, confieso mi admiración de novelista por su prodigiosa destreza fabuladora y su poder de persuasión, a la altura de los más grandes fantaseadores de la historia de la literatura. Éstos fraguaron y escribieron la historia del Quijote, de Moby Dick, de los hermanos Karamazov. Enric Marco vivió e hizo vivir a cientos de miles de personas la terrible ficción que se inventó. Ella se hubiera incorporado a la vida, pasado de mentira a verdad, integrado a la Historia con mayúsculas si el historiador Benito Bermejo, ese aguafiestas, ese maniático de la exactitud, ese insensible a las hermosas mentiras que hacen llevadera la vida, no hubiera empezado a hurgar los archivos del III Reich en busca de precisiones y datos objetivos, hasta desbaratar y poner fin al espectáculo que, en el escenario de la vida misma, venía representando desde hacía treinta años, con formidable éxito, el ilusionista Enric Marco.
Todo esto lleva a reflexionar sobre lo delgada que es la frontera entre la ficción y la vida y los préstamos e intercambios que llevan a cabo desde tiempos inmemoriales la literatura y la historia. Enric Marco tiene los pies firmemente asentados en ambas disciplinas y será muy difícil que alguien consiga separar lo que en su biografía corresponde a cada uno de esos ámbitos. Como en las mejores novelas, él se las arregló para fundirlos en su propia vida de manera inextricable. Él mismo es una ficción, pero no de papel, de carne y hueso.
En mi primero o segundo año de universidad tuve que hacer un trabajo sobre la Amazonia, y entre los libros que consulté figuraba uno, de Geografía, escrito por un sacerdote, el padre Villarejo, que había recorrido esa región al revés y al derecho, pernoctado en las tribus y aprendido, incluso, creo, algunos dialectos. El libro no lo he olvidado porque en él se daba valor científico, realidad monda y lironda, a animales y plantas imaginarios, que existían sólo en las leyendas y mitos del folclore amazónico. Estoy seguro de que, a diferencia de Enric Marco, el padre Villarejo no quería engañar a nadie y seguramente su vocación científica lo hacía desconfiar de la ficción. Simplemente, tomó como verdades objetivas las informaciones recogidas en sus viajes de boca de unas mujeres y unos hombres para los que todavía no existían esas barreras racionales, estrictas, entre lo objetivo y lo subjetivo, la vigilia y el sueño, la verdad y la mentira, la magia y la ciencia, inexistentes en el mundo primitivo. De esta manera, su manual de Geografía, sin quererlo él ni saberlo, abrió una puerta a la invención y a la fantasmagoría, y hoy día, aunque los científicos lo descarten, existe, como parte de la literatura, y, más precisamente, del realismo mágico.
Señor Enric Marco, contrabandista de irrealidades, bienvenido a la mentirosa patria de los novelistas.

lunes, 16 de mayo de 2005

EXTRAVÍO DE LA AUREOLA

-Pero, ¿cómo? ¿Vos por aquí, querido? ¡Vos en un lugar de perdición! ¡Vos, el bebedor de quintas esencias! ¡Vos, el comedor de ambrosía! En verdad, tengo de qué sorprenderme.
-Querido, ya conocéis mi terror de caballos y de coches. Hace un momento, mientras cruzaba el bulevar, a toda prisa, dando zancadas por el barro, a través de ese caos movedizo en que la muerte llega a galope por todas partes a la vez, la aureola, en un movimiento brusco, se me escurrió de la cabeza al fango del macadán. No he tenido valor para recogerla. He creído menos desagradable perder mis insignias que romperme los huesos. Y además, me he dicho, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo pasearme de incógnito, llevar a cabo acciones bajas y entregarme a la crápula como los simples mortales. ¡Y aquí me tenéis, semejante a vos en todo, como me estáis viendo!
-Por lo menos deberíais poner un anuncio de la aureola, o reclamarla en la comisaría.
-No, a fe mía. Me encuentro bien aquí. Vos sólo me habéis reconocido. Por otra parte, la dignidad me aburre. Luego, estoy pensando con alegría que algún mal poeta la recogerá y se la pondrá en la cabeza impúdicamente. ¡Qué gozo hacer a un hombre feliz! ¡Y, sobre todo, feliz al que me dé risa! ¡Pensad en X o en Z! ¡Vaya! ¡Sí que va a ser gracioso!
robado de El spleen de París, de Charles de Baudelaire.

viernes, 13 de mayo de 2005

VISIÓN Y PLEGARIA, de Dylan Thomas

"Visión y plegaria" describe el estado de inocencia anterior a la caída. La primera parte "Visión" está compuesta de seis poemas escritos caligramáticamente, con sílabas combinadas en su extensión y tipografía de modo que formen la imagen del útero —se ha respetado esto en la traducción—. Se describe el asombro de nacer, de ser testigo de otro nacimiento :

Quien
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
sobre el fantasma y el hijo que desciende
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura

En cuanto a la segunda parte "Plegaria" es la manifestación de la comunión total con la naturaleza, del llamado de Dios, de la purificación solar. Estos poemas describen el sitio donde no hay pecado ni condena, sino conocimiento gozoso de cuáles elementos del hombre pertenecen a la tierra, cuáles a la temporalidad y cuáles a lo eterno. Formalmente la serie está compuesta de seis poemas que a primera vista semejan una clepsidra pero en realidad muestran la figura del santo Grial tal como aparece en algunos grabados antiguos. Reproduzco el último de esta serie considerada como una de las mejores composiciones devocionales de Dylan Thomas:

Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo
Alguien
me encuentra
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece
y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol

Traducción y notas: ELIZABETH AZCONA CRANWELL

jueves, 12 de mayo de 2005

Se me olvidó

REFORMA GENERAL, por Josep Ramoneda

EL PAÍS - España - 12-05-2005
Sin demasiado ruido, sin grandes discursos, quizás porque estos son tiempos poco dados a los despliegues ideológicos aparatosos, el presidente Rodríguez Zapatero ha puesto en marcha el proyecto de reformas más ambicioso que la democracia española ha tenido desde la transición. Y en plena mudanza ha llegado su primer debate del estado de la nación. No es extraño que la derecha acuse el golpe y que Rajoy haya empezado diciendo que la historia recordará a Zapatero "no por lo que ha hecho sino por lo que ha deshecho".

La legislación en materia de costumbres, los derechos civiles, la política social, la organización territorial, la financiación autonómica, la Constitución, últimamente todo se está moviendo mucho. La irritación de la derecha tiene dos causas: el resentimiento por el triste final del aznarismo, pero también la reacción contra el trabajo de Zapatero que va minando, sin contemplaciones, todos los referentes ideológicos, morales y estratégicos del Partido Popular. El cambio ha sido fuerte: el PP había puesto en marcha, en su último mandato, un sucedáneo de la revolución conservadora dictada desde Washington, que debería haberse completado en este mandato. El PP había llegado predicando el liberalismo y, a medida que sintió la impunidad de gobernar, evidenció su carácter profundamente conservador y se convirtió en el Gobierno más intervencionista de la democracia. De pronto, llega Zapatero y coloca al país en una dirección sensiblemente distinta. La podríamos llamar liberalismo de izquierdas. Por su vistosidad, el icono del cambio fue la retirada de las tropas de Irak. Pero para la vida cotidiana de los españoles y para el paisaje del país vendrían después otros cambios más importantes.

Zapatero ha empezado por las reformas en materia de derechos civiles y de costumbres, en las que el matrimonio homosexual ha sido la estrella, afirmando rotundamente la laicidad del Estado. La Iglesia ha ejercido de fuerza de choque, apelando incluso al Rey para que ejerza la insumisión, lo cual ha permitido a Rajoy quedarse en segundo plano. Zapatero ha podido aprobar estos cambios con su mayoría parlamentaria, sin el Partido Popular, porque sabe perfectamente que estos derechos, una vez adquiridos, no tienen vuelta atrás. Cuando se produce la alternancia no hay Gobierno, por muy ideológico que sea, capaz de retirar los derechos adquiridos.

También para la reforma social, el Gobierno puede bastarse con su mayoría. Es perfectamente lógico que la percepción de la derecha y la izquierda sea distinta en estas materias. Y, sin duda, los electores de Zapatero esperan que su presencia deje huella. Cuando la derecha regrese, también en este terreno le costará limitar conquistas ya adquiridas. El ejemplo de la derecha francesa es ilustrador: ha querido cargarse la ley que fijaba en treinta y cinco horas el trabajo semanal y está contra las cuerdas.

Pero hay tres terrenos en que sería deseable para Zapatero contar con el PP: las reformas educativas, para las que ha propuesto solemnemente un pacto en su discurso; las modificaciones estatutarias y constitucionales (para éstas el PP es legalmente indispensable); y el proceso de pacificación de Euskadi. En los tres casos el consenso, además de seguir la pauta de la breve historia de la democracia española, es garantía de estabilidad y condición para evitar maniobras que puedan dar al traste con determinadas expectativas. Sin embargo, ha quedado claro en la intervención de Rajoy que el PP no está por la labor. Y que su presidente ha preferido gustar a los fans de Aznar que hablar de cuestiones de fondo. Realmente Rajoy anda con dificultades y escaso de argumentos cuando lo fía todo al incendiario discurso del Gobierno rehén de Esquerra Republicana y Pasqual Maragall. El catastrofismo de la parte de su discurso dedicada al desmantelamiento de España, confirma que Rajoy no tiene hoy otra estrategia que envolverse en la bandera española.

El bronco discurso de Rajoy hace pensar que el PP sólo confía en la movilización de los incondicionales. En sus agrias palabras resonaba el eco de la incitación a la insumisión de la Iglesia católica. Zapatero ha podido confirmar que sus reformas han hecho daño a la derecha. Está rabiosa. Pero Zapatero debe saber también que el proceso de cambios será mucho más difícil de recorrer con un PP atrincherado en el pasado. Y que difícilmente podrá contar con él en su intento de pacificar Euskadi. Si esa es la reacción de la derecha civilizada a un año de Gobierno socialista, ¿cómo reaccionará la que no lo es?

Pornography, de los Cure



Escuche, si lo desea, el disco aquí.

miércoles, 11 de mayo de 2005

Un resumen del científico libro de Cipolla


ANA Y PAPÁ

INVENTARIO

Llevo dos días sin escribirte, Eliacim, perdóname. Quizás hayan sido, incluso, más de dos, perdóname de todas maneras, te aseguro que no fue mía la culpa, hijo mío. He estado muy ocupada preparando un minucioso inventario de toda la casa: sillas, catorce; butacas, tres; sofás, dos, uno forrado de cuero y otro de seda color granate, a juego con la cortina, algo viejo ya; mesas, cuatro; vasos, once, ocho finos y tres ordinarios, etc. Esto de los inventarios, hijo mío, es una gran pesadez, una monótona cantinela: alfombras, tres; alfombras de pie de cama, cuatro; camas, cinco; espejos, cinco, dos grandes, uno de ellos roto, y tres pequeños, dos de ellos rotos, etc.
Mis mejores amigas, Eliacim, tú no las conoces porque son posteriores a tu deserción, me ayudan en el inventario. Son muy buenas, hijo mío, y me echan una mano; yo creo que sola y sin ayuda de nadie, me hubiera muerto de vieja sin ver el fin de mi inventario. Nuestra casa, Eliacim, está llena de cosas, rebosante por todas partes de cosas que yo no sé cómo se fueron amontonando, de las más extrañas cosas del mundo, Eliacim, de las cosas más difíciles de inventariar: esquelas mortuorias del abuelo, noventa y seis; esquelas mortuorias de tu pobre padre (q. D. h.), trescientas (ahora recuerdo que no repartí ninguna) ; esquelas mortuorias de la abuela, once, etc.
A mí siempre me gustó, Eliacim, tú lo sabes, tener las cosas bien colocadas y cada una en su sitio, te exijo, ¡tajantemente!, que me lo creas (bésame), y la ausencia que preparo, hijo mío, una ausencia de una temporadita que preciso para reponerme, debe dejarme tranquila en cuanto al buen orden de nuestra casa.
El restablecimiento de mi salud, según me dicen mis mejores amigas, y yo pienso que tienen razón, indica la conveniencia de que me tome una temporadita de descanso, como ya creo que te dije repetidas veces.
Llevaba ya algún tiempo, Eliacim, encontrándome mal, con el ánimo triste (mis razones tengo), con el humor variable (mis razones tengo), y con la voluntad muy difícil (mis razones tengo) de que se interesase por nada que no fuera por ti. No creo, ¡Dios me libre!, que sea realmente nada grave ni de importancia (tú sabes, hijo mío, que yo siempre fui muy fuerte), pero mis mejores amigas, ¡cuánto han velado por mí, Eliacim, no te puedes hacer una idea!, me recomendaron que me tomase una breve temporadita de descanso, una temporadita de descanso que me devuelva la salud perdida y las ganas de seguir viviendo, hijo mío, para seguir amándote y recordándote en todos los momentos.
Y yo me he lanzado a hacerles caso, Eliacim, porque sería insensato seguir encerrada entre estas cuatro paredes, compréndelo así.
(Anoche soñé que entraba en un bazar, en un inmenso bazar, a comprarme un muñeco. Era algo que necesitaba ya desde hace tiempo, aunque siempre me daba una gran vergüenza, una inexplicable vergüenza, la idea de acercarme a la juguetería, a la sección de muñecos, para decirle al dependiente, quiero un muñeco lo más perfecto posible, nada me importa su precio. Ya en el bazar, tardé en decidirme porque, la verdad, no había ningún muñeco que me gustase del todo. Después de revolver la tienda de arriba abajo, Eliacim, opté por uno que se parecía al dependiente. Éste, déme usted éste, por favor. El dependiente me miró, hijo mío, poniéndose debajo de la luz para que pudiera reconocerlo bien, y yo no pude contener un grito. Me caí al suelo, se arremolinó la gente y me trajeron un vaso de agua. ¡Mi hijo, mi hijo, acabo de ver a mi hijo Eliacim ! El dependiente, abriéndose paso a codazos, huyó a la calle y fue a esconderse en un prostíbulo, debajo de una cama que tenía la colcha de seda y de color granate, como nuestra cortina. Yo empecé a perder peso y peso, hijo mío, y acabé por convertirme en una paloma sin ojos. Volé hasta un tejado y allí, al pie de una chimenea, puse un huevo pequeño, redondo y sonrosado.)

De Mrs. Caldwell habla con su hijo, de Camilo José Cela. Años cuarenta. Era la época de Viaje a la Alcarria.

Hoy, 11 de mayo, y como ha recordado reiteradamente F. Umbral, es el día del nacimiento de tres genios (Dalí, Cela y el propio Umbral).

martes, 10 de mayo de 2005

Hoy estoy generoso: DOS CERONADAS seguidas

DONDE SE LE RECUERDA QUE, PESE A SU SUPERIORIDAD GENÉRICA, AL GORDO LE ESTÁN VEDADAS CIERTAS VOLICIONES

Lo era Livio. Imprudente, de pronto un día musitó algo para sus adentros, que tenía copiosos. Se ahogó y sofocó, murió en el acto. Pícnicos, la introspección mata.

Julio CERÓN
CÍRCULO VICIOSO, AQUILES Y LA TORTUGA, INTERMEDIARIOS
No estamos solos, hay otros. De acuerdo, pechemos. El prójimo es insoslayable, está en todas partes. Bien, vale.
¡Pero por lo menos que hubiera intermediarios entre él y yo! Secretaria, abogado, intérprete, corredor, apoderado.
Y no. A sólo los ricos está esa facultad reservada.
Ahora que, incluso en su caso, son paños calientes al fin y a la postre. En efecto:
Secretaria o abogado, etcétera, el intermediario es, a su vez, un prójimo. Luego haría falta un intermediario más para el trato con él. Y así sucesiva, infinitamente, Aquiles en esto hasta el más rico, círculo vicioso que nadie cuadrará nunca.
Un acto en soledad nos quedaba, sin prójimo que valga, la muerte, y vienen ahora los entrometidos eutanastas a firgásnosla y mangonearla, malditos sean y los mismo les hagan.
Julio CERÓN
Vicioso, sí, el círculo: aunque murieran todos los demás y quedara en el mundo un solo prójimo y yo, yo sería para él un prójimo, por lo que, en vez de pedirme consejo, me huiría.

lunes, 9 de mayo de 2005

Diario de un genio, de SALVADOR DALÍ

1953
JUNIO
El 1

Descubrí, hará una semana, que en todo lo relacionado con mi existencia, comprendido el cine, llevaba un retraso de unos doce años. Hace, en efecto, once años que abrigo el deseo de hacer un film integralmente, totalitariamente, ciento por ciento hiperdaliniano. Según mis cálculos, es, pues, probable que este film se ruede el año próximo.
Soy igual que el héroe de la fábula de La Fontaine «El pastor y el lobo». Así como en mi vida, y ya desde la adolescencia, he hecho tantas cosas excepcionales, ocurre ahora que cualquiera que sea el proyecto que yo anuncie –como, por ejemplo, mi corrida litúrgica, en la cual unos sacerdotes deberán bailar ante un toro que un autogiro se llevará al cielo una vez terminada la corrida- todo el mundo, excepto yo, cree en él, y –eso es lo más raro- el proyecto termina irremediablemente por ver la luz del día.
A los veintisiete años, recién llegado a París, realicé, en colaboración con Buñuel, dos films que han pasado a la historia: El perro andaluz y La edad de oro. Después Buñuel trabajó solo y dirigió otros films, rindiéndome así el inestimable servicio de revelar al público a quién se debía el aspecto genial y a quien el aspecto primario de El perro andaluz y de La edad de oro.
Si llego a realizar mi film, quiero asegurarme de que será de un extremo a otro sin interrupción un prodigio, pues no vale la pena molestarse para ir a ver espectáculos que no sean sensacionales. Cuanto más numeroso sea mi público, más dinero proporcionará el film a su autor con tanta justicia bautizado «Avida Dollars». Pero, para que un film parezca prodigioso a sus espectadores, el primer punto indispensable radica en que estos últimos puedan creer en los prodigios que se les descubren. La única manera es la de acabar ante todo con el repugnante ritmo cinematográfico actual, con esa aburrida y convencional retórica del movimiento de la cámara. ¿Cómo se puede dar crédito un segundo al más trivial de los melodramas, cuando la cámara sigue en traveling al asesino por todas partes, incluso al retrete donde va a lavar la sangre que mancha sus manos? Por eso, Salvador Dalí, antes mismo de empezar a rodar su film, tomará la precaución de inmovilizar la cámara, clavándola en el suelo con clavos, como a Cristo en la cruz. ¿Qué importa si la acción se sale del campo visual? El público aguardará impaciente, exasperado, anhelante, pataleante, extasiado o, mejor aún, aburrido, que la acción vuelva a situarse dentro del campo visual de la cámara. A menos que imágenes muy hermosas y enteramente al margen de la acción aparezcan para distraerle desfilando bajo el ojo inmóvil, clavado, hiperestático de la cámara daliniana finalmente reintegrada a su verdadero objetivo, esclava de mi prodigiosa imaginación.
Mi próximo film será todo lo contrario de un film experimental de vanguardia, y, sobre todo, de lo que hoy se califica de «creador», lo cual no significa más que una subordinación servil a todos los lugares comunes del triste arte moderno. Contaré la historia de una mujer paranoica, enamorada de una carretilla, a la que reviste de todos los atributos de la persona amada, cuyo cadáver habrá servido para transportar. Finalmente, la carretilla se reencarnará y será carne. Por eso mi film se titulará La carretilla de carne. Refinados o mediocres, todos los espectadores se verán obligados a participar en mi delirio fetichista, puesto que se trata de un caso rigurosamente verídico que será contado como ningún documental sabría hacerlo. A pesar de su realismo categórico, mi obra encerrará escenas realmente prodigiosas, y no puedo evitar comunicar de antemano algunas de ellas a mis lectores con el solo objeto de que se haga la boca agua. Contemplarán cómo estallan cinco grandes cisnes uno después del otro en secuencias minuciosamente lentas y en un desarrollo según la más rigurosa euritmia arcangélica. Los cisnes estarán repletos de auténticas granadas previamente rellenas de explosivos para que puedan observarse, con toda la precisión deseable, la explosión de las entrañas de las aves y la proyección en abanico de la metralla. Ésta chocará contra la nube de plumas, como podríamos imaginar –o mejor soñar que chocan entre sí los corpúsculos de luz, de tal forma que, según mi experiencia, la metralla asumirá el mismo realismo que el de los lienzos de Mantenga, y las plumas esa liviandad que ha hecho famoso al pintor Eugène Carrière.
En mi film podrá igualmente verse una escena representando la fuente de Trevi en Roma. En algunos edificios de la plaza se abrirán las ventanas y, desde ellas, seis rinocerontes se lanzarán al agua uno tras otro. A cada inmersión de los rinocerontes se abrirá un paraguas negro que brotará del fondo de la fuente.
En otro instante, podrá contemplarse la Plaza de la Concordia al amanecer, lentamente cruzada en todas direcciones por miles de curas en bicicleta llevando una pancarta con la efigie bastante difuminada, pero aun así reconocible, de Malenkov. Y, además, a su debido tiempo, mostraré a cien gitanos españoles matando y despedazando a un elefante en una calle de Madrid. No dejarán más que su esqueleto descarnado, y reproducirán así una escena africana que leí en un libro. En el instante en que se vean las costillas del paquidermo, dos de los gitanos, quienes, a pesar de su frenesí salvaje, no han dejado ni por un instante de cantar flamenco, penetrarán en el armazón para apropiarse de las mejores vísceras, el corazón, los riñones…, etcétera. Empezarán a disputárselas a navajazos, en tanto que aquellos que hubieran quedado en el exterior seguirán despedazando el elefante, hiriendo en varias ocasiones a los luchadores, que rellenan así de escalofriante y cortante alegría el interior del animal metamorfoseado en una gran jaula sanguinolenta.
Tampoco debo olvidar incluir una escena de canto durante la cual Nietzsche, Freud, Luis II de Baviera y Karl Marx cantarán con inigualable virtuosismo sus doctrinas, replicándose por turno, acompañados por música de Bizet. Esta escena se desarrollará al borde del lago de Vilabertrán, en cuyo centro, temblando de frío, por efecto del agua que le llegará a la cintura, una anciana, vestida de auténtico torero, llevará en equilibrio en la cabeza rapada una tortilla a la francesa. Cada vez que la tortilla resbale y caiga al agua, un portugués la sustituirá por otra nueva.
Hacia el final del film, se verá el globo de un candelabro tan pronto desinflarse como hincharse, cubrirse de adornos, desvanecerse, reaparecer, hacerse delicuescente, endurecerse…, etcétera. Hace ya un año que pienso en esta síntesis de toda la historia política de la humanidad materialista, simbolizada por las transformaciones morfológicas de una calabaza, simple e identificable en la silueta del globo de un candelabro. Este estudio tan minucioso y tan largo, dura exactamente un minuto en mi film y corresponde a la visión de un hombre abrumado por el sol, que cierra los ojos y los comprime dolorosamente con la palma de la mano.
Todo esto, que soy el único en poder llevarlo a cabo, es, por supuesto, inimitable, puesto que soy el único junto con Gala en poseer el secreto gracias al cual podré realizar mi film sin jamás tener que cortar o fundir las escenas. Este secreto por sí solo provocará colas interminables a la entrada de los cines donde se proyectará mi obra. Ya que, contrariamente a lo que podrían esperarse los necios, La carretilla de carne no será tan sólo genial, sino que también será el film más comercial de nuestra época, puesto que todo el mundo estará de acuerdo en dejarse deslumbrar por una sola cualidad: ¡lo prodigioso!

Diario de un genio, de Salvador Dalí, Círculo de Lectores, Barcelona, 1989, páginas 85 y 117-120 (Juornal d´un génie, Éditions de la Table Ronde, 1964. Traducción del francés de Paula Brines).

domingo, 8 de mayo de 2005

Charlie

Sólo quedaba una oportunidad, sólo aquello podía hacer.Sintió el aire frío en la nuca y el agua helada cayendo por su cuello, resbalando desde el pelo. Tenía que hacerlo. La vida era una continua determinación. Una elección. Una selección de posibilidades. Un sí. Un no. Pero ahora no había más opciones. Se agachó...y se abrochó el zapato.

Encontrado en http://www.auladeletras.net/index.html.

viernes, 6 de mayo de 2005


EL DESCANSO DEL GUERRERO

jueves, 5 de mayo de 2005


MUÑECO, de Ana (cuando tenía cuatro años)

miércoles, 4 de mayo de 2005

UN HOMBRE ESTORNUDA, de Joan Brossa

Un hombre estornuda.
Pasa un coche.
Un tendero baja la persiana metálica.
Pasa una mujer con una garrafa llena de agua.
Me voy a dormir.
Eso es todo