martes, 7 de febrero de 2006

LOS ESPEJOS VELADOS

"El Islam asevera que el día inapelable del Juicio, todo perpetrador de la imagen de una cosa viviente resucitará con sus obras, y les será ordenado que las anime, y fracasará, y será entregado con ellas al fuego del castigo. Yo conocí de chico ese horror de una duplicación o multiplicación espectral de la realidad, pero ante los grandes espejos. Su infalible y continuo funcionamiento, su persecución de mis actos, su pantomima cósmica, eran sobrenaturales entonces, desde que anochecía. Uno de mis insistidos ruegos a Dios y al ángel de mi guarda era el de no soñar con espejos. Yo sé quien los vigilaba con inquietud. Temí, unas veces que empezaran a divergir de la realidad; otras, ver desfigurado en ellos mi rostro por adversidades extrañas. He sabido que ese temor está, otra vez, prodigiosamente en el mundo. La historia es harto simple, y desagradable.
Hacia 1927, conocí una chica sombría: primero por teléfono (porque Julia empezó siendo una voz sin nombre y sin cara); después, en una esquina al atardecer. Tenía los ojos alarmantes de grandes, el pelo renegrido y lacio, el cuerpo estricto. Era nieta y bisnieta de federales, como yo de unitarios, y esa antigua discordia de nuestras sangres era para nosotros un vínculo, una posesión mejor de la patria. Vivía con los suyos en un desmantelado caserón de cielo raso altísimo, en el resentimiento y la insipidez de la decencia pobre. De tarde -algunas contadas veces de noche- salíamos a caminar por su barrio, que era el de Balvanera. Orillábamos el paredón del ferrocarril; por Sarmiento llegamos una vez hasta los desmontes del Parque Centenario. Entre nosotros no hubo amor ni ficción de amor: yo adivinaba en ella una intensidad que era del todo extraña a la erótica, y le temía. Es común referir a las mujeres, para intimar con ellas, rasgos verdaderos o apócrifos del pasado pueril; yo debí contarle una vez de los espejos y dicté así, el 1928, una alucinación que iba a florecer el 1931. Ahora, acabo de saber que ha enloquecido y que en su dormitorio los espejos están velados pues en ellos ve mi reflejo, usurpando el suyo, y tiembla y calla y dice que la persigo mágicamente.
Aciaga servidumbre la de mi cara, la de una de mis caras antiguas. Ese odioso destino de mis facciones tiene que hacerme odioso también, pero ya no me importa."
de J.L.B.

Un pdf.

4 comentarios:

Bardamu dijo...

Se agradece el Borges, para quien siempre hay espacios abiertos.
También siempre suenan algo extrañas ciertas descripciones, ciertas calles, luego de tantas décadas: se puede hoy salir de Balvanera, pero el paredón ya no es lo mismo y los desmontes en el Parque Centenario se han convertido en reunión de árboles, de puestos de libros usados y parejas amorosas.
Una corrección ortográfica: es "sarmiento", se refiere a la calle que desemboca en el Parque.
Saludos.

El "Dulzor de Ostras" dijo...

De vez en cuando visito su blog y ni siquiera tengo tiempo de comentarlo. En los últimos meses mi vida se ha convertido en un mar de cables, ir de un lado al otro de la ciudad (Caracas, su tráfico y ya no hay metro que valga), eso sin contar con lo del viaducto.

Espero solucionarlo pronto, compartir un poco más y comentarle como Usted lo merece.

El pez dijo...

J.L.B.?

Rain dijo...

Nicho, al terminar de leer el artículo sobre Borges, su relación con lo árabe, su aprendizaje postrero del idioma, me he quedado conmovida, como ante algo sagrado.



Gracias siempre.