lunes, 6 de marzo de 2006

DESHIELO, de Manuel Vicent

EL PAÍS - Última - 05-03-2006
Aquella lluvia de la infancia se ha convertido en una categoría del alma. La recuerdo en las tardes moradas de la cuaresma durante los temporales de levante sonando en los canalones del patio mientras leía tebeos al volver de la escuela con el pelo todavía mojado o en las noches de invierno en que dormía en la misma cama con un hermano y hacíamos una cabaña con la sábana para refugiarnos en ella y dentro de aquel espacio, que me parecía inmenso, nos contábamos historias de terror. Aquella lluvia persistente, mansa y oblicua de la infancia la llevo asociada a las lecturas de piratas; en cambio, el frío y la nieve forman parte de una mitología de pájaros ateridos, de los petirrojos y estorninos que se lanzaban a muerte sobre el cepo que les había preparado con una aceituna negra. La noche suspendía todos los sonidos cuando nevaba. Los perros no ladraban, no se oía ninguna voz en la calle y el silbido del tren parecía llegar atravesando un silencio blando. La pureza de aquella nieve tardaba mucho tiempo en ser vulnerada hasta el punto que la conservamos dentro de nosotros intacta todavía. Con niebla en el belfo sobre aquella luz metálica iban los caballos al campo. El deshielo de marzo, al final de un frío largo, es un espectáculo muy puro cuando se produce en el corazón del bosque o se desliza desde aquellos aleros de la niñez que sólo pertenecen a nuestra memoria. Por otra parte, no hay corrupción mayor que la de la nieve cuando en el asfalto se convierte en un fango oscuro expuesta a la realidad de cada día. La gente va al trabajo con sus pasiones a cuestas y las ruedas de los coches aplastan la primera luz de la nieve que sólo pertenece a los niños, aunque ellos la pisan transformada ya en barro cuando vuelven del colegio. A simple vista se trata de la vida, pero esa sucia amalgama que se forma en la ciudad al día siguiente de la nevada es la metáfora de otra suciedad a la que hoy estamos sometidos. Mientras aquí abajo la política se ha convertido en un barrizal, la nieve que cayó estos días pasados ha ido a refugiarse de nuevo en el corazón del bosque. Cualquier ciudadano está zarandeado por la propia vulgaridad; la violencia de los fanáticos y la agresividad de ciertos políticos nos hacen sentir miserables, pero en este momento el sol de marzo en algún lugar muy preservado está transformando la nieve en un hilo de luz que se desprende desde las ramas de los abetos hasta el humus fermentado. Durante la caída atraviesa nuestra memoria y también el corazón de los pájaros.

6 comentarios:

Nicho dijo...

Los amigos americanos están acabando el verano, nosotros ya vislumbramos la primavera.

Aura dijo...

El sol de marzo derritiría cualquier resto de esa nieve corrupta que pudiese haber.
Sí, mirando con el catalejo he visto que al otro lado del charco hace otro clima.

Un abrazo :)

reculando dijo...

-no puedo leer por el asunto del calorcito que ya explique en el armario-acuario de P/p
- ¿ Y Ana Bratz?, ¿cuando tendremos novedades capilares-pictoricas?
- Ya dije que no se de que escribes?.. No importante de seguro es algo fascinante, de orden nichtzoniano.

- eso, no le pido me sacuda el polvo E/P poruqe ¿ Quien prepararia esa lentejas perplejas con sabor a oreja?

un deceso que re-cula

El pez dijo...

Manuel Vicent o de cómo sacar petróleo de la situación política actual. Esto son, en su honor don Nicho, matar moscas a cañonazos.

Nicho dijo...

Don Pez, razón tiene.
A los políticos que zaplanean hay que dales unos buenos garrotazos líricos, aunque ni así se enteran.
(Pero al texto le sobra la política: ya sabemos, desde pequeños, que es muy necesaria, pero que ensucia la nieve).

Rain dijo...

Nieve , bolas de nieve me gustaría lanzar a los políticos de mi país en este verano...


:)