martes, 21 de marzo de 2006

UN POST A LA ANTIGUA USANZA

Más o menos a las siete de la tarde de ayer, fiesta en Madrid, y antes de salir a dar un paseo con Ana Bratz y compañía por un Madrid con ambiente de lunes y nada en el domingo, enciendo el maquinastro para ver cómo va lo del CUATRO. Empiezo por Jon Mikel (don Pez comenta que ha quedado un poco rojo en la foto que pone), y luego, picando mismamente, aparezco en el acuario del mencionado señor Pez, y me llama la atención que, entre los cuatro libros que ha disfrutado recientemente, dice que Construcción de Vicente Luis Mora. ¿Vicente Luis Mora?
Ipso facto a don gOOgle que me voy. Don Pez siempre da buenas pistas. Elijo www.vicenteluismora.com lo más obvio, ojeo y hojeo por encima, y me encuentro entre el catálogo de los posts más leídos la palabra ATLETA. ¿El Atleta? ¡Pero si Atleta no hay más que uno!.

Y recuerdo sus antiguas hazañas. Ahí va uno de sus textos -los demás texxxxxtos para otro día:

"EL VERANO DE BERNHARD

Sólo he leído a Thomas Bernhard este verano: exclusivamente a Bernhard. Con el ventilador echándome PERMANENTEMENTE en la cara viento artificial no hice otra cosa que leer a Bernhard: a Bernhard únicamente, a Bernhard en exclusivo. Si iba a la playa, me llevaba a Bernhard. Si paseaba, iba con Bernhard. Si entraba en un cine, entraba con Bernhard y lo leía con las penumbras coloridas de la sala, porque ninguna película, absolutamente ninguna, era capaz de desviar mi atención de Bernhard. Ninguna película o libro, absolutamente ninguna ciudad ni ninguna compañía, podía (¡ni puede!) competir con Bernhard a estas alturas. Bernhard se inocula como un virus, se te cuela hasta el puntito más recóndito de tus células y TE CONDICIONA POR COMPLETO. Te estraga el gusto por otra cosa que no sea Bernhard, porque realmente ninguna cosa que no sea Bernhard merece la pena, ninguna cosa que no sea Bernhard es capaz de despertar el interés del individuo en cuyas células se ha instalado el glorioso virus de Bernhard, reduciendo todo lo demás a miseria e infamia. Bernhard, la lectura de Bernhard, la pasión por Bernhard, barre y aniquila toda otra cosa, todo otro autor que no sea Bernhard. La risa crece, una risa sarcástica, al echar un displicente vistazo a las páginas de otros autores que no son Bernhard. Uno se troncha de la risa (CON INQUEBRANTABLE DESPRECIO) cuando se asoma a un libro no escrito por Bernhard, porque ese libro, con toda, con absoluta seguridad, es una MIERDA DE LIBRO, una auténtica BASURA LITERARIA, una prueba delictiva cuya mera existencia bastaría para enviar a su autor, que no es Bernhard, al paredón o a la sala de decapitación o al garrote vil, no sin antes haber pasado por un popurrí de instrumentos de tortura de la Santa Inquisición o de la Dictadura Pinochetista, que deberían ser reinstauradas exclusivamente para esos casos: los casos (¡cretinísimos!) en que un autor se atreve si quiera empezar a plantearse la posibilidad de comenzar a concebir una obra, o una simple página, NO SIENDO BERNHARD."

4 comentarios:

Nicho dijo...

He mangado esto:

Fragmento de
Comunicación sobre el muro,
de Antoni Tàpies
¡Cuántas sugerencias pueden desprenderse de la imagen del muro y de todas sus posibles
derivaciones! Separación, enclaustramiento, muro de lamentación, de cárcel, testimonio del paso
del tiempo; superficies lisas, serenas, blancas; superficies torturadas, viejas, decrépitas; señales
de huellas humanas, de objetos, de los elementos naturales; sensación de lucha, de esfuerzo; de
destrucción, de cataclismo; o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor,
de dolor, de asco, de desorden; prestigio romántico de las ruinas; aportación de elementos
orgánicos, formas sugerentes de ritmos naturales y del movimiento espontáneo de la materia;
sentido paisajístico, sugestión de la unidad primordial de todas las cosas; materia generalizada;
afirmación y estimación de la cosa terrena; posibilidad de distribución variada y combinada de
grandes masas, sensación de caída, de hundimiento, de expansión, de concentración; rechazo
del mundo, contemplación interior, aniquilación de las pasiones, silencio, muerte; desgarramientos
y torturas, cuerpos descuartizados, restos humanos; equivalencias de sonidos, rasguños, raspaduras,
explosiones, tiros, golpes, martilleos, gritos, resonancias, ecos en el espacio; meditación de un
tema cósmico, reflexión para la contemplación de la tierra, del magma, de la lava, de la ceniza;
campo de batalla, jardín; terreno de juego; destino de lo efímero...
Tomado de José Ángel Valente y Antoni Tàpies, Comunicación sobre el muro;
Ediciones de La Rosa Cúbica, Barcelona, 2004; pp. 51-53.

El pez dijo...

Cómo sabía yo que ibas a picotear en los recomendados. El libro es una delicia, aunque la letra sea un poquito pequeña. Quizá el señor Cerone, ya con su edad, tenga alguna dificultad

Aura dijo...

Le seguiré la pista yo también. Magnífico el fragmento sobre la obsesión-compulsiva al escritor que duerme bajo nuestra almohada.
He de decir (bajito) que en mí Bernhard no produjo tan honda impresión. Pero usted y yo sabemos, que el caballero francés monsieur Proust se clava como una espina de por vida :)

Besos Nicho.

Rain dijo...

Hace tiempo leí a Bernhard y sí, confesionalmente, fue una hecatombe que olvidé proNTO. tal vez no estaba preparada para comprenderlo. Sí me quedó una opacidad ppr días. mas algo diferente abismalmente alo que Cioran suscita con su escrituar terrible.

¿Quién podría ser impresindible?

Antonin Artaud, creo.