domingo, 21 de mayo de 2006

"Isocronismo de las agonías y los orgasmos" (C.J. Cela)

Comía todos los martes a mediodía gorriones muy fritos con varios vasos de vino. Luego padecía de tos espasmódica durante una hora seguida. Pero le daba igual. Pensaba que era parsimonioso, muy parsimonioso. Cuando quería asegurarse de lo que quería pensar no le quedaba más remedio que ponerlo por escrito. Monótono apasionado de las lentas manipulaciones eróticas, siempre temió la aparición del mal del agazapado flato sentimental. Tañía ocasionalmente la ocarina en las escaleras de madera de su edificio. Así homenajeaba a Marilyn Monroe (en la película ella tocaba un ukelele, pero esa es otra historia) . Masticaba a todas horas chicle de fresa. Sabía que podía buscar a los seres imaginarios en las tardes amplias y azules. Disfrutaba viendo volar las hojas de los árboles como si fueran notas de violines olvidados. Soñaba con sincronizar el diamante de la muerte con no se sabe qué vientos. Presintió la aparición de sangre de amapolas en su mirada en el momento del fulgor.

3 comentarios:

anag dijo...

lo dicho, viva el vleming¡¡¡¡

:-)

Rain dijo...

Iluminación escrita.

Aura dijo...

Que extraño misticismo producen los gorriones fritos.
Oh, mon dieu, ¿no sería el vino? :)