martes, 27 de febrero de 2007

EL SEÑOR NICHODADES SALE DE MERIENDA

A tomar un chocolate con churros sale todos los jueves en la temporada invernal el matrimonio de Nichodades, más o menos alrededor de las seis de la tarde. Consuelo, por la mañana, va a la peluquería a alisarse su enrabietado pelo negro rubísimo. Luego se da un baño sumergiéndose en una artificial leche de burra. Se pasa allí por lo menos tres cuartos de hora. Julio le lleva, cuando considera oportuno, un aperitivo: vemuth rojo on the rocks con una aceituna pinchada en un palillo de madera de boj. Ella escucha música inestable para calmarse aún más los nervios. Luego de vaciar la bañera, se aclara durante un buen rato, para no dejar ni rastro del olor a leche en su cuerpo, pues que el señor Cerone aborrece el lechoso tufo. Dicho sea de paso, el chocolate que se toman para merendar está hecho al estilo pobre y clásico, con agua, o sea, nada de leche. Julio acude solícito con una toalla enorme cuando doña Consuelo carraspea, la deposita suavemente sobre sus hombros y se larga de allí, pues ella le tiene terminantemente prohibido observar cómo se seca. Eso sí, al poco rato le reclama su ayuda para que le ponga las medias, actividad delicada y compleja en la que el señor Nichodades pone todo su interés. Antes de salir se dan un morreo de al menos cinco minutos, de una intensidad salivar considerable. Sus bocas, en los momentos previos a la ingesta del chocolate, saben al agua de sí mismos. No volverán a besarse hasta bien pasada la noche, cuando Consuelo, con su mano lírica, acaricie la luz de la madrugada.
Después de la merienda, se dan un paseo, aunque llueva a chuzos, cogidos del brazo, felinos y nocturnos como senegaleses.

1 comentario:

El pez dijo...

eres un artista del encaje de bolillos linguístico

lo del secado ha estado muyu bien