sábado, 23 de septiembre de 2006

ODISEO, PRECURSOR DE COLÓN

Con motivo del Quinto Centenario de la muerte de Colón (21 de mayo de 1506):

El mayor cuerno de la antigua llama

empezó a retorcerse murmurando,

tal como aquella que el viento fatiga;


luego la punta aquí y acá moviendo,

cual si fuese una lengua la que hablara,

fuera sacó la voz, y dijo: «Cuando


me separé de Circe, que sustrajó­-

me más de un año allí junto a Gaeta,

antes de que así Eneas la llamase,


ni la filial dulzura, ni el cariño

del viejo padre, ni el amor debido,

que debiera alegrar a Penélope,


vencer pudieron el ardor interno

que tuve yo de conocer el mundo,

y el vicio y la virtud de los humanos;


mas me arrojé al profundo mar abierto,

con un leño tan sólo, y la pequeña

tripulación que nunca me dejaba.


Un litoral y el otro vi hasta España,

y Marruecos, y la isla de los sardos,

y las otras que aquel mar baña en torno.


Viejos y tardos ya nos encontrábamos,

al arribar a aquella boca estrecha

donde Hércules plantara sus columnas,


para que el hombre más allá no fuera:

a mano diestra ya dejé Sevilla,

y la otra mano se quedaba Ceuta.»


«Oh hermanos ‑dije‑, que tras de cien mil

peligros a occidente habéis llegado,

ahora que ya es tan breve la vigilia


de los pocos sentidos que aún nos quedan,

negaros no queráis a la experiencia,

siguiendo al sol, del mundo inhabitado.


Considerar cuál es vuestra progenie:

hechos no estáis a vivir como brutos,

mas para conseguir virtud y ciencia.»


A mis hombres les hice tan ansiosos

del camino con esta breve arenga,

que no hubiera podido detenerlos;


y vuelta nuestra proa a la mañana,

alas locas hicimos de los remos,

inclinándose siempre hacia la izquierda.


Del otro polo todas las estrellas

vio ya la noche, y el nuestro tan bajo

que del suelo marino no surgía.


Cinco veces ardiendo y apagada

era la luz debajo de la luna,

desde que al alto paso penetramos,


cuando vimos una montaña, oscura

por la distancia, y pareció tan alta

cual nunca hubiera visto monte alguno.


Nos alegramos, mas se volvió llanto:

pues de la nueva tierra un torbellino

nació, y le golpeó la proa al leño.


Le hizo girar tres veces en las aguas;

a la cuarta la popa alzó a lo alto,

bajó la proa ‑como Aquél lo quiso-

­hasta que el mar cerró sobre nosotros.

CANTO XXVI DEL INFIERNO (LA DIVINA COMEDIA)

1 comentario:

Nicho dijo...

La peregrinación literaria del mítico Ulises asumirá a lo largo de los siglos y por obra de diversos autores una serie de curiosas metamorfosis. Como apunta en rápido resumen Stanford (o.c, pág.4):

"Vuelta a vuelta, " el héroe de muchas vueltas" , como Homero lo califica en la primera línea de la Odisea, aparece como un oportunista en el siglo sexto, un sofista o un demagogo en siglo quinto , un sabio estoico en el siglo cuarto; y en la Edad Media se transformará en un fiero guerrero o un sabio clérigo o un explorador precursor de Colón ; y en el siglo XVII en un príncipe maquiavélico o un político ; en el XVIII en un filósofo , en el XIX en un viajero byroniano o un desilusionado esteta, en el XX en un protofascista o un humilde ciudadano de una moderna Megalópolis."