lunes, 11 de diciembre de 2006

De los ósculos y otros tactos impuros

P. ¿Son pecados los ósculos, abrazos, y otros tactos impuros? R. Que pueden tenerse por tres motivos, o hacerse por tres fines; es a saber: en señal de amistad, según la costumbre de la patria, o con urgente necesidad. Por deleitación carnal y venérea; o finalmente por deleitación sensitiva del tacto, en cuanto son un objeto proporcionado de éste. Esto supuesto.

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P. ¿Pecará gravemente la mujer que no se aparta del que advierte la toca torpemente? R. Que comete culpa grave; por ser señal de que consiente, cuando advertida del atrevimiento del otro, no se retrae. Si los tactos en lo exterior fueren honestos según la costumbre de la patria, y duda de la intención del que la toca, no tiene obligación a retirarse; porque en caso de duda nadie debe ser reputado por malo. Puede asimismo permitir el tacto, cuando en lo exterior fuere honesto, aunque el ánimo interior del que lo hace sea pravo, si no puede negarse sin escándalo, y sin que sea descubierto el delincuente; como podría acontecer, si en un público concurso se sentase uno cerca de una mujer, en el cual caso no estaría esta obligada a mudar luego de sitio, con nota de los circunstantes. Mas ni en este caso, u otros semejantes podría la mujer disimular el atrevimiento del que la tocase, si los tactos fuesen del todo torpes, sino que debería al punto separarse del atrevido, resistirle positivamente, y clamar, cuando no hubiese otro arbitrio; como lo hizo la casta Susana. Si fuese esta la conducta de las mujeres, no sería tan frecuente la audacia de los hombres; y así rara vez se ha de dar crédito a las que quieren defender su inocencia con la violencia ajena; porque si ellas seriamente no quisiesen condescender con los hombres, apenas éstos se propasarían a semejantes libertades. Lo mismo se ha de decir de otras acciones, que aunque a primera vista parezcan leves, son graves practicadas entre personas de diferente sexo; como el apretar la mano, retorcer los dedos, pisar con el pie, y otras semejantes; pues hechas con afecto carnal, y por deleite, promueven la polución, y están llenas de peligro.

3 comentarios:

Utilizar una cuerpo diferente dijo...

1.¿llegué tarde a "De la contumelia, susurración, irrisión, y maldición"?

pd. "De la vana observancia" , también me interesa.

Avísame como sea, y de cuántas maneras.
gracias

Nacho Montoto dijo...

Preciados tactos impuros.

Rain dijo...

Un deleite, este Tratado, Sweet.

:)