lunes 30 de enero de 2006
sábado 28 de enero de 2006
viernes 27 de enero de 2006
jueves 26 de enero de 2006
miércoles 25 de enero de 2006
MUERTE SÚBITA, de Javier Marías
MALA SANGRE, de Arthur Rimbaud
Tengo de mis antepasados galos el ojo azul pálido, el cerebro
estrecho y la torpeza en la lucha. Hallo mi vestimenta tan bárbara
como la suya. Pero yo no me unto la cabellera con manteca.
Los galos eran los desolladores de animales, los quemadores
de hierba más ineptos de su tiempo.
De ellos tengo: la idolatría y el amor al sacrilegio; — ¡oh!
todos los vicios, cólera, lujuria— magnífica, la lujuria; —en
especial, mentira y pereza.
Me espantan todos los oficios. Maestros y obreros, todos
campesinos, innobles. La mano de pluma vale igual que la
mano de arado.— ¡Qué siglo de manos! — Nunca tendré mi
mano. Luego, la domesticidad conduce demasiado lejos. La
honradez de la mendicidad me desconsuela. Los criminales
repugnan como castrados: yo estoy intacto, y me da lo mismo.
Pero, ¿quién me hizo tan pérfida la lengua, que hasta aquí
haya guiado, salvaguardándola, mi pereza? Sin servirme para
vivir ni siquiera del cuerpo, y más ocioso que el sapo, he vivido
por todas partes. No hay familia de Europa que yo no conozca.
— Me refiero a familias como la mía, que se lo deben
todo a la Declaración de Derechos del Hombre. — ¡He conocido
a todos los niños bien!
Una temporada en el infierno, traducción de Ramón Buenaventura.
martes 24 de enero de 2006
Jirafas
lunes 23 de enero de 2006
sábado 21 de enero de 2006
LA PEQUEÑA EMILIA Y EL BONSÁI
"La primera mentira que Julio le dijo a Emilia fue que había leído a Marcel Proust. No solía mentir sobre sus lecturas, pero aquella segunda noche, cuando ambos sabían que comenzaban algo, y que ese algo, durara lo que durara, iba a ser importante, aquella noche Julio impostó la voz y fingió intimidad, y dijo que sí, que había leído a Proust, a los diecisiete años, un verano, en Quintero. Por entonces ya nadie veraneaba en Quintero, ni siquiera los padres de Julio, que se habían conocido en la playa de El Durazno, iban a Quintero, un balneario bello pero ahora invadido por el lumpen, donde Julio, a los diecisiete, se consiguió la casa de sus abuelos para encerrarse a leer En busca del tiempo perdido. Era mentira, desde luego: había ido a Quintero aquel verano, y había leído mucho, pero a Jack Kerouac, a Heinrich Böll, a Vladimir Nabokov, a Truman Capote y a Enrique Lihn, que no a Marcel Proust.
viernes 20 de enero de 2006
PLAN PARA EL MÁS ALLÁ, de Enrique Vila-Matas (pdf)
jueves 19 de enero de 2006
miércoles 18 de enero de 2006
martes 17 de enero de 2006
LA MANO, de Juan Carlos Onetti
lunes 16 de enero de 2006
PELUQUERÍA
hoy como que sólo me salen
los versos más malos
de toda mi carrera sin versos
buenos mirando estaba un
dibujo de una niña
a su madre se lo dedicaba
vestida de joven
con el ombligo al aire
la melena al viento
recién salida de la peluquería
con tacones de aguja y los dedos
de los pies ocultos
fumaba un cigarrillo
el humo no se veía
la mirada perdida en las volutas
del humo que no
se veía
dame la mano mi niña
no me dibujarás así
con estos pelos
de recién salida
de la peluquería
jueves 12 de enero de 2006
ALFREDO MARIO FERREIRO
El dolor de ser Ford
¡Qué dolor debe dar
ser siempre Ford!
Ser Ford...
Y no ser un alado Packard,
un soberbio Lincoln,
un trompudo Renault,
o un ancho Cadillac.
Ser Ford,
ser siempre hojalata.
Y que todos digan:
-ahí va un Ford. Como quien dice:
-Ahí va un cualquiera.
¡Y saber en lo íntimo
de las bujías y del carburador,
que se es automóvil como los otros autos,
y, a lo mejor, mejor!...
Los amores monstruosos
El autobús desea, con todo su árbol y todo su diferencial,
a la linda voiturette de armoniosas líneas.
Poco a poco logra acercarse a su lado para
arrullarla con la moderación del motor poderoso.
La voiturette, espantada por aquel estruendo,
pega un legítimo salto de hembra elástica y huye.
De lejos, le hace adiós con el pañuelito azul del escape.
El autobús la persigue de inmediato. En su atontamiento
de paquidermo rijoso apenas salva los obstáculos
del nervioso y minúsculo tránsito callejero.
Persecución grotesca. Lo monstruoso detrás de lo alado.
El autobús se devora a la linda voiturette con los
ojos de todas sus ventanillas ambulantes.
La voiturette se despereza con los brazos
alargados de la velocidad.
De repente, se detiene junto al cordón de la vereda.
Hembra, al fin y al cabo, se ha emocionado
con la persecución empeñosa del autobús.
El autobús la ve detenida. Se le allega todo
sudoroso; cayéndosele la baba hirviente por el tapón
del radiador; todos los vidrios conmovidos; húmedos
el parabrisas, los guardabarros temblorosos; los ojos
de los faros desorbitados.
Va a detenerse. Pero -exigencias del trabajo-, el
embrague le hace seguir de largo. ¡La norma! El
autobús es para trabajar y no para enamorar
voiturettes por las calles.
Entonces el pobre monstruo padece angustia rabiosa.
Una rabia que se condensa en miradas de
odio rojo que larga por los faroles posteriores.
De El hombre que se comió un autobús, 1927
miércoles 11 de enero de 2006
LAS REGADORAS VOLADORAS
las regadoras voladoras Añadido: POLEN, de Manuel Vicent
lunes 9 de enero de 2006
Urinarios
A propósito del interesente debate detectado entre Estupor, Pez y Jon Mikel.

Añadido
Addenda 2










