martes, 28 de febrero de 2006

CAMIONERO

Aura trata hoy el tema de lo bizarro extremo. Su muestra es insuperable. Pero ha hecho que recuerde esta página que hacía tiempo que no visitaba. Puede estar bien, si quieren perder un poco su valioso tiempo.

Música, maestro.

lunes, 27 de febrero de 2006

MAREJADILLA EN MAR ROJO, de Cazurro

En el título o aquí hay mucho más.

domingo, 26 de febrero de 2006

el hiper ojO

Plaza de España desde la Gran Vía de Madrid (pillada en Google)

Park Row Looking Towards City Hall, de Richard Estes

sábado, 25 de febrero de 2006

TRANSGRESORES Y OFENDIDOS, de Rafael Sánchez Ferlosio

Pero ahora tiene que salir a escena otra no menos curiosa novedad, surgida no sabría yo decir hasta qué punto en connivencia o en sinergia con la estética o pedagogía de la transgresión. El caso es que cada vez se manifiesta más frecuentemente la exigencia de respeto, tampoco sé con qué ínfulas o con qué convicción, salvo que excluyo desde luego que se deba a un aumento de la delicadeza de las almas y de la sensibilidad, pues lo que es las almas cada día se me antojan más groseras y bellacas; creo más bien que en la idea del respeto muchos podrían haber visto una nueva fuente de rentabilidad moral. Lo digo sobre todo porque el mercado del respeto, a poco que se escarbe, acaba por no ser más que la apariencia pública y ostensible del vicio verdadero: la insaciable demanda -esta vez secreta pero generalizada y consabida como la de las drogas- de la ofensa. Nunca se había visto un mundo en el que todo el mundo ande como loco deseando ser ofendido, con las orejas como las de una liebre atentas a no perderse la menor palabrilla que se diga, por si ofrece algún sesgo que permita, siquiera sea amañadamente, habilitarla para ofensa. ¡Si hasta los finlandeses han ido a llamarse a agravio, porque a algún francés se le ha ocurrido hacer de menos su cocina! La ambivalente conjunción entre la pública exigencia de respeto y la secreta concupiscencia de ser ofendido, recuerda el cuento del que tomó nombre la "Casa de Tocamerroque": una muchacha gritaba desde la oscuridad del patio anochecido hacia la barandilla de la planta superior de la corrala: "¡Mamá, que Roque me toca!", al tiempo que en voz baja animaba a su galán: "Tócame, Roque".

Autumn Leaves, de Eva Cassidy

ESCENAS DE BAÑO



viernes, 24 de febrero de 2006

TEORÍA SOBRE FONDO VERDE

El individuo educado en una atmósfera de negación de la vida y del sexo contrae angustia de placer (miedo a la excitación placentera), que se manifiesta fisiológicamente en espasmos musculares crónicos.
En el campo de la sicoterapia, el principio fundamental de la técnica es la restauración de la motilidad biosíquica por medio de la disolución de las rigideces (acorazamientos) del carácter - y de la musculatura.
La fórmula del orgasmo que dirige la investigación económico-sexual, es la siguiente: tensión mecánica -carga bioeléctrica- descarga bioeléctrica - relajación mecánica. Esta demostró ser la fórmula del funcionamiento vital en general.

¿ENTENDER LA POESÍA?

José María Valverde, en un breve ensayo que azorosamente ha caído en mis manos funerarias, escribe:

"Para la publicación del poema (habla de The Waste Land) en forma de libro, se le sugirió a T.S. Eliot que añadiera notas explicativas, que puso él mismo, bastante discutibles no sólo por lo incompletas y personales, sino porque, en general, resulta perturbador el hecho -único en la historia de la literatura- de que un poeta ofrezca a la vez sus versos y sus notas aclaratorias. Pero T.S. Eliot ya no pudo volverse nunca atrás, y así se publica el poema siempre, por más que el autor no estuviera muy feliz con ello, según confesó:

A veces he intentado quitarme de encima esas notas, pero ahora ya no pueden despegar nunca. Casi tienen más popularidad que el poema mismo.


Lo malo es que el lector puede pensar que se trata de "descifrar", de interpretar para comprender, cuando el mismo T.S. Eliot dijo:

En The Waste Land ni siquiera me preocupé de si entendía lo que decía.

Y en muchas ocasiones, en sus ensayos, T.S. Eliot ha puesto en guardia contra la tendencia a "entender" la poesía: así, en The Use of Poetry...:

El lector más experto... no se preocupa de entender; no, por lo menos, al principio. Sé que parte de la poesía de que soy más devoto es una poesía que no entendí en la primera lectura; otra parte, es poesía que todavía no estoy seguro de entender; por ejemplo, Shakespeare."

jueves, 23 de febrero de 2006

OTTO DIX

Marsella (Marinero y chica), 1922

Los cuadros de prostitutas
... Pero, hombre, ¿por qué pintas eso? Nadie quiere colgarlo. Nadie quiere verlo. Sí, qué sentido tiene en realidad todo eso. Pero tu vas y lo pintas. Las malditas putas y las malditas beldades ajadas y todas esas tristezas de la vida. Quién diablos va a disfrutar con eso. A nadie le gusta. No hay galería que quiera exhibirlo. Para qué lo pintas... Bueno, tengo que decirlo: Prefiero seguir a mi voz interior, que me lleva a alguna parte sin que me diga qué sentido tiene (...) Sí, desde luego que no lo pinto para ésos. Ni para ésos ni para aquéllos. Lo siento. Y es que soy un proletario de pro, no es verdad, que digo: “¡Eso lo hago! Y podéis decir lo que se os antoje.” Para qué es bueno eso, ni yo mismo lo sé. Pero lo hago.
[Otto Dix habla sobre arte, religión, guerra, disco, Erker–Verlag, St. Gallen, 1963]

miércoles, 22 de febrero de 2006

Liza Minnelli vende la casa de su padre con su madrastra dentro

EFE - Los Ángeles
ELPAIS.es - Gente - 21-02-2006


La cantante estadounidense Liza Minnelli ha vendido la casa que perteneció a su padre, Vicente Minnelli, por 3,5 millones de dólares (casi tres millones de euros), destaca en su sección inmobiliaria el diario Los Angeles Times. La venta de esta mansión incluye un peculiar detalle: la vivienda aún está habitada por Lee Minnelli, de 98 años, la madrastra de la artista y última esposa del realizador de Un americano en París (1951). En 2002, la nonagenaria inquilina presentó una demanda contra su hijastra en la que aseguraba que la ganadora del Oscar por Cabaret iba a violar las condiciones de la herencia si vendía la mansión, construida en 1925. Según la demanda, la más joven de los Minnelli heredó la casa con la condición de que permitiera a su madrastra vivir en ella hasta su muerte. Lee Minnelli acusaba también a su hijastra de hacerle la vida imposible cortándole la luz para que se fuera.
La demanda fue retirada meses más tarde y la única explicación de la longeva Minnelli fue que "no puedo demandar a Liza". Según Los Angeles Times, Lee Minnelli seguirá ocupando la casa y los nuevos dueños, de los que no se ha desvelado su identidad, esperarán para hacer sus reformas y entrar a vivir en la mansión.

martes, 21 de febrero de 2006

YE LAO-TUO

El llamado Ye Lao-tuo, de origen desconocido, acostumbraba deambular sin sombrero y descalzo, una burda tela echada al hombro tanto en verano como en invierno, siempre con una estera de bambú en la mano. Cierta vez llegó a Un albergue de Yangchou y pidió un cuarto, el más alejado de todo ruido. El mesonero le señaló una habitación y le dijo:
- Esta es la más tranquila de todas. Lástima que esté embrujada. No le recomiendo que la ocupe.
- Eso no me preocupa - replicó el viajero. E inmediatamente, él mismo procedió a limpiar el cuarto. Extendió su estera en el suelo.
La medianoche lo encontró acostado sobre su estera. Entonces vio deslizarse en su cuarto, a través de la puerta que se había abierto sola, una mujer que llevaba una cuerda en el cuello. Los ojos le salían de las órbitas, de modo que le golpeaban las mejillas, y la lengua le colgaba varios pies fuera de la boca. Ella avanzó con pasos vacilantes. Detrás apareció un decapitado, llevando una cabeza en cada mano, seguido de una figura negruzca y desfigurada: ojos, orejas, nariz y boca, estaban casi enteramente borrados. Lo seguía un hombre hinchado, amarillento, con la panza bien inflada como una monstruosa calabaza.
- ¡Diablo! - exclamaron al unísono los cuatro visitantes -. ¡Esto apesta a intruso! ¡Es preciso darle una lección!
De inmediato hicieron toda la mímica de darle caza, pero sin acercarse siquiera.
- El canalla está aquí, no cabe duda - se impacientó uno de los monstruos -. Resulta curioso que no lo encontremos. ¿Qué hacer?
- Según mi opinión - dijo el amarillo e hinchado-, si tenemos el poder de extraer el alma a los vivientes, es debido a que el miedo favorece nuestro trabajo. Seguramente que esta vez tenemos que vérnosla con alguien que tiene el alma bien afirmada dentro del pellejo. Sin la ayuda del miedo, nada podemos hacer.
Viendo la perplejidad en la cual estaban sumergidos esos fantasmas que daban vueltas y más vueltas con gestos lastimeros, Ye se sintió seguro de sus fuerzas, y señalándose a sí mismo exclamó:
- ¡Aquí estoy!
Los monstruos, aterrorizados, cayeron de rodillas. Dócilmente se dejaron interrogar.
- Éste es un ahogado - declaró la mujer, señalando a su compañero hinchado -. Ese otro es un quemado vivo. Y aquél, un bandido decapitado por asesino. En cuanto a mí, me ahorqué aquí mismo.
- ¿Se confiesan ahora vencidos? - les preguntó Ye.
- ¡Oh, sí! - respondieron con unanimidad.
- En tal caso, vayan a ocuparse de vuestra metempsicosis, en lugar de atormentar a la pobre gente de aquí - les ordenó Ye.
Los monstruos se prosternaron y se fueron. Al día siguiente, Ye contó el incidente al alberguista, quien tuvo la satisfacción de comprobar que esa habitación había quedado exorcisada.

(De Aquello que no habló Confucio, por Yuan Mei, dinastía Ching)

Si le apetece, más cuentos chinos.

lunes, 20 de febrero de 2006

JOSEP PLÁ Y SU CUADERNO GRIS

NO SABRÍA DESCRIBIR en qué forma se produjo, en mi caso concreto, el despertar de la consciencia. La oscuridad es completa; la amnesia total. La primera reminiscencia precisa es visual: veo, de un golpe, a mi padre leyendo el diario en la mesa, el cuerpo sobre los manteles blancos, toda la cara manchada por la luz del quinqué de petróleo filtrada a través de una pantalla de tela verde. Ver la piel de mi padre chorreando verde me produjo una sorpresa tan grande que estallé en una risa nerviosa incontenible. Los dos recuerdos siguientes son del olfato: el olor de corcho quemado, un poco acre, que siempre flota en el aire de Palafruguell y que da a los forasteros de nariz fina la sensación de un incendio recién apagado y el olor de pana de los trajes de la gente, que siempre se me ha hecho desagradable y agrio. Más tarde ...

sábado, 18 de febrero de 2006

UN TEÓLOGO PARA LA MUERTE, de Emmanuel Swedenborg

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto). Los objetos domésticos era iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo.

Melanchton les dijo: "He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe". Esas cosas las decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron este discurso, lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero.

Además, las paredes del aposento se mancharon de cal, y el piso, de un barniz amarrillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. Seguía, sin embargo, escribiendo, pero como persistía en la negación de la caridad, lo trasladaron a un taller subterráneo, donde había otros teólogos como él. Ahí estuvo unos días y empezó a dudar de su tesis y le permitieron volver. Su ropa era de cuero sin curtir, pero trató de imaginarse que lo anterior había sido una mera alucinación y prosiguió elevando la fe y denigrando la caridad. Un atardecer, sintió frío. Entonces recorrió la casa y comprobó que los demás aposentos ya no correspondían a los de su habitación en la tierra.

Alguno contenía instrumentos desconocidos; otro se había achicado tanto que era imposible entrar; otro no había cambiado, pero sus ventanas y puertas daban a grandes médanos. La pieza del fondo estaba llena de personas que lo adoraban y que le repetían que ningún teólogo era tan sapiente como él. Esa adoración le agradó, pero como alguna de esas personas no tenía cara y otras parecían muertas, acabó por aborrecerlas y desconfiar. Entonces determinó escribir un elogio de la caridad, pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción.

Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y éste los engañaba con simulacros de esplendor y de serenidad. Apenas las visitas se retiraban reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes.

Las últimas noticias de Melanchton dicen que el brujo y uno de los
hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

Y muchas cosas más en: La mujer de mi vida.

jueves, 16 de febrero de 2006

UNOS CUERPOS COMO FLORES, de Luis Cernuda

Unos cuerpos son como flores,
Otros como puñales,
Otros como cintas de agua;
Pero todos, temprano o tarde,
Serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
Convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
Sueña con libertades, compite con el viento,
Hasta que un día la quemadura se borra,
Volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
Que cruzan al pasar los pies desnudos,
Muero de amor por todos ellos;
Les doy mi cuerpo para que lo pisen,
Aunque les lleve a una ambición o a una nube,
Sin que ninguno comprenda
Que ambiciones o nubes
No valen un amor que se entrega.

Del libro "Los placeres prohibidos" (1931)

martes, 14 de febrero de 2006

“Sólo de la palabra y con la palabra ha nacido la mano. El hombre no tiene manos, sino que es la mano la que tiene íntimamente la esencia del hombre, porque la palabra, como ámbito esencial de la mano, es el fundamento esencial del hombre. La palabra, en cuanto aquello que se muestra a la mirada, es la palabra escrita es decir, la escritura. Pero la palabra en cuanto escritura es el manuscrito”.
“La palabra ya no discurre a través de la mano que escribe y que propiamente actúa, sino a través de la impresión mecánica de la mano. La máquina de escribir sustrae la escritura del ámbito esencial de la mano, es decir, de la palabra. La propia palabra pasa a ser algo mecanografiado… Escribir a máquina quita a la mano el rango que había ocupado en el ámbito de la palabra escrita y degrada la palabra a ser un medio de transporte”.
“En la escritura a máquina todos los hombres parecen iguales”.

Martin Heidegger, en unas clases que dio el curso 1942-1943 en la Universidad de Friburgo.

Mangado de aquí.

lunes, 13 de febrero de 2006

PELOS BRATZS


envuelto
devuelto
revuelto
absuelto
-----------por tus pelos
poseído
abducido
-----------por tus pelos
vivir dentro de la pelambrera de tus ideas
iluminado
arropado
ensombrecido
liberado
------------por tus pelos
conmovido
------------por tus pelos
quiero convertirme en aire entre tus pelos
respirar y asfixiarme
abrazado a tus pelos
volar rubiamente
como vuelan rubiamente
tus rubios pelos

cabellera iluminada
embriagada de laca
rubios cristales
burbujas de sol
puro mediodía -¿verde?-
quiero soñar oliendo
tu perfume de lata

domingo, 12 de febrero de 2006

sábado, 11 de febrero de 2006

nevaba
----------la sólida palidez
del silencio
sostenía
----------un aire sin pájaros

una ácida nostalgia
----------de relámpagos insistía
y un recuerdo de algo
se asentó en su memoria
como una luz para siempre

----------bruma clara de su
-----------------------------soledad

viernes, 10 de febrero de 2006

jueves, 9 de febrero de 2006

LA ZAMBULLIDA, de Ezra Pound

Querría bañarme en extrañeza:
estas comodidades amontonadas encima de mí,
me asfixian!
¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo,
amigos nuevos, caras nuevas
y lugares!
Oh, estar lejos de todo esto,
esto que es todo lo que quise
...salvo lo nuevo.

¡Y tú,
amor, la que mucho, la que más he deseado!
¿Acaso no me repugnan todas las paredes,
las calles, las piedras,
todo el barro, la bruma, toda la niebla,
todas las clases de tráfico?
A ti, yo te querría
fluyendo encima de mí como el agua,
¡oh, pero fuera de aquí!
Hierba y praderas y colinas
y sol
¡oh, suficiente sol!
¡Lejos y a solas, en medio de
gente extraña!
También es suyo lo siguiente:
"Los hombres no entienden los libros hasta que han vivido un poco. O de todos modos, ningún hombre entiende un libro profundo hasta que no ha visto o vivido, por lo menos parte de su contenido. El prejuicio contra los libros ha aumentado por culpa de la estupidez de los hombres que sólo han leído libros".

miércoles, 8 de febrero de 2006

MI PRIMERA VISTA DE MADRID, de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez en 1902

Me esperaban caras ya vistas en fotografías unas, absurdamente nuevas otras, Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Julio Pellicer, Bernardo G. de Candamo, no recuerdo quién más. Nos metimos todos en mojado, un ómnibus yerto, que arrancó trepidante y cuyo traqueteo estallador contra los adoquines dominábamos a gritos falsos o verdaderos. Mi primera vista de Madrid interno fue la ensabanada estatua de Moyano. Feo. Luego vi las torres de pizarra en el cielo cerrado. Más feo. Luego, las escaleras oscuras de madera fregada. Feísimo. Bruma íntima, asco amargo, abierta melancolía, deseo de volverme en el ómnibus mismo a Moguer de mármol, rejas verdes, cal, tejas amarillas con flores, sol rubio en todo, bellísimo... Pero llegamos también a la casa donde yo viví aquellos meses de estraña primavera empezada en Andalucía, retraída en la Mancha, cambiada de pronto en Aranjuez, anulada, sepultada, olvidada en Madrid. Mayor, 16, piso último, amable familia granadina. El almuerzo olía, pero yo no me hice cargo. Villaespesa, acabando todos de subir los 200 escalones, me pidió que le leyera "en el acto" mis versos; y sin preocuparme de otra cosa, sin ver ya nada ni a nadie, bajamos los dos los 200 escalones, entramos en el café que había en la misma casa, y allí, mientras no sé si tomábamos no sé qué, le leí todos mis versos, mi profuso libro Nubes sentimental, colorista, anarquista y modernista, de todo un poco ¡ay! mucho. LLovía largo fuera; dentro, humo plomo, férreo estrépito diferente. Yo, en ninguna parte. Cuando quise almorzar, cené.

martes, 7 de febrero de 2006

LOS ESPEJOS VELADOS

"El Islam asevera que el día inapelable del Juicio, todo perpetrador de la imagen de una cosa viviente resucitará con sus obras, y les será ordenado que las anime, y fracasará, y será entregado con ellas al fuego del castigo. Yo conocí de chico ese horror de una duplicación o multiplicación espectral de la realidad, pero ante los grandes espejos. Su infalible y continuo funcionamiento, su persecución de mis actos, su pantomima cósmica, eran sobrenaturales entonces, desde que anochecía. Uno de mis insistidos ruegos a Dios y al ángel de mi guarda era el de no soñar con espejos. Yo sé quien los vigilaba con inquietud. Temí, unas veces que empezaran a divergir de la realidad; otras, ver desfigurado en ellos mi rostro por adversidades extrañas. He sabido que ese temor está, otra vez, prodigiosamente en el mundo. La historia es harto simple, y desagradable.
Hacia 1927, conocí una chica sombría: primero por teléfono (porque Julia empezó siendo una voz sin nombre y sin cara); después, en una esquina al atardecer. Tenía los ojos alarmantes de grandes, el pelo renegrido y lacio, el cuerpo estricto. Era nieta y bisnieta de federales, como yo de unitarios, y esa antigua discordia de nuestras sangres era para nosotros un vínculo, una posesión mejor de la patria. Vivía con los suyos en un desmantelado caserón de cielo raso altísimo, en el resentimiento y la insipidez de la decencia pobre. De tarde -algunas contadas veces de noche- salíamos a caminar por su barrio, que era el de Balvanera. Orillábamos el paredón del ferrocarril; por Sarmiento llegamos una vez hasta los desmontes del Parque Centenario. Entre nosotros no hubo amor ni ficción de amor: yo adivinaba en ella una intensidad que era del todo extraña a la erótica, y le temía. Es común referir a las mujeres, para intimar con ellas, rasgos verdaderos o apócrifos del pasado pueril; yo debí contarle una vez de los espejos y dicté así, el 1928, una alucinación que iba a florecer el 1931. Ahora, acabo de saber que ha enloquecido y que en su dormitorio los espejos están velados pues en ellos ve mi reflejo, usurpando el suyo, y tiembla y calla y dice que la persigo mágicamente.
Aciaga servidumbre la de mi cara, la de una de mis caras antiguas. Ese odioso destino de mis facciones tiene que hacerme odioso también, pero ya no me importa."
de J.L.B.

Un pdf.

lunes, 6 de febrero de 2006

Borges dijo: "No sabemos exactamente qué sucede en los sueños: no es imposible que durante los sueños estemos en el cielo, estemos en el infierno, quizá seamos alguien, alguien que es lo que Shakespeare llamó the thing I am, "la cosa que soy", quizá seamos nosotros, quizá seamos la Divinidad. Esto se olvida al despertar. Sólo podemos examinar de los sueños su memoria, su pobre memoria".
Solemos soñar en nuestra habitación. En nuestra habitación azul. Veamos lo que dice Umbral:
"La habitación era cuadrada, o rectangular, u oblonga, o quizás fuese oblongamente rectangular, oblongamente cuadrada, rectangularmente ovalada, elípticamente cuadrada, no sé, quién sabe. La habitación, quizás, era cada día de una forma. Cada tarde, cada noche, cuando la lluvia azul de sus paredes descendía como un lento desangramiento agradecido, como una humedad del tiempo más que del aire, como un llanto de las cenefas o una respiración de los espejos. La habitación tenía una atmósfera azul..."

al despertar
cuando vi la huella
de una elipse
en mi mano pensé
estoy salvado

jueves, 2 de febrero de 2006

SENOS


"Este libro está escrito en plena videncia juvenil, por lo que al releerle, después de toda la experiencia acumulada, creo que hice lo que debí hacer cantando a pleno cantar la belleza indecible de los senos, lo que más suavemente eleva a la mujer sobre la bestia, pues solo la esfinge se ha atrevido a tener senos como ella.
Lo mórbido que palpita y siente, lo mórbido que puede hablar de lo que experimenta, es lo supremo de lo supremo: el salmismo del ensalmo sumo.
Quizá por eso el segundo libro que publiqué casi en la infancia se llamó Morbideces y, siendo un libro de confidencias espirituales, se amparó de ese título porque ya había en él barruntos de la idealidad de los senos, cuya palabra cumbre no me atreví a escribir sinceramente sino años después.
Dignificadores del deseo, son ellos la consecución mas importante de las que alientan la vida.

Desde luego, necesitaban para ellos solos un Cantar de los cantares que trasluciese la obsesión más decantada del joven, la indeshinchada ilusión del hombre aun en su vejez, siendo por eso por lo que en las casas más hipócritas se eligió el cuadro en que el anciano mártir, condenado al hambre en la cárcel, se acucia en los senos de su hija.

En los senos se guarece el alma femenina, y quien asciende en un afán sólo hasta ellos, irá a la mujer con un romanticismo que podrá ser duradera galantería y fiel cortesía en el trato hasta la muerte.
Intenté almibarar y acicalar el estilo como los místicos, pero sin mentir el desasosiego juvenil que será eterno en el mundo.

Sé que estuve alumbrado por el fervor global de una luz potente y que no sentí arrepentimiento mientras escribía mis letanías, pues trazaba palabras consagrativas al Arte y la Vida.
Sinceras oraciones de un afán que sigue vivo en mí, pues creo que, si se establece contacto real con la metafísica, es sólo gracias a ellos, que en plena realidad siempre son irreales.
La salud de la rectitud de los sentimientos varoniles está en la superación de su idea, pues sólo gracias a los senos se eleva sobre la pornografía.
Lo paradisiaco, lo inlogrado, lo que revela la ilusión, lo que hace que el hombre se revuelva contra lo efímero, lo que permite que sienta una caricia del alma en el alma, está en los misteriosos senos, en que se supera la delicadeza de la materia manteniendo intacto su secreto.

Yo bien sé que si rehiciese ahora este libro lo llenaría de más verbosidad, encontraría más extraños matices, pero al mismo tiempo debilitaría aquel ardimiento que me hizo tirar por el camino de en medio, por el camino peligroso de la vía láctea. Con abrasadora sed juvenil y con una fe en la mujer que nunca perdí, sorbía en el cuenco de mi mano la forma del agua que se desvanece al instante por los resquicios de ese cuenco entreabierto que es la mano. ¡Sólo somos pobres escultores de agua!
Es un libro orientador como señal del camino en el que está el nombre y las señales del pueblo del tesoro.

Significan cerca del pensamiento lo divino sensible y basta que esté señalado su sitio por el botón femenino para que sean esenciales.
Son el dorado tirador glorioso que da a la habitación en que se reúne la vida y la muerte.
Ser el dominador de unos bellos y sensibles senos es más que tener genio.
Arpegios materializados, señal anticipada de la felicidad, es el único anclaje sensorial con el más allá paradisíaco. Todo el estilo del lenguaje se pronuncia ante ellos y muere inútil, pues si vuelan son como una sombra.
Son del más puro lirismo interno y son la única mano con que nos quiere salvar la naturaleza de la anonadación total, las únicas boyas flotantes cuando nos vamos a la deriva.
No podían escaparse por eso a la especulación de la palabra holgada y libre.
El horror de los celos a su desamor, es como el que toma el ave a los huevos que empolla cuando alguien los ha tocado en el nido.
Son como la cúpula vista desde fuera, la umbela secreta, el floripondio anatómico, lo que ya esta muerto y, sin embargo, vive.

Toda la danza, lo mas fino de ella, son unos senos bailarines.
Renoir ya lo dijo rotundamente: "Si no hubiese tetas, yo no pintaría".
Cuando los poetas aluden a la muerte la llaman "la sin senos".
Nadie más que el genial Creador podía escultorizar tan suaves quimeras.
Los senos son los salvavidas de la muerte. Sólo agarrándonos a un seno nos podremos salvar.
Ese algo que cae lento pero pesado es la comprobación de la dulzura de la materia, de lo que está más allá de lo sensual, lo sensorio.
Lorca supone "los dorados senos de las cubanas" y los "senos de cristal arañado" de las rameras.
He llegado a suponer que las guerras, las revoluciones, la política, toda violencia que se hace la disimulada, sólo trata de cobrar unos senos en el botín final de su victoria.

Los senos rubios de las rubias y los blancos de las morenas, parece que van a fundirse alguna vez, pero no se funden nunca. ¡Pobre de la que no tiene más que la sombra de los senos, el ciprés del nacimiento muerto !
El reclamo de los senos es a veces demasiado orgulloso, pero entonces la vida les para en su soberbia y en su movimiento y quedan como juguetes muertos sobre los que llora una niña.
Casi todos los senos son frígidos, pero si se llegan a conquistar senos enterados, el más allá del placer está logrado. Esa es la suerte mayor de la vida, el hallazgo sumo y todo lo demás resulta pecaminoso y brutal.

Sólo se sabe cómo habla la mujer cuando sus senos saben hablar.
El seno avizor responde, ha sido dotado por la divinidad de un especial permiso para que pueda estar el delirio cerca del pensamiento. No se necesita más. El amor ha ascendido. Ya no hace dengues de vanidad la mujer, sino que se deja decir hasta las más hondas palabras de amor y se siente la respuesta deliciosa. ¡Tesoro, verdadero tesoro!
Sólo no responden los senos de timbre muerto, en los que, cuando más, hay una respuesta de dolor.
El camino de los senos es largo, largo, con mucha espera y años que se pierden en la espera; pero si la esperanza es grande, un día sucede lo inaudito.
Estaban en reserva y se logra que la pierdan.
El milagro es lento, pero seguro. En su nínfea de seda se escucha la voz del alba y de la noche, reunidas, sin quererse desenlazar, prendiendo los días unos a otros, como en un simulacro de inmortalidad.
En ellos está la palabra como antes de pacer el mundo, y la copa que les sirvió de modelo está como fue antes de endurecerse, cuando no era revés de copa aún, cuando eran el principio de todas las caracolas de nácar.

Se está en la madurez cuando encontramos el más perfecto cáliz en que poder hacer el resumen de lo vivido y de lo que no se pudo vivir, de lo buscado en vano.
Todos ya no eran ninguno, es decir, sólo eran esa sombra blanca y sobrenatural que respondía al ahondamiento, que decía lo que la nube no puede decir y la estrella dice quizá, pero no se oye.
Senos lustrales, con recepción del más allá en el más acá, pilas benditas con reposo en su delicadeza acorcaban el amor y salvaban en flotación de cielo.
Todas las palabras abombadas y exultantes resultan procaces ante esas esquinas de altar, en que el amor se ahorra para el más allá.
Al caer hacia el cielo o al caer hacia el infierno el caso es tener su asidero y sólo eso salvará de interminable trayectoria.

Hacen el silencio a su alrededor y sólo hablan ellos, y la degollada deja que se sepa donde había escondido su alma, donde la guardará siempre y desde donde podrá resucitar.
Son vanos todos los esfuerzos por decir que se ha hecho en la vida hasta que la flecha de la palabra encuentra su blanco y se abren cenadores en la sombra.
¡Cómo habrán sido de inútiles todas las palabras como rosas de cera pronto rotas!
En ellos resulta que los círculos que crean las palabras al caer en el espacio, en vez de retirarse cada vez más de su centro, se centran y sólo paran cuando, amontonándose, forman el pequeño capacete del alma, su fanal.
Gracias a ellos, se saben al fin cosas secretas que parecía no ser posible saber nunca, como dónde está el ángulo íntimo en que las paralelas se reinen.
Lo mismo da que en ese momento del hallazgo se apague la luz, pues quedarán como joyas encendidas, ágatas antes de petrificarse, frutas que hablan en el momento de entregarse a la fuerza de gravedad, vislumbres en la negrura concedida. Horacio los ponderó y definió genialmente:

Que el cuenco de la mano palpe en hondo
la redondez del seno y su latido,
hemisferio de amor, mundo redondo
a dimensión de beso reducido.

Novalis dijo de ellos palabras excelsas:

"El seno es el pecho elevado a estado de misterio, el pecho moralizado."

En los senos hay un recuerdo de los primeros que nacieron del mármol.
Entre todo el tostado de la piel blanquea algo con blanco de pan: ése es un seno.
En ellos está todo el peso de la naturaleza, del aire, y del arte.
La vida está adornada con farolillos de senos.
El cascarón de los senos está en los hombros.
No cabe duda que Dios quiso dignificar con ellos la figura de la mujer y por eso los puso en lo alto del pecho y los desnudo de pelo.
Invertidos y colganderos son como el embudo por el que se filtra y pasa la delicia de la vida.
Son ventosas del deseo para ella y para él.
En un seno ya se sabe que esta el corazón, pero ¿y en el otro? En el otro estará el alma.
Todos los deseos se pueden sentir ante ellos, hasta el deseo del poeta moderno, ante los de la quinceañera, de cascarlos con cucharita como si fuesen unos huevos duros.
Los senos idealizan el pecado y por eso es casto ver el seno alto de las vírgenes, como si aquellos pintores quisieran que les saliese de la propia garganta.

Cuando el escultor ve aparecer el seno en el mármol, cree que fue un milagro, y eso que aparece sin areola, la sombra morada de la llaga de amor.
Los senos son las dos grandes lágrimas que llora la belleza por ser tan efímera.
Péndulos sin ritmo o movidos una vez como para no volverse a mover nunca, son presagios de la muerte acariciada. La naturaleza es plurimama y hasta Napoleón todo lo hizo por encontrar al final de sus victorias unos senos como tope del mundo que acabará cuando se hundan los dos últimos senos como las dos bovedillas del misterio y del descanso.
Los senos que responden son los ósculos entre lo finito y lo infinito, las vueltas de llave en la puerta del depósito de alegría, la serena complacencia de estar entre tanto retrato y momia, desmentidas las sombrillas, abandonados los palcos, huidos de las playas frías en que se bañan engañosas mujeres.
Ya ha pasado el índice de todos los senos de bazar, está cerrada la cubierta y prologado el libro por última vez. "
PRÓLOGO REDACTADO POR RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA PARA SU LIBRO "SENOS".
P.S.: Dedicado a la gran Drew

Sailesh


No sé, no

My way


miércoles, 1 de febrero de 2006

Jean Genet

De 1940 a 1947, época en que Genet escribió sus mejores obras, vivió rodeado de libros, libreros y hasta autores famosos. Puede haber sido un bandido, pero era un bandido muy literario. Hacia el final de la guerra se recibieron informes de la clase de juegos que Genet practicaba con sus amigos: en una librería bien provista, uno de ellos tomaba un libro al azar, leía un pasaje y los demás debían adivinar el nombre del autor. Entre estos jugadores muy letrados, el que siempre ganaba era Genet. Uno de ellos le preguntó que a qué horas había leído tántos libros. Genet respondió: "Tuve tiempo de leer en la cárcel. No tenía más que hacer." Esta omnivoracidad desmintió un ensoberbecido comentario que Genet le hizo, más o menos por la misma época, a Roger Stéphane, en el sentido de que sólo ...

P.S.: Leamos autobiografías (automoribundias), memorias minuciosas en imágenes ( foto/grafrías), crónicas ordenadas o destartaladas de los unos o de los otros (y también de los hunos y de los hotros, que dijo el otro), apologías o no autorizados relatos de los pormenores de vidas ajenas.
Muchos somos caníbales literarios (y algunos hunos también de los hotros). Mitomaníacos, almas hambrientas de almas sedientas o a la viceversa. Glosas de nuestros intra/secretos. Leer vidas escritas, con su aura de perpetuidad, de fijación. Como huyendo de la vida sufrida, tan escurridiza como el jabón con el que se lava las manos por la mañana alguna mujer bella.