sábado, 29 de abril de 2006

¿LIBROS IMPOSIBLES?

Por invitación de Altuna, aquí pongo unos títulos de libros imprevisibles e improvisados:

- Diccionario de falosofía bratziana, editado por Cír-culo de Lectores, de Archiputti de las Carnelias
- La mirada miríada de un japonés que se autofagocita crudo, de Don Pez de Colores
- Diario de un caminante descalzo harto de tanto guijarro, de Mikel Jon/John
- Ladridos al bólido tiempo escuchando "Street Spirit" de los Radiohead, de Virginia de Todas las Limas
- La verdadera historia del Barón de Charlus, de Aura de Bretaña
- Memorias del ojo de mi mano mirando al abismo, de Don Estupor Eye in the Hand
- Cementerio porno del tiempo (meditaciones de un espontáneo), del señor Nichodades.

jueves, 27 de abril de 2006

miércoles, 26 de abril de 2006

Lírica bratziana

Una premonición telepática que parecía antipática me arrojó un anónimo durante la noche serena. Ahogo de vacío, ahogo de nada, parecía, pero ahogo de éxtasis fue.

abril abrilea malherido
ave suspirante por los suburbios
del viento arracimado de luz
buscando su azul acérrimo


(Esperemos que las Bratz, cuando se hagan mayores, se peinen adecuadamente, y no como ésta, con la que casi me ahogo de serenidad esta noche, durante la duermevela en la noche extasiada -r.e.m. la llaman algunos)



chica asfixiada de pelos

despelujada de lujuria

en llama de araña

minuciosa de enredos

ramaje del tiempo

violín extasiado de desorden

incendio agónico

de todas las tardes

martes, 25 de abril de 2006

domingo, 23 de abril de 2006

sábado, 22 de abril de 2006


Lo pone en la foto

viernes, 21 de abril de 2006

Algunas fotos de París

Librairie Shakespeare & Co

Una chica haciendo estiramientos

Y más fotos panorámicas

jueves, 20 de abril de 2006

COLLARES DE PERLAS ROTOS

No conozco a nadie, de hecho, que en algún momento de su vida, en alguna casa que haya ocupado, no haya estado convencido de que los vecinos del piso superior se ponían a arrastrar los muebles de madrugada, o a cambiarlos de sitio (incluidas las camas), y no una noche suelta, sino casi todas. Seguro que ustedes mismos tienen o han tenido esta sensación incomprensible. ¿Tan insatisfechos y dubitativos están respecto a la colocación de su mobiliario, que hacen pruebas incesantes, ahora el sofá aquí y los armarios allá, los sillones en aquel rincón y las mesas junto a la ventana? Aunque no es descartable que exista bastante gente en verdad indecisa sobre la disposición de sus alcobas y salones, es del todo imposible que sea tanta como para que a todos nos haya tocado sufrir a alguna. ¿Qué es lo que sucede, entonces? ¿A qué insondables actividades se dedican las personas a altas horas, sobre todo las que madrugan porque trabajan fuera o han de llevar a sus niños al colegio, y en modo alguno parecen bohemias?

Si uno tuviera que deducir sus vidas nocturnas a partir de los ruidos, se haría composiciones de lugar disparatadas. Ha habido casas en las que he creído que mis vecinos de arriba, llegada cierta hora tardía, se ponían a jugar a las canicas o quizá a la petanca, porque el sonido que me alcanzaba, inequívoco, era el de bolas rodando por el entarimado. Con otros me figuraba que, nada más volver de sus salidas, se les caían los botones al suelo o bien se les rompían unos cuantos collares de perlas, lo cual, dada la reiteración de ese ruido, me llevó a concluir que el marido y la mujer se los arrancaban mutua y respectivamente, quizá como prolegómeno. En un piso inglés (apropiadamente), durante un mes entero tuve la impresión de vivir debajo de las ancianitas de Arsénico por compasión, aquella comedia negra de Capra, sólo que en vez de matar, como ellas, mediante el silencioso veneno, los inquilinos se dedicaban durante la noche a descuartizar el cadáver de la jornada, tan semejante al de laboriosos serruchos era el ruido que armaban. En otra ocasión sentí que un hombre de edad, solitario y apocado, organizaba al anochecer grandes fiestas muy concurridas, por los numerosos pasos –incluso como pasos de baile– que desde abajo yo escuchaba; no era así, porque una vez cedí a la tentación de mi intriga y vigilé desde mis balcones la puerta de la calle, por la que no entró ni un desconocido, es decir, ni un solo posible invitado; lo cual no me impidió oírlos una vez más sobre mi cabeza, como si bailaran sin música y corretearan unos en pos de otros. Una amiga mía tuvo una vecina, durante años, a la que siempre veía entrar y salir con zapato bajo; una vez en su casa, sin embargo, y por el tipo de ruido que hacían sus pasos, estaba convencida de que se calzaba unas zapatillas con tacones y el talón al descubierto, a las que su imaginación no podía evitar añadir pompones para completar visualmente el cuadro: acabó persuadida de que aquella mujer, discreta y sobria, se resarcía por las noches poniéndose un negligé, esas zapatillas con tacón alto y borla y quizá ropa interior diabólica, aunque no fuera a recibir a nadie. Una vez pregunté, a unos jóvenes desde cuyo piso se oía un “papapam” sordo y continuado, como si manejaran una imprenta, y la respuesta fue más extravagante que lo imaginado: “Es que tenemos una destilería de whisky clandestina”, dijeron.

A lo largo de los años algo más he averiguado: lo que tomamos por lunático arrastre de muebles se corresponde a veces con el extemporáneo paso de una aspiradora a tirones, o bien con un febril abrir y cerrar de cajones. Uno se pregunta, de todas formas, por qué nadie abrirá y cerrará los cajones de su cómoda a las tantas, no una ni dos, sino veinte veces, o por qué dará golpes sin cuento con una vieja aspiradora metálica. Por supuesto en España, donde casi nadie se acuerda de que existen los otros, no es raro oír martillazos en plena noche: es gente colgando cuadros o acometiendo reparaciones. Pero, acostumbrado a tantos ruidos inexplicables, uno tiene la sensación de que los vecinos de arriba están clavando ataúdes, y piensa: “Ojalá sean los suyos”.

JAVIER MARÍAS

miércoles, 19 de abril de 2006

Ya habrá cigüeñas al sol mirando la tarde roja...

Los olivos grises,
los caminos blancos.
El sol ha sorbido
la calor del campo;
y hasta tu recuerdo
me lo va secando
este alma de polvo
de los días malos.

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CANCIONES DE
TIERRAS ALTAS


I


Por la sierra blanca...
La nieve menuda
y el viento de cara.
Por entre los pinos...
por la blanca nieve
se borra el camino.
Recio viento sopla
de Urbión a Moncayo.
¡Páramos de Soria!

II

Ya habrá cigüeñas al sol,
mirando la tarde roja,
entre Moncayo y Urbión.

Algo de ANTONIO MACHADO.

sábado, 8 de abril de 2006

YOLLEO, de Oliverio Girondo

EH VOS
tatacombo
soy yo
di
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre
---yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué di
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
-----------------------------------y hasta cuándo

jueves, 6 de abril de 2006

LUGARES COMUNES, de Flaubert

Actrices.- La perdición de los hijos de buena familia. Son de una lubricidad pavorosa, se dedican a las orgías, derrochan millones, terminan en el hospital, ¡Perdón! ¡Hay algunas que son buenas madres de familia!
Ajo.- Mata las lombrices intestinales y predispone a las luchas amorosas. Con él fueron frotados los labios de Enrique IV en el momento de venir al mundo.
América.- Buen ejemplo de injusticia. Colón la descubrió y se la llama así a causa de Américo Vespucio. Sin el descubrimiento de América no habríamos tenido la sífilis ni la filoxera. Exaltarla, a pesar de todo, especialmente cuando no se la conoce. Recitar un monólogo sobre el self-government.
Caleidoscopio.- Sólo se utiliza a propósito de las exposiciones de pintura.
Cerveza.- No hay que beberla porque acatarra.
Coito, copulación.- Palabras que deben evitarse. Decir: “Tenían relaciones...”
Coñac.- Muy funesto. Excelente para muchas enfermedades. Un buen vaso de coñac nunca hace mal. Si se lo bebe en ayunas, mata la lombriz del estómago.
Curas.- Habría que castrarlos a todos. Se acuestan con sus criadas y tienen hijos a los que llaman sobrinos. Es lo mismo: también hay curas buenos.
Dentadura postiza.- Tercera dentición. Hay que tener cuidado de no tragársela al dormir.
Dormir.- El mucho dormir espesa la sangre.
Economía Política.- Ciencia sin entrañas.
Entierro.- A propósito del difunto: "¡Y pensar que cené con él hace ocho días!". Se llama exequias cuando se trata de un general, inhumación cuando es el de un filósofo.
Equitación.- Buen ejercicio para adelgazar. Por ejemplo: todos los soldados de caballería son flacos. Buen ejercicio para engordar. Por ejemplo: todos los oficiales de caballería tienen vientres abultados. "Cabalga como un verdadero centauro".
Erección.- Sólo se menciona al hablar de los monumentos.
Escarabajos.- Hijos de la primavera. Bonito tema para un opúsculo. Su destrucción radical es el sueño de todo prefecto; cuando se habla de sus depredaciones en un discurso de exposición agrícola, hay que tratarlos de “funestos coleópteros".
Esfera.- Palabra casta para designar los senos de una mujer. "Dejadme besar vuestras esferas adorables."
Faisán.- Muy elegante en una cena.
Forúnculo.- V. granos.
Gordura.- Señal de riqueza y de holgazanería.
Granos. - En la cara o en otra parte, señal de buena salud y de fuerza en la sangre. No hay que perdonarlos.
Hemorroides.- Provienen de sentarse en las estufas y en los bancos de piedra. Las hemorroides son una señal de salud; por lo tanto, hay que hacerlas desaparecer.
Infinitesimal.- No se sabe qué es, pero tiene relación con la homeopatía.
Institutrices.- Siempre pertenecen a una excelente familia que ha sufrido desgracias. Peligrosas en los hogares, corrompen a los maridos.
Jirafa.- Palabra fina para no llamar camello a una mujer.
Jorobados.- Tienen mucho talento. Las mujeres lascivas los buscan mucho.
Maquiavelo.- Sin haberlo leído, considerarlo como un criminal.
Ministro.- Último escalón de la gloria humana.
Narices.- Respingadas, señal de lujuria.
Optimista.- Equivalente a imbécil.
Pensar.- Penoso, las cosas que nos obligan a pensar por lo general son desesperadas.
Priapismo.- Culto de la antigüedad.
Ropa interior.- Nunca se muestra demasiado, nunca lo bastante.
Sífilis.- En mayor o menor grado, todo el mundo la padece.
Yerno.- ¡Yerno, todo ha terminado!

martes, 4 de abril de 2006

EL HUÉSPED, de Amparo Dávila

Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje. Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresión. Vivíamos en un pueblo pequeño, incomunicado y distante de la ciudad. Un pueblo casi muerto o a punto de desaparecer. No pude reprimir un grito de horror, cuando lo vi por primera vez. Era lúgubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parecían penetrar a través de las cosas y de las personas. Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. “Es completamente inofensivo” —dijo mi marido mirándome con marcada indiferencia. “Te acostumbrarás a su compañía y, si no lo consigues…“ No hubo manera de convencerlo de que se lo llevara. Se quedó en nuestra casa.

lunes, 3 de abril de 2006

Hay días en que no se le ocurre a uno nada

Según Mingote, éste es el mejor chiste que ha dibujado en toda su vida. El dibujo es el cuadro de Las Meninas de Velázquez (con los personajes de la Infanta Margarita, las damas de honor, los reyes Felipe IV y Mariana de Austria en el espejo, y el bufón y el perro) momentos antes de su inmortalización. En primer plano, Velázquez, pintado con el pincel en la mano y la cara tristemente aburrida, dice: "Hay días en que no se le ocurre a uno nada."