jueves, 11 de enero de 2007

HABLEMOS DEL SEÑOR NICHODADES, QUE ES ALGO FASCINANTE

Por invitación del señor Brujo, se pueden destacar cinco intimidades que acompañaron muchos años al señor Nichodades, con la obligada mayestática requerida por la situación:

Primera: dormía (recordemos que murió allá por el 2080 y algo, ciento y pico de años de hastío y plateresco) siempre con tapones de cera para los oídos marca Quiès (para que no se diga, también Proust era adicto, ver cita). Por eso dormía de un tirón. Le despertaba una muñeca parlanchina de Ana Bratz, programada debidamente, llamada Violeta, dándole unos buenos días electrónicos de lo más animosos.
Cito: "El día de la deliberación del jurado (del premio Goncourt), 30 de septiembre de 1920, se levanta, pese a la otitis contraída por el uso de bolas Quiès y llega, tambaleándose de cansancio, al comité Blumenthal, que reúne a Barrès, Bergson, Boutroux, Boylesve, Gide, Robert de Flers, Jaloux, Mme. de Noailles y Valéry, areópago que demostraba la clarividencia de Mme. Blumenthal. La tardía llegada de Proust produce un tanto el efecto de la estatua del Comendador, tan fúnebre es su aparencia. Proust es consciente también de la rareza de su aparición, ya que relatando la sesión a Robert Dreyfus, escribirá: "Hubiera podido decir como Fedra:

Deslumbra mis ojos la luz que vuelvo a ver
y flaquean mis rodillas temblorosas.

cuando estaba a punto de caer tanto encima de Bergson como de Boylesve." (palabras de Ghislain de Diesbach)

Segunda: era de gustos extremadamente sencillos. Indiferente a las novedades, le entusiasmaban las mandarinas, las sardinillas, el vino tinto y el dedo gordo del pie derecho de sus amantes.

Tercera: depués de la Odisea (incluye el Quijote), todo lo demás era para él literatura. No obstante, perdió mucho el tiempo leyendo a Nabokov, al citado Marcelo y a Javier Marías.

Cuarta: el desorden, adoraba el desorden.

Quinta: casi nunca podía, pero le encantaba echarse la siesta a la hora de la merienda.

1 comentario:

Rain dijo...

Al señor Nichodades, ni la otitis le arrenataba el amor por los pájaros y las mujeres hermosas, las conversaciones bratzianas, las tertulias con el Archiesteta OO... Y sería largo enumerar sus aficiones y amorosos gestos...