domingo, 21 de enero de 2007

OCHO POCHO

Por la época en que la señora de Nichodades, doña Consuelo Bratz, empezó a chochear, su aturdido marido estaba tan ocupado en sus ociosidades que, cuando se enteró, mejor dicho, cuando lo comprendió, hecho que ocurrió mucho tiempo después (frente al pelotón de fusilamiento), no se lo podía ni creer. Por esa época, continuó lloviendo a cántaros, sin ton ni son, las lechuzas desaparacieron, el birlibirloque dejó de estar de moda. Por esa época, este señor se decidió a buscar con un ahínco y una intrepidez hasta ese momento para él desconocidas, penxamientos profundos, éticos y estéticos, poseídos por la curvatura del silencio.

OCHO POCHOSIDADES

1) CANTO AL OCHO PARA QUE NO SE PONGA POCHO
CON EL BIGOTE AMARILLO DE COMERTE EL CHOCHO
NUEZ ÁCIDA DE ALMIBAR
ESDRÚJULA PLENITUD DE SUAVIDADES
CANTO Y BAILO Y RÍO Y BRINCO

2) MORIRÁ EN EL DOS MIL OCHO
O EN EL DOS MIL OCHENTA Y OCHO
EN EL DIECIOCHO QUIZÁ
CUANDO SE ENCUENTRE TOTALMENTE
POCHO SIN GANAS NI DE HACER
UN OCHO DERRENGADO (INFINITO)
SOBRE UNA SILLA DE MIMBRE
HECHO UN OCHO DESPUÉS DE COMERSE
EL JAMÓN POCHO

3)EL JAMÓN POCHO.

Como cuando en el sueño pesadillesco nos introducimos en la carne humana del muslo-glúteo, volando por un medio sólido, intentando buscar el hueso-fémur, que luego resulta renegrido, fósil, atufante.
Así también cuando con un cuchillo enorme de acero inoxidable abrimos el jamón, hambrientos, pero el olor nos empieza a sugerir que está pocho, y hurgamos ansiosos hasta confirmar la decepción por la putrefacción del manjar aparente.

4) Anoche salí al balcón a despocharme: me puse a mirar la luna intuida, a oir el jolgorio de las estrellas con mis ojos miopes, a fumarme la niebla posada sobre los árboles como el vaho de un cielo que respira cansado, lento y espeso, a enfriarme de noche oscura la mirada verde de niebla arrojándola al vértigo de lo incierto nublado.
En fin, que anoche salí al balcón.

5) Muestras de pochosidades se encontraron a barullo cuando le hicieron un escáner cerebral. Los médicos que lo vieron certificaron que ese cráneo contenía un carrusel de oscurosidades, sombras, claroscuros, fantasmas cardenalicios, tenebrosidades variopintas, noches, nieblas, humos, esfumaciones.
En su testamento, por lo visto, donó su cuerpo serrano (jamón pocho) a la comunidad científica.

6) Soñemos (pesadillas) a través de los dos huecos del ocho en un mundo vertical repleto de pochosidades.

7) Porque los ochos somos dos oes absolutamente simétricas que nos amamos impasiblemente con las manos entrelazadas bajo la atenta mirada sangrante de nuestro único corazón.

8) La muñeca Susi, que es invisible, y anda y habla, y nunca se asusta ni se inmuta por nada, está animada de vida fantasma (fantasmagórica, agónica vida de fantasma que agoniza pero que no se empochece), y deambula rápida por detrás de las cosas (por su nuca), se esconde aunque es invisible, porque cree en su don y lo practica porque quiere. Susi no está sometida al proceso de la putrefacción lírica. Le gusta leer los libros que nadie se lee, pensar lo que nadie ha pensado nunca jamás, y no decir lo que nunca se ha dicho (no decir, no hablar, no desencadenar ninguna palabra herida o curada, no espantar a la suerte). A veces le entra una tiritona de soledad; quizá sea de invisibilidad: porque se sostiene por la vox populi (la boss) que nunca está sola, ya se ha dicho que siempre está detrás de alguna cosa. Cuando cruje alguna madera, o estalla una burbuja en el silencio, o ronronea el aire quieto, allí puede estar la Susi. Ama profundamente al ocho (ni pocho ni no pocho, ama al ocho químicamente puro). Pero tiene la manía de no cambiar nunca las cosas de sitio, para que no la detecten (paranoia de muñeca única). Es un ser exento de la pochosidad que no deja ni una huella. Lleva una daga sujeta con el elástico de su media: la utiliza muy a menudo para pelar mandarinas, no quiere estropearse la laca de las uñas, le da dentera la cáscara. Tiene (dicen) una melena maciza (espesa, no se le ve la nuca) y un cuerpo liso y rasurado. A veces se pone zapatos de tacón para caminar (pero no hace ningún ruido, no taconea, o por lo menos no se la oye), y también canta mucho canciones de blues (sólo hace lo que quiere, todo el rato).
Con el paso de los años, cuanto invierno acude, cuando mi conciencia está en silencio y se confía, el azar -al que ahora puedo llamar Susi- me susurra secretos (me los canturrea) que llevan su aroma: nostalgias, lumbalgias, extravagancias.
Es, como queda totalmente demostrado y como digo/decía, un ser sin capacidad de pochosidad. Es una diosa (ni inerte, ni no inerte) del camuflaje ante la muerte.

Yo todo esto que les he dicho lo sé sólo por intuición, claro, no se crean.

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