domingo, 11 de febrero de 2007

- Estás disimulando, Julio, como un condenado mentiroso, pero sé que estabas mirando mi ombligo.
- Yo nunca miento. No he disimulado nada de nada en mi vida.
(Sí, ya sé que disimular no es lo mismo que mentir, pero esto es una conversación informal, vamos, que hay confianza).
- Entonces, ¿qué estabas haciendo?.
- Estaba pensando.
Y le conté lo que pensaba en ese mismo instante.
- En la transparencia, el silencio, el aire, las moscas, la hora, el misterio de los colores, la nada de la nada, el oscuro amanecer, etcétera, etcétera.
- Mientes, cursi, pedante. Estabas pensando en mi ombligo.
Silencio, aire lleno de moscas. Toda cursilandia pasó por delante de él.
- Discrepo. Tú no sabes lo que es ser cursi.
- Mira, querido amado Cerone, ser cursi es pensar que el silencio habla en su transparecia para que nos olvidemos de las moscas. Todo el mundo sabe que el silencio no existe, ni ha existido ni existirá nunca jamás, ... ni cuando te mueres hay silencio.
- ¿Y tú qué sabes?. Nada, lo más seguro. El silencio ya es algo.
Y se estableció un -se supone que otro distinto- silencio de moscas entre ambos.
- ¿Tú crees que mi ombligo está muy atripado?
- No mujer, me encanta tu agujerito. Me parece delicioso. En él nada, se reconcentra, algún tipo de silencio, amada mía.
- Pero qué cosas dices, Nichocito...
- ¿Puedo rellenar tu ombligo con un poco de coñac, y luego absorberlo soberanamente?

3 comentarios:

En el fotograma dijo...

Cuando esré recargado el link, vuelvo. Por ahora niet, espero que se abra el link...

El pez dijo...

es como si la libertad guiando al pueblo de delacroix se hubiera bajado del cuadro a tomarse una copita de cognac.

eso sí que es revolución.

Rain dijo...

:) el ombligo soberano.