domingo, 18 de febrero de 2007

Estuve llamándola por teléfono muchos días, a todas horas. Era un desahogo compulsivo de mi deseo (atascado) de ella, deicida y totalizador. Pero ella nunca contestaba. Hasta que llegó el día en que a él lo único que le interesaba era colgar cuando terminaba el tercer ring. Entonces colocaba con delicadeza el auricular en su nicho, convencido de que estaba haciendo todo lo posible. Lo último que hubiera querido era empezar a sospechar que ella pensara que se estaba poniendo pesado o insistente.

3 comentarios:

Rain dijo...

Qué ingenuos son lso enamorados, o necios...

:)

Nicho dijo...

Uno se arroja en los brazos (braxos/bratzos) del amor y al final acaba saliedo por peteneras.

Rain (v.m.t.) dijo...

Oh, es que ¿acaso, no habrá que arrojarse?

parece que uno se arrroja sí o sí
:)

me trae niebla mental, pensar en eso.

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la maquínica sn se fue a la z q