viernes, 23 de febrero de 2007

Longtemps, je me suis couché de bonne heure (3)

Leí este cuento a Consuelo una tarde de invierno en que estaba sometido a una inconmensurable presión crepuscular. Una sombra estuvo rondando por allí durante toda la lectura. Consuelo, de vez en cuando, se acariciaba su cadera (curvilínea) con su mano lírica. Mi voz matrimonial aturdía de monotonía sus/mis oídos (mi oído interno). Adopté una postura narrativa realmente discutible: leer de corrido, sin variaciones ni altibajos ni inflexiones ni teatralidades ni teatralismos ni teatrolirismos. Leí (plúmbeo). Debí de caer autodormido al final mismo de la lectura. Consuelo me dijo, muchas semanas después, que aquella noche no había roncado, y que mi respiración había sido tan apacible que le recordó a la de un muerto. De hecho, hasta llegó a ponerme un espejo en la boca para comprobar si tenía todavía aliento. En el vaho tenue (mojado, tenuemente, el espejo de pintarse los labios) que dejé en el espejo (el espejo es un vidrio en su momento metafórico) estampó su huella dactilar (indeleble).

LA PISCINA HUÉRFANA, de John Updike.

En anteriores episodios:

UNA ROSA PARA EMILIA, de William Faulkner.
MENOS ESCRÚPULOS, de Javier Marías.

Añadido: Muerte en la piscina

3 comentarios:

Rain dijo...

Nicho, me he detenido a pensar en la palabra
"lírico"

es tu diario
lírico, en verdad y se sostiene en ello, ampliamente, se enhiesta y fluye...

como este texto, que juega con las palabras. Decantamiento natural.

*

Leí el cuento

puede ser la noche, el cansancio del día, mas no me llenó...
tú sabes, Nicho, que digo lo que pienso...


abraxo.

Nicho dijo...

Buenas noches, Rain.
A mí tampoco me llena, por eso creo que es muy bueno el título: te deja como un poco huérfano.

Grax, felices sueños.

Rain dijo...

Estaba claro que era el cuento de J Updike, ...