viernes, 9 de marzo de 2007

A la busca de un final lírico (twenty one)

CONCLUSIÓN (LAS MIL Y UNA NOCHES: traducción de Pedro Pedraza y Páez de la versión de Antoine Galland)

Shahrázád había terminado sus cuentos, y no acertando a comenzar otro, se postró a los pies del Sultán, diciendo con voz suplicante:
- Poderoso Rey del mundo, durante mil y una noches vuestra esclava os ha contado historias divertidas. ¿Estáis satisfecho o persistís en vuestra resolución?
- Cortarte la cabeza sería demasiado poco -repuso el Sultán-. Tus últimas historias me dejan anonadado.
Entonces
Shahrázád hizo una señal a la nodriza, y al punto apareció ésta conduciendo a tres niños. Uno de ellos caminaba solo, el otro hacíalo con ayuda de las andaderas, y el tercero estaba aún en lactancia.
- Gran Príncipe, ved aquí vuestros hijos: no por el mérito de mis cuentos, sino por el amor a ellos, os suplico que me hagáis gracia de la vida. ¿Qué sería de estas tiernas criaturas si yo muriese?
Y estrechaba a los niños contra sí deshecha en lágrimas.
El Sultán, conmovido, abrazó también a sus hijos.
- Te perdono -dijo luego- por amor a estos niños y porque tienes corazón de madre. ¡Vive feliz!
La fausta nueva cundió pronto por la ciudad y de nuevo volvieron a oírse los más subidos elogios del Sultán, sabio, prudente y generoso.
A la mañana siguiente, el Sultán reunió su Consejo y dijo, dirigiéndose al Visir:
- Que el Cielo te recompense por el servicio que has prestado al Imperio y a mí mismo, interrumpiendo el curso de mis crueldades. Tu hija
Shahrázád, que me ha dado tres hijos, es mi esposa favorita.
Inmediatamente ordenó que durasen treinta días las iluminaciones del palacio y los banquetes, a los que admitirían a todos, en honor a la Sultana
Shahrázád.
Al mismo tiempo hizo riquísimos presentes a sus cortesanos y repartió cuantiosas sumas entre los pobres, que lo bendecían con lágrimas de gratitud y alegría.
El Sultán vivió muchos años, sin que ningún hecho desagradable turbase la paz de su próspero reinado.

Mucho antes de esta CONCLUSIÓN se dijo algo sobre los INFIERNOS MUSULMANES:

Alá fundó un Infierno de siete pisos, cada uno encima del otro, y cada uno a una distancia de mil años del otro. El primero se llama Yahannam, y está destinado al castigo de los musulmanes que han muerto sin arrepentirse de sus pecados; el segundo se llama Laza, y está destinado al castigo de los infieles; el tercero se llama Yahim, y está destinado a Gog y a Magog; el cuarto se llama Sa'ir, y está destinado a las huestes de Iblis; el quinto se llama Sakar, y está preparado para quienes descuidan las oraciones; el sexto se llama Hatamah, está destinado a los judíos y a los cristianos; el séptimo se llama Hauiyah, y ha sido preparado para los hipócritas. El más tolerable de todos es el primero: contiene mil montañas de fuego, en cada montaña, setenta mil ciudades de fuego, en cada ciudad, setenta mil castillos de fuego, en cada castillo, setenta mil casas de fuego, en cada casa, setenta mil lechos de fuego, y en cada lecho, setenta mil formas de tortura. En cuanto a los otros infiernos, nadie conoce sus tormentos, salvo Alá el misericordioso.

Libro de las Mil y Una Noches, noche 493.

No hay comentarios: