sábado, 24 de marzo de 2007

Longtemps, je me suis couché de bonne heure (6)

Estuve todo el día detrás de un beso de Consuelo. Se lo pedí de buenas, en primera instancia. Se lo volví a pedir, progresivamente ansioso (asnioso). No supe saber el porqué, pero se me impuso como una necesidad imperiosa recibir y dar un pedazo de morreo a la nebulosa Consuelo. Me arrodillé (luego me dolerían las rodillas de cojones, pero por poco tiempo, ay), me arrastré (ídem con mi caja torácica), me humillé como si fuera un cualquiera desahuciado de su cualquierismo.
Estuve todo el santo día pidiéndoselo.
- ¿Pero todavía no te has dado cuenta de que hoy, al final del día, va a empezar a suceder la postrera noche?.

LA ÚLTIMA NOCHE DEL MUNDO, por Ray Bradbury.

En anteriores episodios (previously on Nicho's):

UNA ROSA PARA EMILIA, de William Faulkner.
MENOS ESCRÚPULOS, de Javier Marías.
LA PISCINA HUÉRFANA, de John Updike.
UN CUENTO DE HADAS, de Vladimir Nabokov.
SEDA, de Alessandro Baricco.

2 comentarios:

angel dijo...

Bradbury es un autor que sigue apasionándome, desde aquellas doradas manzanas caídas en los campos de la adolescencia. Gracias por este fragmento que leo en tu espacio al que regreso después de mucho tiempo, con el gusto de siempre.


saludos...

Rain (v.m.t.) dijo...

La relación con el cuento, es para un final lírico perdido en la úlltima noche de los tiemopos, mi querido Nucho.