lunes, 28 de mayo de 2007

A la busca de un final lírico (32)

Aunque abráis las ventanas, no tengo ganas de respirar, ¿por qué

estáis levantando el suelo? Dadle a Jesús un vino. Las manos

escareadas me untan de crema los pies exhibidos. El fuego hermético

de la niñez es este anillo de oro sobre el anillo de oro en tu dedo

untado. Tiemblo. Tirito en la improvisación de la muerte. Me duelen

las mandíbulas de masticar el último ahogo. Con la barba

dura rasco la almohada recalentada. Veo: cuando me zambulla

en la muerte salpicaré de gotas de aire el hermetismo invadido.

1 comentario:

Rain dijo...

Hermetismo...

hermetismo.
Eas palabra me remueve. Su significado atraviesa este poema y lo agita.