lunes, 23 de julio de 2007

EL COMENSAL SOLITARIO

Para decirlo no estábamos tan sólo nosotros. Ocurrió algo. A la una de la tarde (una hora impropia aún para comenzar un almuerzo en España) terminó nuestra conversación, y dejamos a Martín organizar el día que ya estaba avanzado, en una cocina donde deambulaban haciendo y saboreando casi cincuenta personas. Y solitario, degustando el menú, plato por plato, "el gran menú degustación", había un joven vestido en mangas de camisa; comía, miraba y preguntaba, solo, sentado en la parte del sol del patio verdísimo del restaurante Martín Berasategui. Le preguntamos: ¿eres periodista, gastrónomo, cocinero?, ¿por qué quieres saber tanto de los platos?, ¿por qué comunicas por teléfono qué te parece cada uno de los platos que vas comiendo? Era un diplomático argentino, casado en Nueva York, donde está destinado, con una abogada que le ha querido hacer un regalo singular por su reciente cumpleaños: que almorzara en España en el mejor restaurante que hubiera elegido; con un único compromiso: contarle las impresiones que le produjeran lo que iba comiendo. Y allí estaba él, disfrutando de su regalo y cumpliendo con su compromiso. Luego se lo presentamos al cocinero. Para él también fue un regalo esa insólita aparición del comensal solitario.

(Entresacado de una entrevista hecha por Juan Cruz al cocinero Marín Berasategui, publicada en el suplemento del domingo del diario El País, llamado EPS, del día 22 de julio de 2007)

En el mismo suplemento o revista adosada al periódico, pero en la última página, venía el artículo semanal de Javier Marías. Se titulaba "Los valiosos ocultos". Entresaco este párrafo inicial, muy animado:

Si uno ve la televisión u oye la radio o lee la prensa, si atiende a los políticos, a muchos intelectuales y artistas, no digamos a los obispos (sobre todo si es a su portavoz siempre enmarañado y chulesco, Martínez Camino), acaba por tener la sensación de vivir en un país envilecido y lamentable, lleno de aprovechados, de cínicos, de imbéciles y de fatuos. Cuanto tiene una dimensión pública -y descuiden, que sin la menor reserva me incluyo- produce una impresión negativa, cómo decir, de permanentes exasperación y rebajamiento, de griterío generalizado, de empujones y codazos, de desfachatez, mezquindad, tontuna, mentira y codicia, todo mezclado. Uno oye a los tertulianos de una radio y a los pocos minutos la apaga entre hastiado y avergonzado, tal suele ser la sarta de disparates y venenosidades que escucha, casi todos pronunciados con el mayor engreimiento. Enciende la televisión y se encuentra, en demasiadas ocasiones, con gente chillona haciendo el memo o soltando zafiedades, ya sean presentadores o concursantes, agilipollado público que bailotea o bate palmas como niños (niños idiotas) o participantes en "debates", con frecuencia gente que no tiene idea de nada y, lo que es peor, que no se ha parado ni un minuto a pensarlo. E incluso echa un vistazo a unos "informativos" y se topa con el añoso locutor megalómano no dando noticias, sino hablando de sí mismo y de sus pésimos gustos. Abre uno los periódicos o las revistas y no es nada raro que lea bobadas sin cuento, opiniones no meditadas y declaraciones rimbombantes y huecas. Presta atención a los políticos y de la mayoría sólo brotan evidentes falacias y autopropaganda, casi nunca una idea interesante o el reconocimiento de un error o una culpa, y todos tendrían una lista larga. Y si uno se asoma a Internet, el trapicheo de memeces ocupa el 90%.

Javier Marías se queja porque se dicen muchos disparates. Pues aquí tienen uno:

“Me parecería muy bien que se regulasen dos matrimonios: uno más serio para el que lo quiera en libertad y otro más disoluble. (…) Uno con unos requisitos más fuertes para llegar a la separación y otro que permita el divorcio express. Sin restringir la libertad de nadie, que cada uno elija. (…) A la familia la están excluyendo del derecho. Un matrimonio normal de siempre, el mío con mi mujer, hoy en España es alegal. El derecho no reconoce mi situación, lo que yo he querido hacer al casarme. Yo he querido asumir un compromiso con mi mujer para toda la vida y abierto a la vida. Y estas notas no están en el derecho ahora. El matrimonio es una institución indiferenciada para los adultos que no comtempla la apertura a la vida, como en los matrimonios homosexuales, y donde es anulable tres meses después de la boda”

Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia, en una entrevista en el periódico La Razón.


3 comentarios:

El pez dijo...

en general ocurre en todos los medios. ¿por qué tienen todos ganas de que estemos cabreados? con lo bien que se está hablando de cosas normales y disfrutando de un debate sano y edificante.

Aura dijo...

En relación al Comensal Solitario me parece un maravilloso regalo... En caso de que me lo hubieran hecho a mí lo habría acompañado de fotos y souvenirs tales como sombrillas de cocktail y mondadientes. Como recuerdo, claro.

MadHatter dijo...

Benigno Blanco podría hacer honor a su nombre...

España se está tomando muy a pecho ese modelo tan americano de los mass media de iluminarse entre polémicas y escándalos que acarreen un buen número de acólitos. O quizá sea cosa del clima??De todas formas se dicen demasiados disparates y en boca de los medios suenan a "gloria".