martes, 24 de julio de 2007

Un fenómeno religioso

Tengo unas cuantas ideas fijas, manías, obsesiones, temas y motivos que vuelven una y otra vez, que me persiguen. Cuando tenga un rato libre tendré que hacer una lista. A todo el mundo le pasa, creo. El Tercer Reich alemán, por ejemplo: cómo un grupo reducido de seres siniestros pudieron construir ese régimen político. El otro día en Salamanca me atacó otra vez. Hacía unos cuantos años que pasaba de mí, pero cuando fui a la librería Cervantes con la intención de comprar algo, curiosear, hojear y ojear, siempre se encuentra algún libro interesante, pues que me abdujo de nuevo. En el escaparate estaba un tochazo de Richard J. Evans, "El Tercer Reich en el poder", que captó hipnóticamente mi atención. Fíjense si no habría libros expuestos, una multitud, un mogollón, con colirines, fotos, de arte, literatura, crítica, de cotilleo, yo qué sé. Pues nada, sólo vi ése. En la portada figuraba una frase de Ian Kershaw (autor de una excelente biografía del monstruo) que decía: "Impresionante, perspicaz, humana... La historia más detallada escrita nunca sobre la desastrosa época del Tercer Reich".
Le dije a la señora que estaba en la caja que me lo pusiera. Entonces me abordó un señor maduro, delgado, con mucho pelo y con muchas canas, los ojos pequeños y con la mirada como de miope, iba vestido de sport:
- ¿Es usted el que está comprando ese libro?, dijo, con acento argentino.
- Sí, sí.
- Un tema muy interesante. Yo he dado algunos años clases en Nueva York sobre Hitler y los nazis. En Estados Unidos hay mucho interés, y mucha oferta editorial. Debe influir también que hay muchos judíos allí.
- Sí, claro...
- La verdad es que no me extraña ese interés, es algo que sucedió en un país tan moderno, en aquel momento, como Alemania, algo que se escapa a la razón, difícil de entender.
- Claro, claro...
- Como le digo, fueron unos sucesos increíbles, difíciles de explicar... Leí muchos libros, para preparar las clases, hasta que un día dí con un librito que me abrió los ojos. Su tesis era que el nazismo fue un fenómeno que no debería ser estudiado por historiadores, políticos, periodistas... sino por teólogos.
- Sí, claro, es...
- Son treinta euros, señor.
Pagué.
- Que usted lo disfrute, me dijo el señor canoso.
- Gracias, y nos dimos la mano.

En el libro que compré leo que el constitucionalista Ernst Rudolf Huber, en 1939, dijo que el cargo de Hitler (recordemos: "Führer del Reich y del pueblo alemán". El juramento que tenían que hacer todos los soldados rezaba así: "Juro por Dios que prestaré obediencia incondicional al Führer del Reich y del pueblo alemán, Adolf Hitler, comandante supremo de las Fuerzas Armadas y, como soldado valiente que soy, estoy preparado con plena voluntad para arriesgar mi vida por este juramento en cualquier momento") no era un cargo meramente gubernamental, sino que su legitimidad derivaba de la "voluntad unánime del pueblo", la palabra de Hitler es ley y podía pasar por encima de todas las leyes preexistentes, pues su poder no emana del Estado, sino de la Historia:

"La autoridad del Führer es absoluta y lo abarca todo: en ella confluyen todos los brazos del cuerpo político; cubre todas las facetas de la vida del pueblo; abarca a todos los miembros de la comunidad alemana que han jurado lealtad y obediencia al Führer. La autoridad del Führer no es objeto de revisiones ni controles; no está circunscrita por reservas privadas de derechos individuales celosamente guardados; es libre e independiente, predomina por encima de todo sin trabas."

Recuerdo que leí cuando era jovencito que Luchino Visconti, comunista y aristócrata, se resistió durante mucho tiempo a hacer una película sobre los nazis porque consideraba que eran zafios, vulgares, carentes de interés. Sucumbió, no obstante, a la tentación, y filmó "La caída de los dioses". Bastantes años antes, la cineasta Leni Riefenstahl rodó, con motivo del sexto congreso del Partido Nazi celebrado en 1934 en Nuremberg, un documental titulado "El triunfo de la voluntad". Fue acusada de ser una de las culpables de la creación del mito del Führer. Ella se defendía diciendo que no hizo nada más que cumplir lo mejor que pudo con un encargo. Pero ese trabajo está considerado por muchos como una obra maestra del cine.


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