martes, 18 de septiembre de 2007

Estábamos ya bastante borrachos. Entonces mi amigo me reveló su secreto, su gran amor por su aguacate.
- Mi vida, mi amor, es mi aguacate. Llevo seis años sin separarme de él. Es mi vida, es mi amor. Lo riego todos los días. Lo tengo puesto en el balcón. Los fines de semana, a eso de las seis de la mañana, cuando vuelvo a casa, orino copiosamente sobre mi aguacate. Me aguanto el pis mucho rato, sólo quiero complacer a mi aguacate. Lo sembré a lo tonto hace años, ya te digo, puse el hueso en un tiesto, y empezó a crecer. Ahora medirá un metro y medio por lo menos. Se me muere todos los años en invierno. Tienes que tener en cuenta que es una planta tropical. La primera vez me entristecí mucho. Pero resucita todas las primaveras. Una noche apareció la policía. Yo acababa de mear sobre mi aguacate, me había lavado los dientes y estaba con mi pijama de rallas. Me pusieron una multa de 300 euros. Tú crees que hay derecho. Se la pagué, eh, pero no me digas que no es una injusticia del copón. Fíjate que me he cambiado de casa seis o siete veces, y mi única compañía ha sido mi aguacate. Bueno, y mis libros. Ni muebles, ni novia, ni recuerdos, ni colchón, ni almohada, nada de nada.
Eran las seis de la mañana. Nos despedimos. Me imaginé a mi amigo regando su aguacate.

2 comentarios:

El pez dijo...

a ver quién le prueba después las frutitas...

Rain en ZQ. dijo...

Oh, oh, aguacates o
paltas, como se les conoce aquí :)

Sí, habría que ver esas paltas lustrosas, siendo peladas por su amador...

Qué soledades...