jueves, 6 de septiembre de 2007

La arriesgada vida de un pene

Estamos a finales de septiembre, principios de octubre, por la época de la vendimia. Nos podemos fijar en unos niños de la antigua EGB (Educación General Básica, plan del 73 ó por ahí), que viven en un pueblo castellano de unos mil habitantes, con su iglesia antigua y panzona presidiéndolo todo. A veces tocan a muerto, otras repican para ir al rosario o a misa, en la plaza sestea algún jubilado, mujeres ajetreadas pasan cargadas con bolsas de la compra. Los niños van a la escuela con horario partido, de diez a una de la mañana y de tres a cinco de la tarde. Los libros, los lápices, los cuadernos, los llevan en una cartera flaca, de plástico malo, descolorida. De vez en cuando se ve a perros fornicando en las calles. Conviven, supongámoslo, niños de distintas edades, entre ocho y diez años. Algunos ya han tomado la primera comunión, otros son monaguillos, de los que tocan a muerto de vez en cuando con la campana de tocar a muerto,
ponggggg.............................pongggg...............................pongggg.

Llegan las cinco de la tarde y un grupo de esos niños, tres, cuatro, cinco, salen corriendo con gran urgencia, con su cartera cogida de la mano, todavía llevan pantalones cortos y alpargatas, corren dándose con los talones en el culo en dirección a las eras. En esas eras hay montañas de alpacas amarillas -brillan de amarillo porque les está dando de lleno el espléndido sol de la tarde- apiladas como si fueran cajas. Su altura es considerable, diez o quince metros. Los muchachos escalan una de esas montañas hasta que encuentran un lugar donde sentarse. Les está dando el sol. Se desabrochan la bragueta, sacan sus pichas infantiles y se hacen una pera, gallola o gayola, paja o gallarda. Cierran los ojos mientras tanto y cada uno piensa en lo que más le ponga ese día: en las piernas de la maestra nueva, en las bragas de la Conchi, o en la hermana mayor del que está al lado. Siempre hay alguno que no se concentra, a veces se oye a lo lejos el sonido de la campana tocando a muerto o avisando de que se acerca la hora del rosario. Rápidamente se vuelven a subir la cremallera del pantalón, bajan de la montaña de alpacas, uno de los niños saca un balón de no se sabe dónde, y se ponen a jugar al fútbol. Después se irán a sus casas a merendar un bocadillo de nocilla.

Postpost/traumático: quizá alguno de aquellos niños acabó haciendo esto.

2 comentarios:

Aura dijo...

" Si, pues, tu ojo derecho te
escandaliza,
arráncalo y arrójalo de tí;
más te vale perder uno de tus miembros,
que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Y sí tu mano derecha te escandaliza,
córtala y arrójala de tí;
más te vale perder uno de tus miembros,
que no que todo tu cuerpo vaya al infierno"

Rain en ZQ. dijo...

¿A lo lejos las montañas de alpacas?
Niños o pequeños hombres con sus delirios físicos, eh...


Si pienso en los ultrajadores, me ubico en un film (que está dentro de mis 20...) llamado Libre albedrío.
Terrible: triste y terrible.

O en las películas italianas de humor que algunas veces vi cuando era niña, desperdigadas, algo esperpénticamente cómicas con chiquillos en el despertar sexual.

Qué profunda la erótika...


Salute, Nicho.