jueves, 4 de octubre de 2007

10 de agosto de 2067

No acabo nunca de saber si me gusta o no mirame al espejo. Pero lo cierto es que en agosto -mi agosto perpetuo- me miro más al espejo. A un espejo que tiene restos de pus reseca en sus bordes. Las lágrimas del espejo. Es un espejo viejo.

No me gustan los bordes, ni las fronteras, ni las orillas, ni los abismos. Me gusta estar por donde fluye el caudal principal. Prefiero ahogarme arrastrado por una corriente inmensa de viento o de agua o de olvido. Aunque esté más solo, tengo la sensación de estar más acompañado. Y así creo que es más fácil pasar desapercibido y desaparecer. Claro que, si uno fuera invisible, tendría menos urgencia de esfumarse.

Tengo, además, suerte de tener muy mala memoria. Mi aspecto físico siempre me ha deprimido. (Mi aspecto moral siempre me ha deprimido, pero mucho más). Pero me deprimiría aún más si me acordase fotográficamente de mi reflejo de hace unos años. Reflejo sin pus. Poco a poco me he ido despojando de la congoja de querer lograr un aspecto mínimamente presentable. Pero me sigo mirando, con morbosidad, mi mirada con la lágrima grasa -ay, lágrima de pus-. El riesgo -el precio, el premio- que corro es que puedo llegar a convertirme en un ser perfectamente obviable. Otra posible forma de desaparecer. El hombre invisible por despreocupación. Claro que, a lo mejor, una de mis características más pintorescas es la invisibilidad. Mejor: ser, pero invisible; ser, pero despreocupado; ser, pero despojado; ser, pero en la seguridad del olvido. El riesgo y la incetidumbre las viviría con una alegría fuera de toda duda.

Con lo que todo el trabajo de mirarme al espejo en agosto podría haber devenido en completamente inútil. Quizá me mire al espejo para desaparecer.

Me encantaría ser invisible. Y así poder mirarme al espejo, presumido a pesar de todo, después de bañarme, y no ver nada.
Con la esperanza de que el espejo no se hubiera estropeado. Estropeado por la pus.

1 comentario:

Aura dijo...

Yo siempre me asomo para reinventarme. A veces también se hace evidente la pus, pero la transformo en compota de manzana. Así el espejo se convierte en aliado y puedo pedirle si me deja traspasarlo.