viernes, 19 de octubre de 2007

13 de agosto de 2067

AUTORRETRATO FINGIDO

Estoy gordo de lirismos, rubio de tristezas, desordenado de noches.
El mar está roncando sus presagios en el entretiempo de algún sueño.
Y yo cada vez miro menos la hora.
Pero me acuerdo de ti, aunque me asustas.
Recuerdo tus dedos húmedos tocando el ocaso inverso.
Era todo por el año mil novecientos sesenta y cinco.
Un refresco de mojado viento era tu lengua.
El coste de la llamada: 0,65 céntimos de hielo,
y a mí lo que más me gusta es el hielo.
La arena luminosa se pegaba alegremente a tus muslos ociosos.
Un charol de tedio y plateresco lo incendiaba todo.
Y yo seguía siendo el gordo de la piscina, mientras tú chupabas un helado de algo con el mismo desinterés con el que yo te chuparía el dedo gordo del pie.
Mi mirada se iba entristeciendo de tanta miopía, siempre intentando ver más allá del infinito borroso.
Estoy lírico. Y no creo en el infinito inverso.
La noche se va acabando y se me agotan las desdichas, o sea, las excusas.
Te recuerdo con una dentadura anárquica, la boca con sabor a pistacho, la blanca piel abismada en un rincón.

3 comentarios:

ana dijo...

don nicho qué tal se encuentra?

Aura dijo...

El charol le persigue, Nicho.
Por otro lado, estas reconstrucciones son de las que, o nos lanzan, o nos abisman en esos rincones de los que habla al final.
Intentando ver más allá de su recuerdo, me entristezco sin lograr el infinito.

Me he permitido robarle sus palabras.

Estupor dijo...

Demasiado hermoso para ser correcto. Digamos que es excesivamente correcto, luego la mayor incorrección.