jueves, 11 de octubre de 2007

A la busca de un final lírico (55)

En "La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach" podemos leer lo siguiente:

Pero cada vez veía más claro que se acercaba su fin. "¡Tocad un poco de música! -dijo, mientras nos arrodillábamos junto a su lecho- Cantadme una hermosa canción sobre la muerte, que ha llegado mi hora." Yo vacilé un instante, no sabiendo qué música escoger para aquellos oídos que pronto oirían la música celeste. Pero Dios me inspiró y empecé a cantar el coral Todos los hombres tienen que morir, para el cual había escrito él un preludio en mi cuadernito de órgano. Los demás me siguieron y cantamos cuatro voces. Mientras cantábamos, una expresión de paz se fue reflejando en el rostro de Sebastián. Parecía que ya se había alejado de las miserias de este mundo.
Un martes por la tarde, a las ocho y cuarto del 28 de julio de 1750, falleció. Tenía sesenta y cinco años. El viernes por la mañana lo enterramos en el cementerio de San Juan, de Leipzig. Desde el púlpito, el pastor pronunció estas palabras: "Se ha dormido dulcemente en el Señor el muy inteligente y muy honorable don Juan Sebastián Bach, compositor de Su Majestad el rey de Polonia y príncipe elector de Sajonia, maestro de capilla del príncipe de Anhalt-Cöthen y cantor de la escuela de Santo Tomás. Siguiendo la costumbre cristiana, ha sido enterrado su inanimado cuerpo".
Pero, con mucha más intensidad que la palabras del pastor, oía en mi corazón el coral que Sebastián había escrito en su lecho de muerte:

Ante tu trono me presento.

4 comentarios:

Aura dijo...

"Cantadme una hermosa canción sobre la muerte..." maravilloso, Nicho. El fragmento entero es un regalo.

grande dijo...

GRANDE

Mirada dijo...

Gracias, es un placer. Un abrazo.

la vida soñada de los ángeles dijo...

Me haces recordar con este hermoso post a
De lágrimas y santos de Cioran. En aquel libro, EC, desarrolla un introito profundo sobre el misticismo.

Ante tu trono,
qué reverencia tan bella. La única que podría ser: la que se da a un Ser supremo.