sábado, 10 de noviembre de 2007

24 de agosto de 2067

Cortarse las uñas, menudo coñazo, menudo alivio. Me gusta llevar siempre las uñas bien cortadas. Las de las manos no las dejo crecer, me molesta tenerlas largas. Las llevo muy recortadas. Nunca fui capaz de morderme las uñas, no se me daba bien, me hacía sangre todo el rato. Con las de los pies soy más descuidado, pero sin pasarse. Me las corto también muy a menudo, una vez a la semana. Someto así a una evaluación continua la flexibilidad de mi columna vertebral. Hay que llegar con soltura al dedo gordo del pie. Uno debe saber manejarse sin esfuerzo por las partes bajas de su cuerpo. Saber moverse sin dolor por las cercanías del suelo/subsuelo/intrasuelo. En fin, que soy un obsesionado de las uñas cortas, y vivo muy unido a mis tijerinas oxidadas.

3 comentarios:

Aura dijo...

Las de las manos lo suficientemente largas como para arrancar la piel; la manicura: francesa.
Las de los pies siempre cortas y limadas.
Todo un ritual.

ana dijo...

usted y señor pez viven con retraso.

grande dijo...

CoN AdeLanto TamBién.

Yo Le VenDo Mis Uñas A Martirio. La DeL GorDo DeL piE mE La PaGa a DoBle Bobble preCio.

GraNDE!!!