lunes, 12 de noviembre de 2007

26 de agosto de 2067

Me gusta subirme a mi coche demodé (leo que esta palabra es un barbarismo que denota la enorme pedantería del que la utiliza), coche de clase media baja “desafortunada y decente”, que decía Roberto Bolaño. Lo hago todos los días para ir a trabajar, unos cuarenta kilómetros, veinte de ida, veinte de vuelta. En verano, en cambio, paso muchas horas seguidas subido en el coche. Entonces, como todo buen trabajador desafortunado y acumulador, abandono mi vivienda habitual por un lapso de quince o veinte días. A fundirme implacablemente las raquíticas acumulaciones conseguidas. Sé, me lo dicen mis recuerdos, que cuando vuelva encontraré mi casa distinta, extrañamente cambiada, hasta que pasen dos días y todo vuelva a ser (siga siendo) cotidiano y desafortunado y decente. Me subo al coche, ya digo, y pongo la radio (elijo emisoras socialdemócratas, que hagan juego con el coche, hay que mantener un mínimo de coherencia) o música rockera o country, la música vaquera yanki me parece muy adecuada para viajar, en esto soy quizás un poco incoherente. Cuando pongo esta música, no sé porqué, pero ipso facto, asumo el papel del hombre desahogado que va en un cochazo por esas carreteras del viejo oeste que sacan en los anuncios, decidido, envuelto en un aura de seguridad, autosuficiente, todo lo que me rodea está ahí para mirarme, para admirarme. Atrapado en un arrebato de música y velocidad, con la ventanilla bajada, acabo hasta creyendo en mí mismo. Por esta última sensación también me gusta viajar.

5 comentarios:

Aura dijo...

Creo que esa sensación de domar la carretera interminable la sentimos muchos... Especialmente escuchando a los Creededence.

Aura dijo...

Quería decir Creedence...
Aunque así no sonaba mal tampoco.

Nicho dijo...

John Fogerty cantando Susie Q.

El pez dijo...

con un poquito de Dylan y unas gafas a lo Denis Hopper

cy z dijo...

O como Bill Murray admirando a Scarlett Johnson...