viernes, 2 de noviembre de 2007

EL DESIERTO

No sabemos cuándo y en qué circunstancias, pero, en un determinado momento, Jesús deja su trabajo de artesano, abandona a su familia y se aleja de Nazaret. No busca una nueva ocupación. No se acerca a ningún maestro acreditado para estudira La Torá o conocer mejor las tradiciones judías. No marcha hasta las orillas del mar Muerto para ser admitido en la comunidad de Qumrán. Tampoco se dirige a Jerusalén para conocer de cerca el lugar santo donde se ofrecen los sacrificios al Dios de Israel. Se aleja de toda tierra habitada y se adentra en el desierto. (1)
Como a todos los judíos, el desierto le evoca a Jesús el lugar en el que ha nacido el pueblo y al que hay que volver en épocas de crisis para comenzar de nuevo la historia rota por la infidelidad a Dios. No llegan hasta allí las órdenes de Roma ni el bullicio del templo; no se oyen los discursos de los maestros de la ley. En cambio se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad. Según el profeta Isaías, es el mejor lugar para "abrir camino" a Dios y dejarle entrar en el corazón del pueblo. Al desierto se habían retirado hacia el año 150 a.C. los "monjes" disidentes de Qumrán; hacia allí conducían a sus seguidores los profetas populares; allí gritaba el Bautista su mensaje. También Jesús marcha al desierto. Ansía escuchar a ese Dios que en el desierto "habla al corazón".
Sin embargo, no tenemos datos para pensar que busque una experiencia más intensa de Dios que llene su sed interior o pacifique su corazón. Jesús no es un místico en busca de armonía personal. Todo lleva a pensar que busca a Dios como "fuerza de salvación " para su pueblo. Es el sufrimiento de la gente lo que le hace sufrir: la brutalidad de los romanos, la opresión que ahoga a los campesinos, la crisis religiosa de su pueblo, la adulteración de la Alianza. ¿Dónde está Dios? ¿No es el "amigo de la vida"? ¿No va a intervenir?

(1)La hondura y madurez de su talante religioso hace pensar a algunos que Jesús vivió un período de búsqueda antes de encontrarse con el Bautista. Flavio Josefo habla de la búsqueda que inició él mismo cuando tenía alrededor de dieciséis años y que le llevó también hasta el desierto donde convivió durante tres años con "un hombre del desierto" llamado Banus (Autobiografía, 2,10-12).

Tomado del libro JESÚS. Aproximación histórica, de José Antonio Pagola.

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